Detrás del arcoíris
Reportaje

Detrás del arcoíris

La historia de una lucha por la diversidad

Junio es el mes arcoíris y todo gracias al activismo que hay detrás de está conmemoración: los derechos de las personas LGTB. Las siglas tienen un significado profundo: L es de lesbiana, G de gay, T de Transexual y B de Bisexual.

Al nombre también se le agrega la I, que significa Intersexual, asimismo el carácter de +, el cual representa a los queer y a todas las demás orientaciones del espectro sexual humano. Al final se queda formalmente como Movimiento LGTBI+.

Detrás del nombre, mismo que ni siquiera tiene más de 100 años de haberse conformado como tal, existe un movimiento de lucha, no sólo en materia de derechos humanos, también desde la perspectiva social y cultural. Es un movimiento relativamente joven.

A pesar de que aún existan países en donde ser homosexual sea una condena de muerte, se ha logrado bastante alrededor del mundo, como la legalización del matrimonio homosexual, adopción, leyes de identidad de género, así como el respeto de las mismas, sólo por poner algunos ejemplos.

También se visualizan con más frecuencia las relaciones homosexuales en la cultura popular, así como se estudia desde una perspectiva crítica, filosófica y antropológica el espectro sexual humano así como sus identidades y claroscuros con las Teorías queer que poco a poco solidifican mayor fundamentación humanística.

Por esa razón, junio es un mes para ofrecer una retrospectiva a todo lo que se ha logrado: desde la eliminación de la homosexualidad como trastorno mental, hasta la libertad de escoger el género de forma legal en la documentación oficial.

A pesar de todo, en México, como en el mundo, se avanza a pasas agigantados. Vale la pena hacer, respecto a este tema, un repaso en la historia.

SEXO, GÉNERO Y ORIENTACIÓN

El sexo, género y orientación sexual son términos diferentes aunque se pudiera llegar a confundir. El primero tiene que ver con una cuestión biológica, es decir, aquella en la que los genitales determinan si una persona tiene características femeninas o masculinas. El segundo se vincula con una cuestión social, lo que implica ser mujer u hombre en un contexto cultural e histórico determinado. El género es una cuestión de conductas o prácticas, las cuales se relacionan a través de un constructo antropológico y funcional en una sociedad. Y el tercero tiene que ver con la atracción sexual que pudiera manifestar un individuo. Es decir, si a este sujeto le atraen las personas con características femeninas o masculinas en función a su género y a su sexo.

La confusión se puede representar en que muchas personas, basándose en una tradición cultural y religiosa, lleguen a pensar que el género se confunde con lo biológico, ya que históricamente se relaciona la identidad de género con el sexo biológico. No obstante, la visualización del movimiento ha dado a entender que la realidad se puede cuestionar de otra manera.

De estos conceptos parten lo que son los géneros como el binario, no binario, fluido; así como las orientaciones sexuales, como la homosexualidad, transexualiad, pansexual, etcétera.

Sin un argumento bien fundamentado no se puede defender una idea y gracias a esa premisa se han desarrollado diversas teorías en varias disciplinas. La Teoría Queer es una propuesta que parte de eso: cuestionar la heteronormatividad, es decir lo considerado “normal” en donde entran varias categorías, como “hombre”, ”mujer”, “heterosexualidad”, etcétera.

Esta propuesta rechaza cualquier categoría impuesta para un individuo y por medio de otras corrientes en la que se vio influenciada como el posestructuralismo y la deconstrucción, se teoriza sobre las diversidades, sobre todo las que tienen que ver con una cuestión biológica, de género y de orientación sexual.

Una de las exponentes más conocidas es Judith Butler, la cual su premisa parte de la performatividad del género y a la vez de la sexualidad. Butler ve al sujeto no como un individuo, sino como una constante estructura lingüística en formación. Y tratar de apegarse a una condición subjetiva (que en realidad en esta postura no existe como tal), implica generar una opresión de la misma identidad.

Por lo tanto, se comienza a cuestionar todo este tipo de categorías y cómo el sujeto siempre está en un constante devenir entre las mismas. Aunque las premisas de Butler también aportan considerables puntos de vista de la Teoría queer, también ha generado controversia, ya que si el sujeto siempre está en constante cuestionamiento, lo que es considerado como tal, como “género” por ejemplo, no existe.

