La entrada al vagón de Rodrigo Morlesin
Entrevista

La entrada al vagón de Rodrigo Morlesin

Rodrigo es un hombre que duerme poco, pero que sueña mucho. Creció entre historias plasmadas en libros de aventuras y suspenso, pero paralelamente él se creaba su propio mundo. Al sumársele los años fingió ser como los demás adultos, pero jamás renunció a una herramienta infantil: la imaginación.

¿Quién quiere dormir, si se puede soñar?” ha sentenciado en varias ocasiones el ahora diseñador y escritor de literatura infantil. De gruesas gafas y ojos aceitunados, Rodrigo Morlesin ha diseñado más de 300 libros, en su mayoría dirigidos al público infantil y juvenil. Asimismo es traductor de compendios como: Robot Salvaje y El escape de la Robot Salvaje de Peter Brown, ¡Magia! de Satoshi Kitamura y El misterioso asesinato del Doctor Thallomius de Nicki Thornton, entre otros.

En el campo literario comenzó a ser reconocido luego de lanzar su primera novela infantil Elvis nunca se equivoca, la cual fue editada por Planeta y traducida a varios idiomas.

Con los mismos ojos de niño, el hombre de 49 años se dispuso a teclear lo que sería su segunda novela. Renunciando a la escaleta, Rodrigo se tomó de las manos de los hermanos Jim y Liza para emprender un viaje en tren, ilustrado por Jonathan Farr y que se vive a lo largo de 174 páginas divididas en 20 capítulos que narran las aventuras de estos dos pequeños que poco a poco descubren que se encuentran en un tren de vagones infinitos llenos de personajes excéntricos y paisajes fantásticos. Y aunque la aventura de recorrerlo conlleva algunos riesgos como lobos feroces entre la nieve, los presagios de una aterradora adivina o la furia de los truenos, también les esperan momentos únicos: ver nubes de mariposas, cruzar un bosque de luciérnagas o la maravilla de entrar a una heladería con todos los sabores del mundo.

Se trata de imágenes que también se escuchan, pues la historia cuenta con dos bandas sonoras realizadas por los músicos Roger Ycaza y Mario Porras, un sonido que sin duda le inyecta dinamismo a esta odisea que se gestó una noche en la que en vez de dormir, Morlesin se dispuso a soñar…

¿Cómo nace este segundo libro que realizas para el público infantil?

Comenzó como todas las historias que he escrito, con una idea muy básica que en este caso era un niño que hace un viaje en tren acompañado de su hermana. No premedité nada, yo sabía un poco el final de la historia, pero al mismo tiempo dejé que todo lo que sucediera me fuera llevando a este final, y fue muy divertido observar a Jim y a Liz pasear por este tren que parece que no tiene fin.

Cortesía

Se trata de tu segundo libro, ¿con qué se van a topar los lectores que no hayan visto tu primera propuesta?

Cuando terminé de escribir mi primer novela, yo no me esperaba nada, no me había generado ninguna expectativa con Elvis nunca se equivoca y sin embargo fue una experiencia muy intensa, muy gratificante que a la gente le gustara la novela. A mí ni siquiera me había pasado por la cabeza saber si le gustaría o no a los lectores, y lo que he recibido a partir de entonces han sido sorpresas increíbles. Al mismo tiempo no quería cometer el error de repetirme, de quedarme encerrado en el mundo de las aventuras de Elvis sin antes saber que estaba preparado para hacer algo más, algo diferente, y justo con esta novela me propuse escribir algo que fuera totalmente diferente a Elvis, tanto en la historia como en los recursos creativos y de imaginación a los que recurrí, pero también en las descripciones. Este libro detalla más los escenarios, los ambientes, las texturas, mucho más que en Elvis, así es que se van a topar con algo muy diferente.

Ahora te apoyas en las ilustraciones de Jonathan Farr, ¿cómo fue trabajar con él?

Al momento de terminar de escribir este libro, tanto (editorial) Planeta como yo nos dimos a la tarea de pensar quién podía ilustrarlo. Yo quería un ilustrador que hubiera tenido contacto con los trenes, que hubiera viajado en tren. De repente Jonathan, a quien ya conocía, me platica su historia personal y resulta que su papá había trabajado en los trenes en Inglaterra, y que era un gran fanático de los trenes. Jonathan viajó siempre en tren en sus viajes de verano, porque ahí es donde trabajaba su papá. Así que además de la conexión de viajero, tenía conexión emocional, personal, muy ligada a los trenes, y en ese momento me di cuenta que Jonathan sería el ilustrador ideal. Le propuse el reto de hacer algo diferente a lo que él había ilustrado anteriormente y no sólo lo aceptó, sino que además aportó mucho al libro. Creo que las ilustraciones no son un adorno, en ninguno de mis libros resultan un adorno. Siempre cuentan una parte de la historia, van por un lado diferente de lo que yo platico y añaden a la historia escrita. Este caso es totalmente así, digamos que Jonathan recrea esta misma historia, pero desde una óptica diferente y viendo cosas que cuando uno escribe, tal vez pasaron de largo.

¿Para escribir A dónde va este tren a dónde tuvo que viajar Rodrigo?

Sobre todo a muchos paisajes sonoros, siempre que escribo escucho música. Me interesa mucho y la música es parte importante de mi vida. En la novela anterior era evidente el guiño con Elvis Presley, pero en esta tuve la oportunidad de, por ejemplo, en un gran baile (que se describe en la historia) poner la música del Emperador del Talking, o hablo también de La Danza Macabra de Saint-Saëns. Esa es la música que se ve a lo largo de la novela. Pero también hay música que estuvo presente en el momento de escribir y que también le dio ambiente a la historia. Otra cosa que sucedió, hablando de música, es que Roger Ycaza y Mario Porras, ambos músicos con diferentes bandas en Ecuador, crearon un soundtrack para la novela. En cuanto Jonathan tuvo las ilustraciones, ambos leyeron la historia y pudieron recrear el ambiente, pero desde el lado sonoro. Si los lectores se van a la última solapa de la novela podrán descargar la música de este libro, que es original y que aparte le aporta otro paisaje.

