Marina Abramović
Arte

Marina Abramović

Presencia y cuerpo performático

Con tal de mostrar las facetas oscuras de la humanidad, se le ha visto presentarse frente a la audiencia esperando que hagan de su cuerpo lo que quieran; colocarse frente a un arco que apunta a su corazón, lacerando su abdomen en forma de estrella; o convirtiendo actividades cotidianas en un martirio frenético, como peinarse o limpiar su cuerpo hasta el cansancio. No se puede discutir que ha realizado imágenes que se han vuelto icónicas y que siguen siendo parte de la discusión artística actual.

Riesgoso o no, el trabajo de Marina Abramović no puede reducirse a la mera búsqueda de los límites del cuerpo, sino que estos se convierten en una herramienta para la reflexión artística, de la que no escapan, en ningún sentido, lo visual y lo emotivo.

FUSIÓN ENTRE ARTE Y VIDA

Marina Abramović es una artista serbia conocida por sus performances. Su principal medio es su cuerpo, convirtiéndose ella misma en vehículo de un mensaje.

Entre sus logros más recientes está el haber ganado el Premio Princesa de Asturias, galardón entregado por el heredero al trono español para reconocer la labor científica, técnica, cultural social y humana de personas, asociaciones o instituciones en relación con el ámbito hispano.

Abramović surge en un periodo en que el performance había sido instituido y reconocido en el terreno de las artes conceptuales, un tiempo en que parecía no haber suficiente cabida para el género, que ya había sido explotado por figuras imponentes como la del estadounidense Allan Kaprow o el alemán Joseph Beuys. El tiempo del movimiento artístico Fluxus y su labor performática se había desarrollado, pero la artista concretaba su carrera trasladándose a un espacio más cercano al conceptual. Al igual que sus coetáneos, se convirtió en multidisciplinar al incorporar performance, sonido, video, escultura y fotografía en sus obras.

La artista está presente (2010). Foto: thetimes.co.uk

Desde un punto de vista superficial, se puede observar que el cuerpo de su obra se vuelca hacia lo conmocionante, pues sus creaciones giran en torno al enfrentamiento de situaciones peligrosas o extenuantes. Sin embargo, el fin último va más allá del impacto, puesto que la búsqueda metodológica de la sensación, sus efectos e incluso la participación de la audiencia, forman parte de la naturaleza de sus performances. Más aún, en sus acciones abre temas como la naturaleza destructiva del ser humano, lo tortuoso de las relaciones, y lo extraño que nos parece el cuerpo y su contacto.

Por otra parte, decidió trabajar desde una de las búsquedas más antiguas del arte, que es el difuminar la barrera entre el arte y la vida; yendo más allá en esta labor, se abocó a la fusión del arte con el artista mismo. Esto no dista de lo que han hecho todos los dedicados a la performance, y quizás eso sea suficiente para poner en duda la validez de algunas de sus obras, pero la verdad es que es posible valorar la implicación que esta artista tiene con sus propias creaciones.

EL PESO DE LA PRESENCIA

La vanguardia contracultural de Marina Abramović alcanzó mayor difusión cuando dejó su lugar de origen para trasladarse a Amsterdam, luego de lo cual fue catapultada hacia el ojo público al ganar el León de Oro de la Bienal de Venecia por su obra Barroco balcánico (1997).

La obra hace referencia a la aniquilación suscitada en su tierra de origen, Yugoslavia (aunque su nacionalidad es serbia), en la década de los noventa. El país se vio azotado por la despiadada intervención y exterminio de su población por parte de Estados Unidos y las potencias europeas en la transición hacia una división de bloques ideológicos (el capitalismo y el comunismo).

Inspirada en estos hechos, Abramović realiza la obra Barroco balcánico en un sótano oscuro, con instalaciones de video junto con tres esculturas que contienen agua como símbolo de purificación. En la foto más memorable de este proyecto, la artista aparece en una bata blanca sobre más mil 500 huesos de animales. La imagen es macabra e intensa, pero de suma calidad estética.

Barroco balcánico (1997). Foto: paesesera.toscana.it

Uno de los videos presentados representa a un padre con un arma y a una madre cruzada de brazos. Ambos se tapan los ojos como recordando el horror, poniendo en tela de juicio la implicación que tuvieron los pobladores en los hechos como testigos impotentes.

Pero la aparición de Marina Abramović como figura global, incluso cercana a la cultura popular, se da a partir de la obra La artista está presente (2010) en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), un happening (situación donde participa el público), en que se colocó en una mesa con un vestido largo y rojo para sostener la mirada con quienes quisieran presentarse frente a ella, en un acto cercano a la meditación frente a frente, que deja ver la dificultad de aguantar la mirada de otra persona. Se realizó durante ocho horas al día durante tres meses, sosteniendo la mirada con cerca de mil extraños, algunos conmovidos hasta las lágrimas.

El acto que concluyó el happening fue que Ulay, compañero artístico y sentimental de Abramović, se presentó para sostener la mirada de la performer. Hoy se sabe que esa acción fue pactada, contrario a lo que se hizo creer en un principio, pero la historia se convirtió en un momento icónico para la artista.