HISTORIA

A pesar de que siempre ha existido la homosexualidad a lo largo de la historia en diferentes culturas, el activismo por los derechos de la comunidad LGTBI+ empezaron a finales del siglo XIX y después de la Segunda Guerra Mundial.

Una noche en 1969, en el bar de Stonewall Inn, seis policías irrumpieron en el bar y le pidieron a todas las personas que se salieran. La gente, a pesar de las circunstancias, seguía bromeando. La alerta se desató cuando vieron a uno de los policías golpear a un trans con su bolso. Y la gota que derramó el vaso fue cuando uno de los agentes quería subir a una chica a la patrulla.

En ese momento, la comunidad despertó y unieron fuerzas. Lograron inmovilizar a los policías a pesar de que esa acción llegara a ocasionar disturbios más grandes y por lo tanto, más violentos.

Hay que destacar que a finales de la década de los sesenta, en Estados Unidos, los derechos de la comunidad LGTBI+ eran muy limitados. En aquel entonces, cuando una persona se declaraba abiertamente homosexual, las puertas laborales se le cerraban.

Un claro ejemplo era cuando no se le permitía a los gay’s ejercer profesiones como medicina o leyes, e inclusive, formar parte del ejército. En Estados Unidos, la única entidad que permitía las relaciones entre mujeres y hombres era Illinois, en el resto del territorio, era todo lo contrario.

No sólo existía una discriminación en la leyes para los miembros de la comunidad LGTBI+, también lo había dentro de la sociedad: los homosexuales eran vistos como seres marginales.

Por un lado, la comunidad religiosa los tildaba de pecadores, los periodistas de degenerados y los doctores como enfermos mentales. En todo aspecto de su vida, había una predominancia por la violencia hacia su persona.

Pero, después de lo que sucedió en bar de Stonewall Inn, se marcó un parteaguas para la lucha y la visibilización de los derechos de la comunidad. Fue precisamente en ese momento cuando se comenzó a solidificar el nombre y los colores (de arcoíris) de la comunidad.

Lo que ocurrió en Stonewall Inn, fue comparado con las acciones de Rosa Parks, una mujer afroamericana que se negó a cederle el asiento a un hombre blanco. Su acto de rebeldía le valió que la llevaran a la corte por conductas inapropiadas.

No obstante, el hecho marcó por completo los movimientos de luchas por los derechos de los afromericanos.

Lo que ocurrió en aquel bar, también sirvió como ejemplo e inspiración para dar un cambio de ánimo completamente diferente a la comunidad. Después de eso, se creó el Frente de Liberación Gay (en inglés Gay Liberation Front GLF), grupo que sirvió a manera de organización de toda la comunidad.

Aunque actualmente se hace una marcha del orgullo LGTB cada 28 de junio, la primera manifestación ocurrió un año después de los hechos de Stonewall Inn y participaron entre tres mil a 15 mil personas. La marcha aún no llevaba el nombre del colectivo, sino que fue reconocida por ser la movilización del Día de la Liberación en Christopher Street.

La visualización de una realidad que no era nueva, más bien, excluida por el resto de la sociedad, hizo que el movimiento comenzara en otras ciudades del mundo, por ejemplo en Londres en Reino Unido.

De esa manera, el activismo por los derechos de la comunidad empezaron a dar pasos agigantados. Uno de ellos fue que en la década de los setenta se eliminaron en Estados Unidos las prohibiciones federales que afectan tanto a gays como lesbianas.

En esa misma década, en específico en 1977, Harvey Milk se convirtió en uno de los primeros servidores públicos declarado abiertamente homosexual en San Francisco. En 1979 se realizó una marcha nacional en Washington en donde participaron más de 100 mil personas.

A pesar de que la mayoría de las leyes para la comunidad LGTB cambiaron a partir de la década de los ochenta en Estados Unidos, no fue hasta el 2015 cuando el matrimonio igualitario fue legal en ese país.

El primer país que hizo legal el matrimonio igualitario fue Países Bajos en 1999 y ese mismo año, en Israel, se reconoce legalmente a una mujer ser madre del hijo de su pareja, quien era del mismo sexo.

Otros de los logros más significativos para la comunidad fue el reconocimiento del género neutro en Australia en el 2010. Dos años después, en Latinoamérica se aprueba en Argentina la Ley de Identidad de Género, la cual consiste en que las personas trans sean tratadas de acuerdo a su identidad.

