La caída de Tenochtitlan
Nuestro mundo

La caída de Tenochtitlan

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El 13 de agosto de 1521 (hace cinco siglos), cayó Tenochtitlán después de un cerco que duró 75 días. La pérdida de la capital mexica fue relatada por indígenas y por algunos extranjeros subordinados de Hernán Cortés. Pero él será su primer cronista español mediante la carta que dirige al rey Carlos V el 15 de mayo de 1522.

No comentaré ahora la discretamente triunfalista crónica de la caída que escribió el capitán conquistador, tampoco la aséptica de Bernardino de Sahagún ni la caleidoscópica de Bernal Díaz del Castillo ni la sintética de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Comentaré la del tlatelolca autor anónimo.

El mercado de Tlatelolco fue la última plaza donde resistieron los mexicas, Después de que los conquistadores ocuparon Tenochtitlan, sus habitantes y los guerreros que la defendían se desplazaron a Tlatelolco. El autor anónimo lo dice así: “dejaron su ciudad de Tenochtitlan para venir a meterse a Tlatelolco. Vinieron a refugiarse en nuestras casas. Inmediatamente se instalaron por todas partes en nuestras casas, en nuestras azoteas”.

Los tenochcas no se emplazaron gratuitamente. Entregaron un rico pago a los tlatelolcas. Sin embargo, un tanto resentido, el cronista anónimo se queja porque, según él, los asilados no guerreaban: “Y todo el tiempo en que estuvimos combatiendo, en ninguna parte se dejó ver el tenochca.”

A punto de triunfar, Cortés llama a unos indígenas principales para que le digan al Huey Tlatoani (huey significa gran, superior, supremo) Cuauhtémoc, que se rindan. Malinche se encarga del chantaje moral actuando como mensajera: “Dice el capitán: ¿Qué piensan los mexicanos? ¿Es un chiquillo Cuauhtémoc? ¿Qué no tiene compasión de los niñitos, de las mujeres? ¿Es así cómo han de perecer los viejos?” Y en seguida amenaza ostentando la potencia aliada: “Pues están aquí conmigo los reyes de Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula, Chalco, Acolhuacan, Cuauhnáhuac, Xochimilco, Mízquic, Cuitláhuac, Culhuacan.”

Por supuesto, es prolongada la sucesión de hechos de la caída; el autor anónimo tlatelolca evoca algunos y antes de concluir su crónica de la derrota ante los conquistadores, relata: “Y así las cosas, vinieron a hacernos evacuar. Vinieron a estacionarse en el mercado. Fue cuando quedó vencido el tlatelolca, el gran tigre, el gran águila, el gran guerrero. Con esto dio su final conclusión la batalla.

Fue cuando también lucharon y batallaron las mujeres de Tlatelolco lanzando sus dardos. Dieron golpes a los invasores; llevaban puestas insignias de guerra; las tenían puestas. Sus faldellines llevaban arremangados, los alzaron para arriba de sus piernas para poder perseguir a los enemigos.” Si se nota un ritmo poético en la prosa de los dos anteriores párrafos del autor anónimo es porque lo tiene toda su crónica.

Más adelante, el cronista narra la caída del Huey Tlatoani Cuauhtémoc y su séquito y en seguida hechos aciagos e ignominiosos: “Y cuando aquellos fueron hechos prisioneros fue cuando comenzó a salir la gente del pueblo a ver dónde iba a establecerse. Y al salir iba en andrajos, y las mujercitas llevaban las carnes de la cadera casi desnudas. Y por todos lados hacen rebusca los cristianos. Les abren las faldas, por todos lados les pasan la mano, por sus orejas, por sus senos, por sus cabellos.”

En una de las últimas escenas que nos hace conocer el cronista tlatelolca, después de reclamar las riquezas de guerra perdidas en la Noche Triste, Malinche les dice a parlamentarios mexicas: “[…] que vengan a habitar sus casas de Tlatelolco; que en todas sus tierras vengan a establecerse los tlatelolcas. Y decid a los señores principales de Tlatelolco: Ya en Tenochtitlan nadie ha de establecerse, pues es la conquista de los ‘dioses’, es su casa. Marchaos”. Tenochtitlan había sido conquistada por los “dioses”.

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