Cuando Saramago suprimió a la muerte
Literatura

Cuando Saramago suprimió a la muerte

Una novela de reflexión hacía la no existencia

En portada: José Saramago. Foto: onedio.com

La muerte preocupa; siempre se hace presente hasta en los momentos más felices cuando se recuerda que son efímeros. Ha sido un tema recurrente en el arte; romantizada y abordada por todas las perspectivas y sus consecuencias, se encuentra en pinturas, esculturas, versos, danzas e historias.

Una de las obras de arte que mejor ha sabido representar la muerte y sus pormenores es Las intermitencias de la muerte de José Saramago. Podría pensarse que un tema tan trillado es difícil de abordar de una manera fresca; sin embargo, el escritor logró crear una historia donde absolutamente todo se vuelve memorable, emotivo y crítico.

Saramago es considerado como uno de los más grandes exponentes de la literatura contemporánea, nació en Portugal en 1922. Hijo de campesinos pobres, publicó su primera novela, Tierra de pecado, en 1947 y después pasó veinte años sin publicar nada. Su obra se caracteriza por cuestionar las motivaciones humanas mediante la ironía; además, mezcla la crítica política con la ficción. Fue ganador del Premio Nobel de Literatura en 1998.

Las intermitencias de la muerte es una historia que no goza de la popularidad de las demás obras de Saramago, pero sin duda cualquier amante de la literatura debería leerla por lo menos una vez en su vida.

LA INMORTALIDAD

¿Qué pasaría si ya no pudiéramos morir? Bueno, esta es la premisa de una de las historias más icónicas de Saramago: un país donde el primero de enero de cierto año la gente deja de morir. Pero no todo son buenas noticias, las personas se siguen accidentando, siguen enfermando, sufren y agonizan como si estuvieran a punto de expirar, más nunca lo hacen.

Y aquí entramos al primer dilema moral que presenta el libro. En ese pueblo la gente es incapaz de morir, pero cruzando la frontera hacia otro país la muerte se cobra a quienes les ha llegado su hora. En este punto, Saramago presenta una pequeña historia, de las muchas que entrelazadas forman el libro, acerca de una mujer que ve agonizar a su padre y tiene que tomar la decisión de mandarlo a la frontera para que pueda descansar.

Saramago plantea en sus personajes el dilema ético de ayudar a sus parientes a morir trasladándolos a la frontera, a pesar de que está prohibido por el gobierno. Foto: Adobe Stock

El dilema de la mujer dura apenas unas cuantas páginas, pero estas bastan para comprender que desear la eternidad a quien se ama, en este caso un amor tan profundo como el que se tiene a los padres, podría ser un acto de egoísmo. Por otro lado, como las leyes del país no han cambiado para adaptarse a este nueva realidad donde los muertos parecen vivos y los vivos parecen muertos, cruzar la frontera al país vecino para finalmente morir seguía siendo considerado como suicidio y ayudar a cruzarla como homicidio.

Irónicamente el gobierno se opone a estas alternativas para morir, pero entre sus pláticas comprenden la necesidad de reducir a la brevedad la población del país; esta es una de las mejores críticas que Saramago hace. Llega el punto en el que el gobierno tiene que poner “vigilantes” en la frontera para que las personas no vayan a morir; pero, tal como sucede en la realidad, la corrupción no tarda en hacerse ver.

Y es que los seres humanos siempre han anhelado la inmortalidad; quedarse en este mundo hasta que se haya resuelto el último pendiente, se haya dado el último abrazo a quienes se ama o se haya visto todo lo que se quería ver… pero la lista es infinita. Pensar en la inmortalidad superficialmente hablando es uno de los autoengaños más placenteros de la mente, pero la realidad es que ser inmortal se volvería rápidamente en contra de uno mismo.

Al principio de la historia, los habitantes de este país reciben la inmortalidad con los brazos abiertos, pero eventualmente, casi de golpe, se dan cuenta de cómo irónicamente la muerte es el pilar de la vida.

UNA SOCIEDAD QUE COLAPSA

Quizás uno de los puntos más fascinantes que trata Saramago en la historia es la muerte como base de la sociedad. Y es que en este universo la gente sigue enfermando, envejeciendo y sufriendo accidentes; así que los servicios de salud y las casas de descanso u “hogares del feliz ocaso” como los llama el autor, están al borde de su capacidad y en espera de más personas. Los médicos, enfermeros, fisioterapeutas y cuidadores llegan al punto en el que tienen que escoger su salud sobre la promesa de ayudar a quien lo necesite. Todo el personal médico está en crisis al saber que la vejez y enfermedad son inminentes.

En este país la gente enferma y envejece, pero no puede morir. Foto: Adobe Stock

Por otro lado, las funerarias están enojadas con el gobierno y exigen una solución; la gente ha dejado de morir, ellos no tienen trabajo, no morirán, pero sí sienten hambre. Incluso este tipo de negocios al quedarse sin nadie a quien enterrar, comienzan a ofrecer velorios para gatos, perros y canarios. Así pues, se plantea que irónicamente sin muerte no hay vida.

También las compañías de seguro se enfrentan a un momento difícil: todos sus clientes quieren cancelar sus servicios porque los encuentran innecesarios. Así pues, los aseguradores incluyen, para sus pocos clientes, la cláusula de que a los ochenta años se considerará a la persona como muerta, aunque evidentemente esto no será posible.

RELIGIÓN Y MUERTE; ASÍ, SIN SEPARAR.