En México por ejemplo, uno de los pasos más grandes, además del matrimonio igualitario en 27 de los 32 estados de la república, fue el de la eliminación de las terapias de conversión hace apenas dos años en 11 estados del país.

La primera entidad en México en aprobar el matrimonio igualitario fue la Ciudad de México en 2010, seguido de Coahuila en 2014.

No sólo las leyes se limitan a las uniones civiles o de salud, también se encuentran 17 estados en los que se pueda cambiar el género en la documentación, así como 15 entidades donde es posible adoptar.

HISTORIA DE LA PRIMERA MARCHA GAY EN MÉXICO Y BAILE DE LOS 41

La aceptación de la homosexualidad en territorio mexicano se ha visto influenciada por diversos factores culturales. En las civilizaciones prehispánicas, según los registros de los españoles, abundan las opiniones.

Por una parte se tiene evidencia de que en algunas culturas al norte del país, la homosexualidad era bien vista, inclusive, los frailes registraron en el Código Tudela que existían “hombres vestidos en hábitos de mujer”.

Sin embargo, en el centro de México las cosas eran distintas, donde la homosexualidad no era bien vista y que el lesbianismo, en algunos casos era castigado ya que consideraban que eso traían enfermedades a las transgresoras. En ambos casos, se ganaban el repudio social.

La idea de ver la homosexualidad como un tabú, se reafirmó con la llegada de los españoles y su percepción cultural y por supuesto religiosa respecto al tema. Incluso llegaron a llamar esa orientación sexual como el “pecado nefando”.

La homofobia se quedó desde entonces y los años en los que México se volvió un territorio diferente no fueron la excepción. Durante la mitad del siglo XVIII con las guerras e intervenciones, la homosexualidad era considerada como un delito.

No fue hasta la llegada de Maximiliano de Habsburgo, durante el Imperio Mexicano en la que la constitución de aquel entonces joven país, se vio influenciada por el derecho francés, donde no se declaraba la homosexualidad como ilegal. Por lo tanto, el hecho dejó de ser un delito.

Fue a finales del siglo XIX donde poco a poco ya se había formado una pequeña comunidad no únicamente en México, también en otros países latinoamericanos como Argentina, Brasil y Cuba.

Pero fue en 1901 cuando la homosexualidad llegó a la mirada pública de México, con el descubrimiento del “Baile de los 41” en Ciudad de México, una fiesta clandestina donde el yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre, aparentemente estaba ahí, en esa reunión.

La fiesta fue en una casa de la ciudad, en donde, según los registros, se encontraron 41 hombres de los cuales, algunos estaban vestidos con ropas femeninas. Al parecer, por la relación que tenía de la Torre con Díaz, se quedó exento de la cárcel.

Este hecho no pasó desapercibido. Los periódicos difundieron la noticia e inclusive, Guadalupe Posada realizó un grabado en el que se podía leer: “Aquí están los maricones, muy chulos y coquetones”. Desde entonces, el 41 se considera un número relacionado con la homosexualidad en el país.

Durante todo este tiempo, la homosexualidad siempre fue visita como un tema tabú. Además de que quien demostrara una orientación sexual diferente a la heterosexualidad, era repudiado socialmente.

Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, el panorama cambió por completo. Después de lo acontecido en Stonewall Inn en Estados Unidos, los movimientos pro derechos LGTB comenzaron a esparcirse en el país.

En 1971 se hizo la primera asociación llamada Frente de Liberación Homosexual en México (FLH), el cual tuvo sus inicios debido a que en una tienda de la Ciudad de México, habían corrido a un hombre por creer que era homosexual.

Con el tiempo, se crearon otras agrupaciones como el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR), así como Ákratas, Lesbos y Oikabeth, asociasiones de lesbianas en México. El último de esos grupos fue Grupo Lambda de Liberación Homosexual en 1978.

Dentro de las militancias dentro de las asociaciones, hubo una gran influencia en figuras artísticas y culturales, como Carlos Monsiváis, Claudia Hinojosa, Juan Jacobo Hernández, Nancy Cárdenas, entre otros.

Debido a la época y las circunstancias, las manifestaciones pro derechos de la comunidad LGTB se vieron influenciada por los movimientos de izquierda, el movimiento estudiantil y también el socialista.

No fue hasta 1978 que se realizó la primera marcha del orgullo LGTB en México. Ocurrió frente a la delegación Cuauhtémoc, donde un grupo de activistas pedían audiencia con el delegado para detener las razzias o reprimendas policíacas, los cuales una noche antes, había realizado una ilegal en un bar frecuentado por homosexuales.

