Aspira, inspira
Nuestro mundo

Aspira, inspira

Nuestro Mundo

No me sorprenden para nada las declaraciones de los políticos. Estoy de acuerdo que entre más hablas más te equivocas porque es una cuestión simple de probabilidad, sin embargo, a sabiendas que la política es palabra y acción, hay de discursos a discursos. Mi asombro es tal que de pronto pienso cuando hay mucha controversia en lo que se dice, que es parte de una trama bien diseñada para que todos los reflectores incidan en los prominentes que tuvieron dislates verbales.

Independientemente de si existe o no el concepto de aspiracionista, a lo que da a lugar, más allá de la crítica, es a pensar en el tema de la aspiración como parte de una manera de pararte en el mundo. Aspirar es llenar de aire los pulmones, ¡es la vida!, también es pretender o desear algo, los seres humanos vivimos siempre pretendiendo y deseando, ¡es la vida!, en la teología mística, dice el diccionario, es el afecto encendido del alma hacia Dios, que, ¡también es la vida!

Aspirar, como casi todo, no es bueno o malo por sí mismo, es una necesidad que contenida o no está latente. En las diferentes corrientes de pensamiento se expresan también las aspiraciones. Los humanistas “anhelan y se esfuerzan por alcanzar un mundo de asistencia e interés mutuos, libre de crueldad y de sus consecuencias, en el cual se resuelven las diferencias por medio de cooperación sin recurrir a la violencia”, eso también es aspiración. Los librepensadores aspiran a que la lógica, la razón y el empirismo construyan la verdad. Los populistas aspiran a que el poder emane del pueblo.

Y así podríamos encontrar que la aspiración es inmanente a la existencia humana. Tal vez lo que nos distingue sea el tipo de aspiraciones que están rigiendo la vida. Los baby boomers fuimos formados en la aspiración, recuerdo las frases que escuchaba una y otra vez: “tienes que estudiar para ser alguien en la vida”. El esfuerzo va de la mano con aspirar, porque cuando de verdad quieres vivir de una manera distinta a tu realidad tienes que esforzarte más para obtenerlo. Un título académico, una mejor casa, un viaje, adquirir un conocimiento, recibir un reconocimiento, dar a otros algo de lo que tu tienes, escoger a un hombre o una mujer con la que puedas tejer sueños, como padres aspiramos a que los hijos sean felices y entiendan de lo que va la vida, un sacerdote aspira a convertir a los descreídos, un médico a curar a un enfermo.

Las aspiraciones las condiciona el entorno, el lugar donde naciste, la familia de origen, los amigos que elegiste, las actividades laborales y sí, es verdad, las posibilidades económicas y académicas. Pero ¿quién se puede erigir en juez para descalificar a lo que se aspira? La mesura con la que se emplea el dinero es otra cosa, pero debemos entender que todo parte de situaciones personales que dan lugar a necesidades, por ejemplo, conozco el caso de una persona que no concibe tener su refrigerador vacío o la despensa con poca comida porque el recuerdo de su infancia, donde estuvo presente el hambre, le pone mal, para él su aspiración cotidiana es eso.

Tengo cerca otro caso, una persona, hoy exitosa, que durante su infancia sus padres solo podían comprarle un par de zapatos al año, los mismos que se ponía para la escuela y para jugar futbol y para ir a misa, zapatos que llevaban a que cada tres meses les pusieran doble suela y tacones, al crecer, esta persona desarrollo una obsesión por comprar zapatos, tenia de todos los colores y estilos, un buen día, al contar los zapatos que estaban perfectamente limpios y acomodados en su vestidor, se dio cuenta por qué había comprado tantos, reconoció el dolor de infancia que le causaban los zapatos que apretaban tanto porque su pie crecía de un año para otro, o la vez que se le encajó un clavo porque la suela era tan delgada que dejaba pasar todo. El aspiraba a tener más zapatos que nadie para superar eso que vivió.

La verdad es que las aspiraciones están tan ligadas a las experiencias, que es por eso que no podemos determinar que alguien está equivocado por tenerlas.

Si pretendemos ligar la aspiración al consumo corremos el riesgo del juicio de la parte por el todo, entiendo que los “excesos” de la sociedad posmoderna son una realidad, la competitividad la hemos confundido con estar siempre por encima de los demás y en todos sentidos; las 30 bolsas de marca que representan cientos de miles de pesos para definir el estatus económico, las trufas belgas traídas ex profeso para la cena de cumpleaños para que se note que hay. O las camionetas de campo que hoy se han convertido de ciudad para poder ser distinguido como parte de un pequeño grupo al que no todos pueden “aspirar” a estar.

Aspirar es creer en ti y en tu capacidad de hacer de la vida lo que tú quieras. No renuncies a ello, aunque haya quien quiera que lo hagas. Tus aspiraciones pueden inspirar a alguien, no lo dudes.

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