“…bien es verdad que, con palabras mucho menos claras, que si se acabara la muerte no podría haber resurrección, y que sin resurrección no tendría sentido que hubiera Iglesia”.

Las religiones, todas, por más vueltas que le demos no tienen otra justificación para existir que no sea la muerte, la necesitan como pan para la boca”.

Gran parte de la historia está basada en los problemas que la ausencia de la muerte le ocasiona al gobierno y la iglesia. Así, con unas pocas líneas bastante específicas y una narrativa que las ejemplifica, Saramago despoja a la iglesia del ofrecimiento de la salvación eterna como recompensa por los dogmas religiosos.

Y es que por medio de estas palabras y la afirmación de un católico que acepta sinvergüenza y abiertamente que las religiones solo sirven para ponerle al ser humano la soga en el cuello e infundir miedo, Saramago deja clara su postura antirreligiosa.

Justo para eso existimos, para que las personas se pasen toda la vida con el miedo colgado al cuello y, cuando les llegue su hora, acojan la muerte como una liberación, El paraíso, Paraíso o infierno, o cosa ninguna, lo que pase después de la muerte nos importa mucho menos de lo que generalmente se cree, la religión, señor filósofo, es un asunto de la tierra, no tiene nada que ver con el cielo”.

Foto: Debolsillo

UNA MUERTE ANUNCIADA

La forma en la que se enredan las dos partes de la trama es porque llega un punto en el que la muertE está cansada; cumplía con su trabajo en tiempo y forma (sin un solo día de descanso), pero las personas la odiaban, dejó de visitar al pueblo y la gente le seguía reprochando. Ahora, después de ver el caos en el que el país está metido, tiene la gentileza de avisar al moribundo mediante una carta púrpura que sólo le quedan siete días para poner en orden su vida y partir. A partir de aquí la muerte deja de ser una entidad para convertirse en una mujer que quizás en algún punto tuvo vida; la vemos en su espacio de trabajo con su fiel compañera la guadaña.

Aquí Saramago pone en palabras los deseos tan variados que tiene el ser humano cuando se le acerca la hora. Y es que, cuando profundizamos en este tema las opiniones están muy divididas; hay quienes quisieran una muerte advertida con tiempo para despedirse de sus seres queridos, mientras que otros añoran una partida instantánea. En el libro se plantea la realidad de que irónicamente saber que vas a morir no te hará disfrutar los últimos momentos de vida.

El libro se divide en dos historias: la primera presenta a un país como personaje principal, ninguno de sus habitantes destaca, no tienen nombres y solo se mencionan sus profesiones y oficios; la otra historia se apoya en dos personajes: la muerte y un violonchelista.

LA MUERTE SE ENAMORA

Dentro del libro, la narrativa de Saramago no pierde en ningún momento su esencia; aunque la primera parte se presta más a la reflexión y crítica, mientras que la segunda es una novela como tal. Dependiendo de los gustos e intereses del lector, puede que se encuentre más atractiva una que la otra. Sin embargo, hablando objetivamente, la romantización y personificación de la muerte casi al final del libro es realmente hermosa.

La muerte se enamora de un músico que, aunque estaba destinado a morir joven a la edad de cuarenta y nueve años, por un error con las cartas púrpuras llega a cumplir los cincuenta.

En la segunda parte del libro, la muerte toma forma de mujer. Foto: AdobeStock

Saramago muestra a una muerte vulnerable que se ha enamorado por primera vez y no entiende lo que le pasa, una muerte que está dispuesta a volver a castigar a un país con su ausencia con tal de pasar unos minutos con el hombre que ama. A lo largo de las páginas donde se cuenta esta historia, el lector puede ser parte del proceso de humanización de la muerte; una muerte que en cierto punto llega a entregarse a la imperfección humana.

Otras obras destacadas de Saramago son Ensayo sobre la ceguera y El evangelio según Jesucristo; algunas de las críticas que hace en Las intermitencias de la muerte, también se mencionan en esas dos historias.

Así como la muerte es un tema que se tiene presente todos los días, también el miedo a ella es bastante común. Este libro, de cierta manera, logra que el lector entienda que la vida no puede funcionar sin la muerte; que la sociedad se sostiene gracias a que los seres humanos no somos eternos. Y es realmente interesante profundizar en todos los aspectos que se verían afectados si un primero de enero la muerte decidiera no visitarnos más.

La primera parte de la historia está llena de reflexiones y críticas, mientras que en la segunda parte se da al lector la oportunidad de leer una novela de amor con la muerte como protagonista. Este libro puede tener un significado diferente dependiendo del tiempo en el que se lea. Está de más mencionar que antes de abrirlo, se necesita tener la mente muy abierta; es una historia que critica la moral y pone en tela de duda las decisiones que la sociedad puede tomar en tiempos de crisis. Además de que tiene una postura abiertamente en contra de cualquier religión.

Quizás lo más destacable de toda la historia es el personaje de la muerte: una “parca” a la que según el narrador todavía le falta mucho por conocer. Y es que Saramago presenta a una muerte que sólo quiere vivir armónicamente con su trabajo y en este camino se “vuelve humana”.

Así como la trama tiene puntos donde las paginas vuelan, hay otras parte en las que la historia se siente algo pesada; sobre todo tomando en cuenta que Saramago no utiliza los signos de puntuación de manera convencional. Aunque las opiniones respecto a este libro son bastante mixtas, sin duda Las intermitencias de la muerte debería estar en el mismo pedestal que Ensayo sobre la ceguera o El hombre duplicado.

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