Tuvo que esperar un año más para que el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria y del Grupo Lamda de Liberación Homosexual, tomaran el 29 de junio las calles de la Ciudad de México. Al encuentro asistieron alrededor de mil 500 personas. Así fue cómo se marcó el inicio de la Marcha del Orgullo Gay en México.

OMS Y HOMOSEXUALIDAD COMO ENFERMEDAD SALUD

En el 2020, es decir, hace apenas dos años, se cumplieron 30 años de que la homosexualidad estuviera fuera del catálogo de patologías y trastornos mentales. Fue en 1990 cuando la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).

Desde entonces, la homosexualidad es vista como variación natural de la sexualidad humana y por lo tanto no se puede considerar ni tratar de manera patológica.

Las categorías con las que se basaron para poder clasificar la homosexualidad como una patología, fueron estándares que se derivaron a partir del siglo XIX, donde cualquier manifestación sexual que no estuviera dentro de lo hegemónico, era considerado como enfermedad.

A partir de esa fecha se ha tenido un avance en la visualización de la salud de las personas LGTB, a pesar de los tabúes y de los mitos que aún giran en torno a los miembros de la comunidad.

Según la Organización Panamericana de Salud, las personas que forman parte de la comunidad experimentan peores disparidades y resultados de la salud a comparación con los heterosexuales.

Algunos de los padecimientos con mayores tasas son infecciones por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), depresión, ansiedad, consumo de tabaco, abuso de alcohol y suicidio o ideas del mismo derivado del estrés crónico, aislamiento social y muchas de las veces, una desconexión con los servicios de salud y de apoyo psicológico

Aunque el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) tenga una cobertura en la etapa inicial para enfermedades virales, aún hay retos en torno a este tema, ya que todavía no se tiene competencia amplia en los especialistas de la salud que se enfoquen en las necesidades de la comunidad.

No solamente los avances se enfocan en una cuestión de salud, sino también para sortear obstáculos sociales y culturales, los cuales muchas de las veces pueden llegar a influir en el ámbito de salud y tratamiento para los pacientes.

Y en lo que respecta a la salud mental, también se tienen grandes desafíos, ya que las dependencias de salud públicas (en el caso de México), la mayoría de las veces no cuentan con este enfoque.

No sólo por una cuestión cultural, sino también sistemática y al mismo tiempo política. No todas las dependencias públicas que se encargan de la salud mental de la población en general, cuentan con especialistas capacitados para diversos fenómenos sociales.

Por lo tanto, un especialista que se focalice en cuestiones y problemas que giran en torno a la comunidad LGTB, en su mayoría se encuentran en el ámbito privado y no público.

Además, en torno a la salud mental, aún persisten prácticas como las terapias de conversión, las cuales consisten en una sesión para “reformar” al individuo que presenta una sexualidad fuera de lo hegemónico.

Aunque en el país este tipo de procedimientos ya son ilegales, e inclusive, en este año se legisló que se podrían sentenciar de cinco a seis años a quien practique u obligue a alguien a tomar una terapia de conversión, todavía son buscadas por personas para que su familiares se “enderezcan”.

Existen testimonios que recopilan la experiencia vivida en las sesiones. Por ejemplo, en el 2020, el medio El País México hizo una pequeña cápsula donde hablaba de ese supuesto tratamiento. Algunos de los testimonios mencionaron que fueron llevados por sus padres a edades tempranas, como entre 10 a 11 años.

Otros de los métodos que se usaban, principalmente en el siglo pasado, eran las terapias de electro shocks y lobotomías.

Sobre ese tratamiento psiquiátrico, en el 2017 se publicó una nota en la página oficial del IMSS una donde el doctor Ómar Campos Gómez, quien según el artículo era del Departamento Clínico de la Unidad Médica de Alta Especialidad Hospital de Psiquiatría “Dr. Héctor Tovar Acosta”, explicaba que los electroshocks se realizaban de forma controlada y avalado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en pacientes con tendencias suicidas, depresión y esquizofrenia.

Según la nota, los pacientes tenían una mejoría considerable. Sin embargo, no hay mucha información al respecto, ya que no se mencionan las variables de las causas de los trastornos mentales. Por lo tanto, se puede prestar a diversas interpretaciones sobre la condición en las que llegaron los pacientes.

