Hija de zarista ucraniano
Nuestro mundo

Hija de zarista ucraniano

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A los siguientes párrafos les calzaría mejor un título de novela de espías porque se leerá en ellos algo de espionaje internacional, de enredos, maledicencias y difamaciones diplomáticas. Lo mencionado ocurrió en México. Eran los días finales de 1926 y no ha haber faltado quien se sorprendiera con un nuevo miembro entre las representaciones extranjeras porque una mujer, Alexandra Kollontai entregó sus cartas credenciales como embajadora de la URSS.

Kollontai se había distinguido como agitadora y organizadora de la Revolución Rusa, fomentó la emancipación de la mujer, ascendió hasta el Comité Central del partido bolchevique, Lenin la nombró Comisario del Pueblo para la Asistencia Social (secretario de Estado), fue comisario del Partido Comunista (bolchevique) en Ucrania, último baluarte de la reacción y, en fin, representó a la URSS como embajadora en Noruega y Finlandia antes de venir con ese cargo a México.

El 1 de enero de 1927, ya como embajadora aquí, escribió en su diario, según el escritor ruso Zinovi Sheinis en el libro Hacia la cima. Alexandra Kollontai: “He de demostrar que una mujer puede ser tan buen diplomático o hasta mejor que un hombre. Abrir el camino. Mi nombramiento al nuevo cargo nos reafirma a nosotras, las mujeres, en el derecho a desempeñarnos también en este campo.”

Pero su misión no le resultaba fácil. El gobierno gringo la espiaba y la combatía. El 15 de diciembre había anotado en su diario que, según EU, su representación era “un foco de propaganda comunista”; describía a la enviada diplomática de la URSS como “persona cruel e inmoral”.

El 13 de enero la embajadora Kollontai anota en su diario que la ataca el ministro de asuntos extranjeros de EU, Kellog. Quince días después escribe que la prensa norteamericana “me emponzoña la existencia y se apoya en falsas revelaciones de Kellog”. Tal vez el acoso haya servido porque el 5 de junio de 1927 anota su despedida de México.

Por su posición a favor de la emancipación de la mujer el gobierno de EU la había calificado de cruel e inmoral. Su pensamiento avanzado no les gustaba. En 1923, durante una entrevista en Dinamarca, un periodista le preguntó a Alexandra Kollontai qué significaba la moral sexual que pregonaba. Respondió: “La igualdad de la mujer en el amor. Antes ella se adaptaba al hombre sometiéndose sin reserva a su voluntad. Yo quiero que ella tenga con él relaciones de buena camaradería basadas en la reciprocidad y en el cumplimiento de los deberes de uno ante el otro”.

Más adelante el periodista le pregunta si pretende suprimir a la familia. Kollontai responde con una afirmación que todavía ha de causar escándalo: “Sí, la madre y los hijos es un todo, mientras que el hombre es un elemento pasajero. La vida familiar ha naufragado ya… ¿Por qué el amor y la cocina deben estar acoplados? Ha llegado el momento en que el amor se ha liberado de la tiranía de las cacerolas y los platos:”

Por otra parte, la revolucionaria rusa había sugerido que el hombre es incapaz de amar a la mujer si no la tiene sometida: “Lo que menos creo es que el marido pueda brindar el calor de su corazón sin reclamar a cambio nuestra renuncia a la libertad.”

Sobre la pareja entre los trabajadores escribió: “Para las tareas específicas de la clase obrera […] no tiene importancia si el amor toma la forma de una unión duradera y registrada jurídicamente o de un enlace pasajero.”

Alexandra Kollontai, hija de un coronel ucraniano del zarismo, combatió mucho por la emancipación de la mujer y por el establecimiento del comunismo. El México de 1926 la recibió como la primera embajadora de la URSS. Quizá sin la insidia del gobierno norteamericano habría durado más en el país que cautivó al poeta Mayakovski y al cineasta Serguei Eisenstein, por mencionar sólo dos figuras mundiales.

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