LA VULNERABILIDAD Y SUS LÍMITES

Según la Revista europea de estudios sobre la mujer (2004), Abramović trabaja sobre la espectacularización del cuerpo. El material que utiliza la artista puede hacer daño real o matar, pero también puede dar lugar a símbolos que se codifiquen como una experiencia específica.

En el caso de Ritmo 0 (1974), Abramović se dispuso a quedarse sin mover en una mesa, a pesar de lo que el público pudiera hacer con ella. Se colocaron 72 objetos sobre el mueble y una inscripción que aseguraba que estos se podían utilizar sobre ella durante seis horas. Algunos de estos objetos daban placer mientras que otros podrían matarla; entre ellos había un arma cargada y una rosa.

Ritmo 0 (1974). Foto: afisha.ru

La acción, en palabras de la misma artista, se relaciona con la vulnerabilidad y sus límites. Hasta qué punto ella podía estar vulnerable y hasta dónde podían llegar las relaciones de poder y la faceta agresiva del ser humano. De esta manera se objetivizó quedando a merced de su público.

Algo que se observó en esa performance fue que las mujeres casi no tomaban la iniciativa de usar los objetos, y cuando lo hacían era porque un hombre les había dicho qué podrían hacer. La actuación, que duró desde las ocho de la noche a las dos de la madrugada, fue ascendiendo en agresividad. Le cortaron la ropa y el cuello; su estómago fue atravesado por espinas de rosas y, de echo, uno de los participantes le apuntó con el arma a la sien; otro se la arrebató para detenerlo.

Esta representación cuestiona la distancia entre el actor y el espectador, el nivel de implicación que este último tiene en la obra, en este caso facilitado por la naturaleza del happening. Es a través de esta configuración que se hace énfasis en la objetivación e inercia de un cuerpo sin decisión. Según la profesora asociada del Departamento de Filosofía y Estudios de la Comunicación de la Universidad de Bolgna, Cristina Demaria, es debido a esto que el trabajo artístico de las mujeres recae en un cuerpo que no ha tenido voz, y que gracias a la enorme potencia de las artes, se hace un lugar imprescindible.

Ritmo 0 es una de las performances más recordadas y representativas, que se ha convertido en ícono más allá de la autora. A pesar de su aparente sencillez, su potencia radica en la audacidad con que se hace su planteamiento, exponiendo a una audiencia a la que se dejó interactuar casi sin limitaciones.

FICCIÓN Y VIDA

Otras obras menos conocidas de Abramović tienen una potencia visual más marcada. En palabras de ella misma, en entrevista para la revista Flash Art, los artistas en los años sesenta se preocupaban poco por documentar su trabajo. Eran las reacciones del público y la prensa las que hacían que existiera registro; mientras que el arte, especialmente el performance, se mantenía en un lugar marginal en que rompía con las estructuras tradicionales de exposición y mercado del ámbito artístico.

Desnudo con esqueleto (2004). Foto: myweb.students.wwu.edu

Sin embargo, la preocupación de Abramović por lo visual en algunas de sus obras posteriores, parece indicar que continuó con una tendencia del arte neoconceptual. Sus primeros esfuerzos se centraron en la desmaterialización del arte, enfocándose únicamente en la acción y no en su registro; pero sus obras posteriores pugnaron por re-materializarse, quizás en un gesto que le traía la atención de las nuevas audiencias.

En Desnudo con esqueleto (2004), se tomó fotografía, video y finalmente se realizó una presentación en vivo. En sí, la acción de presentarse junto con un esqueleto no contiene más potencia que la imagen poética producida a partir de ello. Evoca un ejercicio tradicional budista realizado por los monjes tibetanos, en el que duermen junto a muertos en varios estados de descomposición. La acción es una especie de vanitas en la que el cuerpo vivo respira pausadamente en contacto con un esqueleto, uniendo vida y muerte en un mismo lugar. Los huesos se mueven mediante esta respiración, siguiendo los movimeintos del cuerpo vivo. La propia mortalidad y el dolor ante ella, son conceptos con los que trabaja la autora.

En The Biography Remix (2004) aparecen imágenes sugerentes que exageran el mismo trabajo de la autora, dando como resultado una distancia entre lo representado y la vida real. Si bien la performance trata de incidir directamente en la vida, el ejercicio de teatralizarla la devuelve a lo ficcional. Las imágenes pueden ser tan sugerentes como la pareja de Abramović y el esqueleto al frente de un recital junto a un coro; o un crucifijo del que cuelga la misma artista, una imagen de un erotismo inquietante que incide en el espectador, que sugiere y transgrede.

La performance es un diálogo directo de energía, el teatro es diferente”. En The Biography el ejercicio es claro: convertir la vida en una puesta en escena; es una hipérbole de la vida y obra de Abramović. La mejor forma en que ella puede relacionarse con eventos dolorosos es llevarlos al escenario, para distanciarse de ellos. Es un recorrido que lleva a acciones audaces e intensas, a una vida que se ha convertido en su propia obra.

The Biography Remix (2004). Foto: Twitter

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