Mujeres solas
Nuestro mundo

Mujeres solas

Nuestro Mundo

Platicar es un acto sublime, sí, no exagero, es real. Platicar con la gana de escuchar, de hablar cuando toca, poco, conciso, entreverando la razón con el corazón, es sublime porque es un acto extraordinariamente bello que produce una gran emoción.

Pareciera que es simple, dos o más personas dispuestas a compartir su pensar, su sentir, sus sueños, preocupaciones, logros, intuiciones, angustias, ansiedades, en una palabra: vida; pero la aparente simpleza exige mucho: disposición, tolerancia, humildad, ánimo, actitud. Cuando alguien te dice vamos a tomarnos un café, una copa o qué se yo, te anuncia muchas cosas: que esa persona está dispuesta a emplear el activo insustituible que es su tiempo en ti, te dice que tiene un interés particular en que le escuches, que pretende sumar información para formarse un criterio de tal o cual circunstancia, que confía en ti como ayuda para atemperar su ánimo o tener un desahogo, que cree que tú puedes contribuir a solucionar un problema o que le es tan agradable tu compañía que con el sólo estar es suficiente.

Claro, no me ciego, también hay quien busca meter aguja para sacar hebra o hay quienes practican el deporte favorito de algunos que es el de deshacer reputaciones y someter a juicio plenario el comportamiento de alguien más.

Creo que tenemos la capacidad de hacer distingos y darnos cuenta que hay personas y momentos para todo. Platicando con amigas surgió un tema al cual la verdad no le había puesto atención y es el de la gran cantidad de mujeres sin pareja, producto de una decisión tomada con conciencia, de una separación, un divorcio o puede ser viudez. Cuando se emplea el concepto de mujeres solas es para definir que no tienen pareja, ya desde ahí, hay una categorización porque no hacemos distingos entre si es o no voluntario y damos por sentadas una serie de inferencias.

¿Ser mujer sola es mal visto? ¿Ser mujer sola es un agravante para que el resto de las mujeres le perciban como una amenaza para sus relaciones de pareja? ¿Ser mujer sola es una condena del destino? ¿Ser mujer sola implica que no quiere esa soledad? ¿Ser mujer sola aparta, aísla y somete?

Algunas posibles respuestas para tantas interrogantes: Si, ser mujer sola implica juicios de valor, especulaciones y conclusiones erróneas acerca de porque se esta sola (excepcionalmente en el caso de la viudez, donde la mujer se convierte en victima de la soledad, está bien vista). El juicio de algunos es que la mujer se lanza al ruedo de la competencia por los varones que andan sueltos por ahí o en algunos casos hasta de los que no están sueltos, esta valoración, además de injusta es tremendamente machista porque es como si el sentido de vida de la mujer estuviera supeditado a tener un hombre a un lado. Una mujer divorciada o separada no necesariamente está dispuesta a involucrarse con otra persona así como así, si, entiendo que cada circunstancia es distinta, no es lo mismo tomar decisiones a los 30’s que a los 50’s, la visión de la vida cambia cuando la experiencia se acumula.

Estar sola es una circunstancia no una condena, no termino de entender porque es tan difícil aceptar que alguien pueda disfrutar a cabalidad estar sola, es que es maravilloso saber que tienes un espacio que sólo te pertenece a ti, que no importa si hiciste o no comida, bien te puedes preparar una quesadilla y con eso tienes, que si te da frío apagas el aire, si tienes calor le prendes, nada mas rico que bañarte y ponerte cualquier cosa encima porque nadie te verá. Así que mucho sacrificio tampoco es.

Pero, hay otros aspectos que se hacen un poco mas cuesta arriba, por ejemplo, lidiar con temas de mantenimiento de casa y auto, sentirse insegura por momentos y algunos otros aspectos de la cotidianidad que de alguna manera se sortean.

Mujeres solas que platican hacen del mundo un mejor lugar, se puede pensar que hay muchas coincidencias, pero también muchas diferencias, lo mismo hay quienes desean viajar, que quienes se hacen el propósito de aprender algo que les sea útil, hay otras que se comprometen con alguna causa convirtiéndose en activistas sociales o políticas, están otras que buscan en la espiritualidad y la religión un puerto seguro donde anclar y también las hay que con decisión se convierten en exitosas mujeres de negocios.

Estar sola no es un pecado, ni una definición sexual, ni una consecuencia de lo malas que hemos sido. Es una decisión que cuando parte de la convicción se vive con alegría, con esperanza y con sueños que nada tienen que ver con príncipes azules. Platiquemos más de nosotras con nosotras mismas y extendamos la conversación con quien nos escuche desde el corazón.

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