Svetlana Aleksiévich
Literatura

Svetlana Aleksiévich

La literatura en carne viva

Foto de portada: Agence Opale/ Legion Media

Svetlana Aleksiévich es la creadora del género de voces: una narrativa estilo documental que construye la historia principal del libro por medio de testimonios, anécdotas y entrevistas con personas que vivieron los hechos; además de, claro, una buena documentación.

Svetlana es escritora y periodista, y ganó el Premio Nobel de Literatura por su sus escritos que reflejan el sufrimiento de nuestros días; también ha sido ganadora de un Ryszard-Kapuscinski y un Herder. Además, pertenece al movimiento literario de no ficción. Su libro más conocido es Voces de Chernóbil, mismo que sirvió como inspiración para la serie de HBO. La narrativa de esta obra está basada en todas las entrevistas que la periodista realizó durante diez años a los sobrevivientes, implicados o testigos del accidente nuclear.

EL LIBRO

Para situar a Chernóbil en un contexto, necesitamos dividirlo en dos partes: por un lado, están los testimonios que nacieron con el desastre nuclear y que se fueron mezclando con sentimientos y anécdotas de otras voces durante los años que sólo fueron transmitidos de conocido a conocido, hasta que Svetlana los volvió una historia. Por otro, están los años posteriores, en que la entonces Unión Soviética se encargó de minimizar la tragedia. Para la autora, bielorrusa de nacimiento, y para todos los ciudadanos rusos y ucranianos de aquellos tiempos, Voces de Chernóbil es una autobiografía.

Este nuevo modo de contar historias, género de voces, orilla a criticarlo por su forma y no por su fondo. La manera en la que su autora ordenó los testimonios y poco a poco inmiscu al lector en el contexto social y político de la URSS en 1986, es acertada y fascinante.

En este libro, Svetlana se toma el tiempo de meter en contexto al lector con fragmentos de noticias e investigaciones que hablan del desastre nuclear en general, nunca de los afectados. Algo que se debe recalcar de su narrativa es que su voz desaparece por completo y deja solamente al entrevistado; así pues, los lectores pueden hacerse una imagen mental de la persona y con unas pocas líneas entender su manera de pensar y sus emociones.

Escena de la serie Chernobyl, basada en el libro de Svetlana Aleksiévich. Foto: HBO

En cada página, Svetlana habla acerca de la naturaleza humana, de cómo la gente se adapta a las nuevas y difíciles condiciones, de la ignorancia provocada por un régimen comunista, del patriotismo y su eterno ir y venir entre el heroísmo y la victimización. Puntualiza acerca de una tragedia que conmovió al mundo entero, pero, a diferencia de la información que se puede recibir con un clic, esta mujer recogió los pedazos de la explosión de Chernóbil y trajo la historia de cada parte aislada y olvidada.

La autora tiene seis libros publicados, dentro de los cuales destaca La guerra no tiene rostro de mujer, el cual habla de todas las mujeres que participaron en la Segunda Guerra Mundial y cuya historia nunca ha sido contada.

SUFRIMIENTO A CADA PÁGINA

La narrativa del libro se puede descomponer en historias; cada una representa una causa o consecuencia del desastre nuclear, un antes, durante o después. De los más de cuarenta monólogos y testimonios, sin spoiler alguno, quizá los más desgarradores son estos:

Todo su cuerpo se cubrió de forúnculos. Cuando movía la cabeza sobre la almohada, se le quedaban mechones de pelo. Y todo eso lo sentía tan mío. Tan querido…”.

Así como la verdadera autoayuda está implícita en novelas de otros géneros, Voces de Chernóbil viene a contar más acerca del amor verdadero que cualquier historia de ese género. Svetlana, en su recopilación de testimonios, transporta al lector a una habitación de hospital donde se convierte en una joven embarazada que ama la carne desprendida y putrefacta de su esposo liquidador al que los médicos llaman “reactor nuclear”; se vuelve una abuela que se queda a cuidar la tierra y los animales de sus antepasados; siente la preocupación de una mujer que, a pesar del paso de los años, todos los días se pregunta qué pasó con su vecina de capacidades diferentes. La autora da la posibilidad de encontrar amor al prójimo dentro de la tragedia.

Parque cercano a Chernóbil abandonado a décadas del accidente nuclear. Foto: Gettyimages

Y los perros acudían al reclamo de las voces humanas… también los gatos. Y los caballos no podían entender nada. Cuando ni ellos, ni las fieras ni las aves eran culpables de nada, y morían en silencio, que es algo aún más pavoroso”.

Y aquí no sólo se refiere a las vidas de animales inocentes que murieron por la traición del humano, sino a todos los campesinos que confiaban ciegamente en sus líderes y esperaban indicaciones por medio del radio y el periódico, sin saber que mientras ellos vivían normalmente, en el resto del mundo se categorizaba la explosión como el peor desastre nuclear de la historia. Svetlana y sus entrevistados hablan de las vidas que se pudrieron junto con la tierra. Sitúan al lector ante los cuerpos desechos en vida por un patriotismo moldeador y controlador.

No solo se ha contaminado nuestra tierra, sino también nuestra conciencia. Y también por muchos años”.

Casi a mitad del libro, un hombre cuenta la historia de cómo su obediencia por los líderes le hizo preferir no alejar a su nieta de la radiación porque esto significaría traicionar al vecino que no podía hacerlo. Si a esto se le suman los testimonios de médicos, científicos, académicos… que se vieron obligados a minimizar la gravedad del accidente y pedir a las personas que se quedaran en sus casas, ¿no cobra sentido la frase anterior?

Después de cuatrocientas páginas de testimonios más y más crudos, Svetlana remata con un epílogo donde muestra la promoción de una agencia de viajes que hace recorridos a Chernóbil. Los humanos lucran con la tragedia.

Lo que hace tan especial a la obra de Svetlana es su cercanía con las víctimas o implicados en los hechos que retrata en sus escritos. Sus libros reflejan el verdadero sentido del periodismo: dirigir la atención a lo que en verdad la merece. Además de que, al fin perteneciente a la literatura de no ficción, convierte a sus páginas en una fuente de información libre de cualquier influencia o interés personal; viéndolo como una historia resulta atractivo conocer lo que hay detrás de los acontecimientos.

Chernóbil fue convertido en un destino turístico, situación que la autora critica al final del libro. Foto: Gettyimages/ Pavlo Gonchar

¿POR QUÉ LEERLA?

Es necesario tomar en cuenta, si es que se tiene interés por la obra de esta periodista, que sus libros son lecturas que necesitan tranquilidad y una mente muy abierta para poder comprender algunas de las acciones de las personas que cuentan su testimonio.

Quizá lo más importante de Voces de Chernóbil, en la actualidad, son las semejanzas con la pandemia de COVID que el mundo atraviesa desde hace casi dos años. Si se da la oportunidad de leerlo, muy probablemente encuentre situaciones que le recuerden a eventos vividos en estos meses.

Voces de Chernóbil es una lectura que duele y su mayor peso recae en que no fue sacada de la imaginación de ningún escritor; esas historias que pueden llegar a entreabrir la boca del lector fueron vividas por las voces que hasta hace algunos años habían permanecido en silencio.

Svetlana invita a reflexionar acerca de la moral y la ética, del gobierno, de los intereses políticos y sociales, dejando aunque sea un testimonio que acompañará de por vida al lector.

Comentarios