Afortunadamente, en marzo de este año, el comité sobre los derechos de las personas con discapacidad, le pidió a México que se legislaran los tratamientos, debido a que, según la organización, además de que se practicaban a personas con capacidades diferentes, su utilización también abarcaba otro tipo de pacientes psiquiátricos.

DIAGNÓSTICO SOCIAL EN MÉXICO Y EL MUNDO

A pesar de que aún falta camino por recorrer, las redes sociales han sido una importante y significativa herramienta para poder crear más redes de apoyo en la comunidad LGTB.

El fenómeno de las redes no sólo se limita a las fronteras mexicanas, sino que los diferentes grupos pueden mantener comunicación entre ellos, sobre todo al momento de compartir experiencias de vida y de lucha.

No obstante, dentro de la comunidad existe también individuos los cuales no se sienten por completo acogidos o en los que otras corrientes ideológicas influyen dentro de la percepción de la comunidad.

Algunos ejemplos de ello son las personas asexuales, mismas que, según lo expresado en redes sociales, no siempre sienten el apoyo o el acogimiento por parte de la comunidad LGTB.

Otro aspecto a resaltar es también la visibilización del lesbianismo, misma que, debido al machismo a lo largo de los años, se ha visto invisibilizada o no se ha dado a conocer con la misma intensidad que la de los hombres gay.

También se ha señalado que muchas de las veces dentro de la misma comunidad, se utilizan jergas para señalar situaciones despectivas o bien aceptadas. Sin embargo, muchas de las veces para utilizar términos peyorativos se recurre al uso del femenino dentro del género de la palabra.

Y en torno al género femenino, existe una gran controversia en torno a las mujeres trans, mismas que no son aceptadas por algunas corrientes feministas. Además de que también se ha teorizado más en los puntos de la teoría queer.

El más incómodo sería el de que, si la subjetividad no existe y no hay categorías, por lo tanto, ningún género existe y dentro de ellos se encuentra el femenino, así que eso da pie a que se invisibilice la lucha histórica de las mujeres.

Esta crítica también entra en el terreno de la marginalidad de la homosexualiad. Al no existir según la postura, deja de convertirse en una lucha.

Y en torno a la aceptación dentro de los diferentes colectivos LGTB, igualmente existe el fenómeno de discriminar a unos por no ser considerados lo “suficientemente gay”, por ejemplo.

Una de las cuestiones más controversiales es sobre el uso del lenguaje inclusivo. Mismo que, desde el inicio de su propuesta, se tenía contemplado para hacer visible el género femenino.

Con el tiempo y el desarrollo del lenguaje inclusivo, se ha recurrido a otras formas que no sólo se centran en el desdoblamiento de ambos géneros al referirse a un colectivo, sino el uso de la “e” para visualizar también a personas no binarias.

A pesar de que todavía existe una gran controversia entre los miembros de la comunidad, así como los que no pertenecen a él, son cuestiones culturales que apenas se están adaptando y desarrollando a un nuevo estilo de vida posmoderno.

No obstante, existen grupos de personas los cuales consideran como innecesario este tipo de manifestaciones, sobre todo por cuestiones ideológicas, ya sean por valores culturales, religión o incluso, aspectos generacionales.

Es precisamente que el factor cultural no se despega, sino que se sigue transformando a través de varias disciplinas. Otro ejemplo de este tipo de rezago cultural hacia expresiones de la comunidad LGTB, son las ideología políticas, sobre todo las de derecha.

Esta corriente trata de rescatar lo considerado como tradicional o hegemónico para aplicarlo a un estilo de gobernanza, el cual es poco flexible al momento de visualizar las manifestaciones LGTB, ocasionando en retroceso en materia de derechos humanos y en dicriminación.

Además, muchos miembros de la comunidad consideran que hay momentos en los que el movimiento se llega a considerar una cuestión política y no como una movilización social y de derechos.

Pero así y con todo esos aspectos que se han presentado en esta era como en todas, el mayor problema ha sido la discriminación. Una acción que se fundamenta en ideas culturales, históricas y religiosas.

Sin embargo, a través de los siglos, la misma historia le ha enseñado al humano que él es capaz de superar y romper con toda una cosmovisión que supera o no es capaz de ajustarse a una realidad.

Después de la ruptura, viene el caos, y luego la calma. Se convierte en un renacer donde se alberga la diversidad y parte de la belleza humana. Aún hay mucho camino por recorrer.

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