¿Abrir las escuelas?
Opinión

¿Abrir las escuelas?

Jaque Mate

Pocos temas generan tanta controversia. El regreso a clases presenciales ha provocado discusiones intensas, insultos y descalificaciones. Una de las razones es que se trata de un tema mucho más cercano a las familias que los asuntos que usualmente se ventilan en la política. Es un debate que tiene que ver con la salud pública, sí, pero también con la educación de los niños, una de las tareas más importantes de la sociedad.

Quienes se oponen al regreso de los niños a clases presenciales tienen una buena medida de razón. La pandemia no sólo no ha desaparecido, sino que la tercera ola de infecciones, combinada con la variante delta, han generado nuevos riesgos. Si las autoridades cerraron escuelas, oficinas y fábricas en marzo de 2020, cuando la pandemia era mucho más ligera, ¿por qué habría que aceptar ahora que se mantengan abiertas? Para proteger la salud de los niños, pero también la de los maestros y de los familiares de todos, hay que mantener cerradas las escuelas.

Debe escucharse también, sin embargo, el otro punto de vista. La pandemia no sólo no ha terminado, sino que no hay un horizonte claro sobre cuándo pueda acabar. La capacidad de mutación del SARS-CoV 2 hace pensar que esta enfermedad pudiera durar varios años más, quizá décadas. Llevamos ya año y medio sin clases; si no regresamos ahora, quizá habría que suspender clases presenciales durante varios años.

Hay familias a las que esto no les preocupa. Cuentan con madres instruidas, pero además dedicadas completamente al cuidado de los hijos. Estas mujeres pueden reemplazar a los maestros de las escuelas. Lo han hecho ya durante año y medio.

Para muchas otras familias, sin embargo, la tarea es imposible. Sus mujeres trabajan a la par que los hombres o más que estos… si es que los hay. En numerosos hogares, de hecho, la madre es el único sostén. No hay nadie más que asuma la responsabilidad de llevar sustento a casa. Estas mujeres no pueden convertirse en maestras de tiempo completo.

Otras mujeres quisieran, tal vez, tener el papel de docentes, pero no están preparadas para ello. Una de las grandes virtudes de la educación pública es que permite a las familias que se encuentran en condiciones sociales precarias, usualmente por falta de una instrucción adecuada, la oportunidad de mejorar su situación a través del aprendizaje. Sin maestros, las madres de las familias más marginadas no pueden dar instrucción a sus hijos.

Las escuelas están cerradas desde marzo de 2021. La pandemia no ha hecho sino arreciar desde entonces a través de tres oleadas que han dejado un trágico saldo de muerte. Es claro que el aislamiento total puede ayudar a frenar los contagios, aunque no lo hizo en México con la Jornada Nacional de Sana Distancia. El problema es que no sabemos cuánto tiempo habría que mantener las escuelas cerradas. ¿Otro año? ¿Cinco años? No tenemos idea.

Mi posición es que la sociedad no puede darse el lujo de seguir manteniendo las escuelas cerradas. El daño que se ha generado con este cierre ha sido enorme. Abrir las escuelas, sin embargo, no significa simplemente regresar a la forma en que se hacían las cosas antes. Se requieren precauciones especiales, protocolos sanitarios adecuados, esfuerzos por hacer de las escuelas recintos más seguros.

La decisión debe ser, al final, voluntaria. A esas familias que tienen la posibilidad de tener una buena instrucción en casa se les debe permitir continuar con el trabajo. Pero para todas las demás, para la mayoría, las escuelas deben estar abiertas, con medidas de protección que disminuyan al máximo los contagios. Es algo que se puede lograr con un buen esfuerzo. Lo que ya no se puede es mantener las escuelas cerradas sin perspectiva de abrirlas otra vez.

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