Alicia Kobayashi

¿Cómo es escribir para un público infantil que irremediablemente está vinculado más que nada a la tecnología?

Creo que las niñas y los niños están muy ligados a la tecnología porque es lo que como adultos les hemos dado. Por mucho tiempo los hemos dotado de pantallas y yo no veo mal a las pantallas, no creo que sean el demonio, pero sí me parece que el equilibrio es necesario: el cómo convivir entre la literatura y la pantalla, yo creo que se logra con historias que atrapen. Pero si esta historia (Hacia dónde va este tren) atrapa o no, ya no depende de mí decirlo, le corresponderá a los lectores. Afortunadamente Elvis nunca se equivoca ayudó a que la gente leyera, pero que además leyeran en familia. Este libro yo creo que también contribuye en eso, en que es un libro que puede ser leído por familias, que desata la discusión en familia.

Como todo evoluciona, en la cuestión de la literatura infantil ¿cuál es tu perspectiva de cómo ha evolucionado? No es lo mismo haber escrito para los niños, por ejemplo, de los años 80 a escribir para los niños actuales…

No, definitivamente. Creo que en particular en la literatura infantil mexicana ha habido mucha evolución y justo desde los 80 empezaron a escribirse historias desde una realidad mexicana, pero que cada vez le habla más a todo el mundo y por eso es que autores como Toño Martica o nuevos autores, nuevas generaciones, están siendo traducidos a otros idiomas, porque las historias que se cuentan desde México cada vez tienen más la madurez para ser escuchadas, leídas y apreciadas en cualquier país. Yo tuve la suerte de que Elvis nunca se equivoca se tradujera no sólo a países lejanos, sino que a la vez también muy interesantes como China, Turquía, Japón y Colombia. Y lo que me dice eso es que las historias que estamos escribiendo desde México cada vez resultan más interesantes para todo público, son temas que nos hablan a todos.

¿Entonces cuál sería el panorama de la literatura infantil en México?

Es muy rico, el futuro es prometedor. Se están haciendo libros con temáticas interesantes que le hablan a los niños y a las niñas, pero a la vez que le hablan a todo el mundo, y eso les da la oportunidad de ser entendidos por cualquier persona. Yo creo que el futuro de la literatura infantil mexicana está en todo el mundo.

¿Cuáles serían los retos de las plumas que deciden escribir para los más pequeños?

Los retos a los que hay que hacerles cara, yo creo que tienen que ver con el jugar al tú por tú con las pantallas, pero también con crear historias originales y que a la vez resulten contundentes. Esto de la literatura también es una experimentación constante y cada libro y cada historia es una moneda al aire, ya depende de los lectores el cómo lo tomen. Hay mucho trabajo que hacer todavía para mantenernos en la literatura y en el gusto de los lectores.

Notimex/ Jessica Espinosa

Háblame un poco de tu trabajo en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y cómo lo ligas a tu trabajo literario.

Llevo más de seis años trabajando con la UNESCO y para mí es un trabajo que si no estás convencido o no estás comprometido con los valores de Naciones Unidas en general o de la UNESCO en especial, sería muy difícil llevar a cabo. Para mí es un trabajo perfecto, amo mi trabajo en la oficina, aprendo muchísimo todos los días de mis compañeros y eso también nutre mi trabajo como escritor. En esta novela, por ejemplo, decidí que esa vida diaria de oficina permeara pero a manera de ficción, entonces en el gran banquete que hay en un salón de baile dentro de la novela hay comida de todo el mundo, hay un vagón biblioteca gigante en que encuentra uno referentes a las mezquitas de Medio Oriente con estos mosaicos increíbles que tienen. Hay una selva en medio del tren, hay un vagón selva que tiene que ver con los temas que se tratan en la UNESCO, con el amor que se le tiene a la educación, a la ciencia, a la cultura y que traté de llevarlos al libro, pero también filtrarlos por medio de la imaginación y convertirlos en algo más, en algo diferente a la vida diaria. Definitivamente mi trabajo diario me enriquece no sólo en el oficio de diseñador, sino también en mi faceta como creador de historias y eso me encantó porque nunca lo había hecho, nunca había combinado de manera consciente los mandatos de la UNESCO con algo totalmente ficticio.

¿Te quedarías con un personaje en particular de esta nueva novela?

Aún me cuesta trabajo decidirme, les tengo tanto cariño a todos que aún no me decido por uno.

¿Qué recomiendas a los padres que quieren acercar a sus hijos a la lectura?

Que los padres también lean. Yo apelo mucho a la literatura como entretenimiento, como una manera de divertirse, de viajar, de pasar un buen momento, entonces cuando los papás empiezan a preguntarle a la niña o el niño ‘qué leíste, dime de qué se trataba y por qué’, ahí rompen un poco el encanto del disfrutar. Yo soy de la idea de que lean en compañía, de que los papás, los abuelos, los tíos, lean juntos y que puedan discutir los libros, que las preguntas que se planteen sean porque ambos leyeron la historia y tienen puntos de vista diferentes; porque de esa manera no sólo van a conocer mejor a sus hijos, o sus sobrinos o sus nietos, sino que también van a generar un lector más crítico porque van a ver en ese niño o en esa niña una visión completamente diferente a lo que ellos vieron al momento de leerlo.

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