La tierra de la gran promesa
Literatura

La tierra de la gran promesa

El arder y la destrucción de las ilusiones

En su última novela, el escritor y periodista Juan Villoro entrega una historia en la que se mezclan temas de corrupción, carteles y un arte como lo es el cine. ¿Qué relación pudieran tener un documentalista, un periodista y un capo de la droga? El autor da pie a la conexión con una muy lograda ficción que se relata a través de 446 páginas.

En La tierra de la gran promesa, publicada por Random House (que edita por primera vez a Villoro) se narra la vida de Diego González, un documentalista que habla dormido y que está casado con una sonidista que trata de descifrar lo que dice en sueños. Cabe destacar que el periodista y escritor tardó nueve años en terminar esta novela que concibió inicialmente como un relato o un guion cinematográfico.

En la solapa del libro se describe que Diego se muda a Barcelona, pero el pasado lo alcanza como una pesadilla. La visita de un viejo conocido, el periodista Adalberto Anaya, trastoca su reciente tranquilidad. Anaya (quien ha vigilado a Diego durante años con la atención casi desmedida de un admirador) lo culpa de haber hecho un documental para entregar a un narco, que en la trama es apodado el Vainillo (Salustiano Roca), sobrenombre que se ganó por dejar aromatizantes de ese olor en cada ejecución que realizaba.

Es así que Diego se ve obligado a lidiar con este enemigo que es, al mismo tiempo, su único aliado. Y es que el documentalista y el periodista se odian tanto como se necesitan. Además, al final de la historia se revelará una situación que le da un remate inesperado y que atará los cabos sueltos que pudieron haber quedado de la trama, y del intenso confrontamiento entre ambos personajes.

La tierra de la gran promesa es una metáfora del México contemporáneo. Una lectura amplia sobre las entretelas de la corrupción y la vida íntima donde las verdades se pronuncian al dormir. Una reflexión sobre la forma en que el arte influye en la realidad y en que la realidad distorsiona al arte. Una novela tan política como personal que mantiene a Juan Villoro como un testigo excepcional de nuestro tiempo”.

INICIO

El autor mexicano decide hacer ficción mezclando, entre otros elementos, un hecho verídico que fue un golpe duro para el patrimonio cinematográfico de México que aconteció en 1982: el incendio de la Cineteca Nacional.

El 24 de marzo el acervo fílmico de mayor relevancia en México prácticamente había desaparecido. Nunca se llegó a comprobar la información exacta de las pérdidas humanas y materiales, porque como el mismo Villoro escribe en la novela: vivir en México es “vivir en un país donde no se explican los desastres”.

Treinta y nueve años después de lo acontecido aquella tarde de llamas, muchas versiones sobre la verdad brotaron: intereses particulares, incapacidad de los que eran responsables del lugar en ese momento, y hasta teorías de conspiración se entretejen en este hecho que cuenta con una sola certeza: las pérdidas consumidas por el fuego han sido irreparables. El acontecimiento no es más que el reflejo de las “fracturas de un país en descomposición”, frase incrustada en el libro reseñado en este texto.

El desastre es el punto de partida de La tierra de la gran promesa, título que decide el autor, tal vez por ser el nombre de la película del director polaco Andrzej Witold Wajda que se proyectaba justo cuando una flama atravesó la pantalla de la sala Fernando de Fuentes. Sin embargo, también puede resultar una metáfora que nos hace pensar en la tierra que cada uno de los personajes anhela, y es que una de las reflexiones más recurrentes de los seres humanos es pensar que siempre se estará mejor en otra parte.

El mismo autor mexicano explicó en la primera presentación de la novela llevada a cabo en el Hay Festival 2021 en Querétaro a principios de septiembre, que el título sí tiene que ver con la película de Witold Wajda, en la que casualmente se filma el incendio de una fábrica.

El título es una distorsión de ese título pero que le da un toque irónico. Uno se pregunta, bueno, esa gran promesa cuál es, no es lo mismo la tierra prometida que una gran promesa que a lo mejor es falsa. La película de Andrzej Witold Wajda trata sobre la ascensión del capitalismo en Polonia y termina con un incendio. A mí el título me ha parecido particularmente irónico por la trama que cuenta, porque era lo que se estaba exhibiendo en el momento en que se incendió la Cineteca, demostrando que ésta no es una tierra de la gran promesa y que todos los personajes están buscando ese espacio de salvación que de alguna manera todos procuramos”.

