Poesía infrarrealista
Literatura

Poesía infrarrealista

La libertad y las letras desgarradas

Hay gente ahí afuera que sigue con vida y que conoció en persona o fue amiga de los infrarrealistas. Probablemente hoy están tristes de saber que las vidas de esos poetas se han ido extinguiendo poco a poco, inexorablemente: Roberto Bolaño y Mario Santiago. El año pasado vino la muerte del ensayista, traductor y, especialmente, poeta, José Vicente Anaya. 

Estos nombres, junto a otros 16, son los referentes de su propio movimiento, fraguado bajo el cielo gris de la Ciudad de México, salido de nubes de mariguana y de litros y litros de alcohol y otras sustancias. Antes de que la “poesía de altos vuelos” reconociera la inspiración legítima de unos poetas que se habían subido a la cabeza de un misil que impactó en la cultura, haciendo de su palabra y su poesía una novedad literaria, una muy especial.

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Anaya fue uno de sus principales artífices y quien dio identidad, antes que nadie, a ese puñado de jóvenes que con todo y su corte y pantalones setenteros pretendían deshacer el establishment que imperaba en el medio cultural mexicano de aquellos años, encabezado, según ellos, por Octavio Paz, a quien eligieron, con razón o sin ella, como principal chivo expiatorio de sus actos y sabotajes. 

INSPIRACIÓN

Para aclarar el origen del término infrarrealismo y su adopción en México, hay que recordar la explicación del mismo Roberto Bolaño: “El infrarrealismo es un movimiento que Roberto Matta crea cuando Breton lo expulsa del surrealismo y que dura tres años. En ese movimiento había solo una persona, que era Matta. Años después, el infrarrealismo resurgirá en México con un grupo de poetas mexicanos y dos chilenos”. El cameo del chileno Roberto Matta, que era pintor, como precursor confirma la relación que el infrarrealismo exhibió con el surrealismo. 

Galerie Diane de Polignac

Los infrarrealistas veían en Matta un ejemplo y aliado: el pintor se había arriesgado con una trayectoria como artista libertario e independiente de su propio mundillo cultural chileno. Así se consideraba Bolaño también, y creía que Roberto Matta era, por definición propia, un clásico.

Bolaño es el autor del primer manifiesto infrarrealista: Déjenlo todo, nuevamente (1976), que suele ser el ejemplo más vívido en la sección de esos que ayudan a ilustrar el infrarrealismo, y suele ser vinculado a esa misión de torpedear el oficialismo cultural y político del Partido Revolucionario Institucional de los años setenta.

¿Quién ha atravesado la ciudad y por única música sólo ha tenido los silbidos de sus semejantes, sus propias palabras de asombro y rabia?

El tipo hermoso que no sabía

que el orgasmo de las chavas es clitoral

(Busquen, no solamente en los museos hay mierda). (Un proceso de museificación individual). (Certeza de que todo está nombrado, develado). (Miedo a descubrir). (Miedo a los desequilibrios no previstos).

Por su parte, Anaya fue autor de otro manifiesto infra, Por un arte de vitalidad sin límites, en el que atribuía la rigidez cultural del siglo XX a un diagnóstico: “La gente está enferma de cordura y sensatez”.

Para arreglar eso, Anaya recomendaba reconocer que lo extraordinario pasa cada día; desde captar experiencias nuevas en delicias y placer desplazándose por las texturas vivas de los cuerpos humanos, hasta morir por los movimientos de la libertad; el deseo coyuntural de vivir en las estrellas; ser víctima del coraje de vivir a cualquier costo, cada instante, auténticamente; participar en todos los combates individuales y sociales que provocan las metamorfosis de la vida humana; escuchar todas las voces de la época, la música, vivir la violencia y leer los libros que se configuran en los caminos de los idealistas y los soñadores. El infrarrealismo va de querer penetrar lo aparentemente impenetrable con su poesía, y más tarde, con las otras disciplinas que abrazaron el movimiento después.

Todos los conformistas sufren de cordura y sensatez.

La cordura y la sensatez destruyen la imaginación del ser humano y lo reducen a un plano objetual en el que permanece cotidianamente reproduciendo una vida miserable; el individuo es aplastado por su propia impotencia y conformismo para hacer nada:

los hambrientos dejan pasar el pan frente a sus narices;

los artistas piensan que el arte se termina cuando los publican o exponen sus obras;

los amantes se niegan a aventurarse buscando nuevas respuestas al amor;

los “pensadores” se dedican todo el tiempo a buscar epítetos con los cuales denigrar a sus detractores;

las corrientes políticas se consideran “Demiurgos” con sus teorías inmediatistas, apráxicas, ante la realidad social;

y un millón-por-segundo de etcéteras más.

Anaya decía que “la poesía invita a entrar en ella como quien entra a otro país, y nos enseña y transmite los valores que son tan necesarios en estos tiempos”, y que si bien hay un cliché en los editores comerciales que dicen que la poesía no se vende, él buscó cambiarlo a lo largo de su vida: “No puedo pensar que la poesía se venda o no, sino que la poesía se lee y se entiende; la poesía está implícita en el pueblo, en el lenguaje y en los juicios del pueblo mexicano”.

LA DEMAGOGIA DE LOS ÁNGELES

En 2019 se llevó a cabo en Ciudad de México, la primera Feria del Libro Independiente de Tenochtitlán, que tenía por propósito brindar la oportunidad de mostrar, promover y vender el trabajo de proyectos editoriales y talleres que no reciben subvenciones de ninguna institución gubernamental o pertenecen a alguna de las grandes editoriales que publican libros y revistas. En este evento, Mantra Edixiones llevó el libro póstumo de Ramón Méndez Estrada, Zona de tolerancia, una muestra de la poesía de otro de los cofundadores del movimiento infrarrealista. Antes de fallecer y acompañar al otro barrio a su hermano Cuauhtémoc (que literalmente se ahogó en alcohol), Ramón pudo organizar esta Zona de tolerancia en una edición ilustrada por Carlos Coffen Serpas. 

Me cansó

la estulticia de ser hombre

Yo sé:

cualquier lobo puede también contarme

magníficas historias de corderos perversos,

las lagartijas no saben

que viven en el Tercer Mundo

ni los cerdos pueden

inventar bomba alguna.

Como sostiene Edgardo Mantra, director de Mantra Edixiones, la poesía de Ramón Méndez refleja un trabajo relacionado con los clásicos, pero también un lenguaje que mama de lo cotidiano y que sintoniza en su fase creativa con sus viajes interiores, cargados de sustancias, emociones y lecturas. Mantra ha declarado, con razón, que no sólo la poesía de los hermanos Méndez, sino la de otros infras como Mario Santiago Papasquiaro, Darío Galicia, Mara Larrosa o Pedro Damián, por citar algunos, ha sido relegada del mainstream literario en México.

Ya lo dijo Milan Kundera: “Aquellos que consideran al diablo como un partidario del mal y a los ángeles como guerreros del bien, aceptan la demagogia de los ángeles”.

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