Con una estructura que va del pasado al presente y con el uso recurrente de los sueños, Villoro nos presenta a sus personajes: el profesor de cine Luis Jorge Rojo y a sus alumnos Diego, Jonas y Rigo, los cuales son los primeros que toman acción en la trama.

ACCIÓN

En un momento de la novela, Diego pasa de ser el joven con aspiraciones cinematográficas que fue el responsable de un accidente de carretera en el que fallece su amigo Rigo (del que sale bien librado) y el que abandona a una mujer extremadamente enamorada de él (Susana), se convierte en un hombre maduro reconocido por sus documentales casado con la sonidista Mónica, con la que tiene un hijo llamado Lucas.

Al ser víctimas colaterales de la violencia que se vive en México, la pareja es ayudada para inmigrar a Barcelona, una ciudad bien conocida por el mismo Villoro, quien vivió en carne propia, y que retrata de manera muy puntual en la novela, los trámites y el proceso por el que tiene que pasar un extranjero que busca asentarse en tierra española.

En varios de los capítulos el autor recurre a la comparación de dos culturas, y enfatiza en ciertas circunstancias que sólo pueden ser experimentadas si se vive en México, una ciudad que ha sido escaneada en la mayoría de su obra literaria (respaldada por más de 40 años). Reflexiones que no dejan de ser una crítica o la evidencia de una realidad que como se describe en La tierra de la gran promesa “cuando la realidad es mexicana no es color de rosa”.

Aunque Villoro expresa que nunca fue su intención escribir un material sobre el narcotráfico en la manera de llegar a banalizar el mal, lo que sí hace es una reflexión de que convivimos con el peligro casi sin darnos cuenta y que acciones que realizamos pensando que no tendrán consecuencias nos pueden empujar a polos inimaginables.

En México, escribe Martín Parra Olave, quien realiza una crítica de la novela, pareciera que los carteles de las drogas han tenido la capacidad de crecer e inmiscuirse en muchos de los ámbitos de la vida social, ejerciendo la violencia como una forma de expansión.

Esta novela es una escritura que se alimenta de la tragedia, pues es gracias a ella que se resaltan los elementos más llamativos de aquella sociedad y donde el mal parece ser un protagonista más”.

AL ESTILO CHAPO GUZMÁN

Diego es un documentalista casado con la verdad, sin saber que “la verdad es como las hormigas, no puedes acabar con ella, no puedes atraparla, siempre sale por otro lado”.

Seducido por contar la vida del ya mencionado Vainillo, el protagonista es responsabilizado de la captura del narcotraficante tiempo después de que se estrenara su documental. Anaya tiene que ver con el señalamiento, pues le guarda rencor a Diego por no hacerlo parte de la filmación del material, luego de que él lo contactara con el capo.

El periodista escribe un reportaje que vincula al documentalista con el narcotráfico. El texto corre como reguero a pólvora a través de Twitter y Diego es linchado en la web, un síntoma muy recurrente de nuestros tiempos en los que las redes sociales pueden terminar con la reputación o integridad de un individuo en cuestión de segundos, aunque también el olvido es inmediato, porque como describe el narrador en la novela: “en las redes, un vómito se limpia con otro vómito”.

Aquí también entra el tema de perfumar al crimen, pues si Diego filmó la versión de un capo, fue por que este así lo permitió, poniendo en tela de juicio la vanidad y el protagonismo de quienes manejan el negocio de las drogas. Juan Villoro pudo tal vez inspirarse en el caso del Chapo Guzmán, uno de los narcotraficantes más populares de México que aceptó se filmara una película sobre su vida. Los encargados de ello serían los actores Kate del Castillo y Sean Penn. Pero igual que el Vainillo, el Chapo fue capturado tiempo después. La historia ya es del dominio público.

LA VERDAD SALVA

Otro de los temas que se abordan en esta novela es la verdad. Oficios como el del notario, que ejerce el padre de Diego, él mismo como documentalista y Anaya como periodista, son trabajos cuya columna vertebral debería ser la veracidad, una cuestión que Villoro conoce de entraña al navegar también por el camino del periodismo. La reflexión que realiza el autor en esta ficción es que “no hay como la verdad para salvarse”.

Frase que sostiene al protagonista durante la trama, en la que luego de una serie de circunstancias, reflexiona más sobre sí mismo y se le revelan imágenes del pasado que lo ayudan a entender su presente. La tierra de la gran promesa es pues una novela en la que una acción te puede llevar a vivir en el fuego de sus consecuencias.

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