Los Rupestres
Reportaje

Los Rupestres

La otra cara del rock hecho en México

[...]ánimas rolando en la ciudad,

ánimas urbanas rupestreando en algún callejón

rondan las esquinas

parques y avenidas

llevan al ambiente su presencia

de un intenso dolor

en el viento hay un presagio

por las calles una voz...

(Ánimas, Roberto González)

Cuando se piensa en rock hecho en México es fácil vincular a bandas como Caifanes, Café Tacuba, La Maldita Vecindad, El Tri, entre otros. A la mayoría de los mexicanos el sonido nos resulta familiar, coreamos sus canciones; la radio les da espacio, llenan conciertos. Pero… poco (y no por falta de calidad) se habla del otro rock, del marginal, del de las voces que emergieron de rincones inciertos y en Tiempo de híbridos: Los Rupestres.

¿Qué y quiénes son Los Rupestres? Es similar a cuestionar ¿Qué es la poesía?: cualquier definición que se le otorgue quedaría fuera de sí misma. Lo que sí se puede acentuar es que se trata de un movimiento que se gestó de manera natural. Era principios de los años 80’s y surgía en la Ciudad de México un grupo de músicos que se desmarcaban del sonido de la época. Su propuesta se alejaba de banalidades para cantar, a través de letras sustanciosas, sobre la vida real y los pliegues más sensibles del ser humano.

Andaban dispersos, pero, poco a poco, esas almas se fueron reconociendo. Fausto Arrellin (un rupestre) así lo narra a través de su texto Los rupestres (el principio de los tiempos). Él, escribió, salió del rock de los hoyos (u hoyos fonky). Una cosa llevó a otra y después, por una serie de circunstancias, se realizó una reunión en la casa de Rafael Catana (otro rupestre). Ahí se puede identificar el inicio de lo que se nombró, luego, como El Movimiento Rupestre.

Escuché el Metro Balderas por primera vez, la guitarra pasó de mano en mano y cuando de nuevo se estacionó bajo esos lentes y esa gorra, los acordes de No tengo tiempo de cambiar mi vida llenaron el espacio y algo cambió”, escribió Fausto Arrellin en el mismo texto sobre el momento en que conoció al legendario Rodrigo González (Rockdrigo), otro de los músicos rupestreros que propusieron una manera diferente de hacer y vivir el rock.

Captura del video musical Estación del Metro Balderas (1992) de Rockdrigo González. Foto: Youtube

VOZ RUPESTRE

Fausto Arrellin, músico, editor, trabajador en pro de la sustentabilidad y rupestre activo, será la voz que nos guie a conocer más sobre el momento y las circunstancias que unieron a varios inquietos musicales que dejaron su huella y revolucionaron (tal vez sin querer y sin darse cuenta) la historia musical de México.

Primero, Arrellin explica que “eso del Movimiento Rupestre es una especie de entelequia muy rara, creada básicamente por los fans, y no por los fans de la época, sino por los fans posteriores. En el tiempo que se hace esta reunión (en casa de Catana), yo siempre la he considerado una reunión de cuates que coincidimos por muchas cosas: por nuestra edad, por lo que habíamos pasado en nuestra juventud, que fue el movimiento del 68, la masacre del 71 y el auge del rock mexicano de finales de los 60’s y principios de los 70’s, y la propiciación en México de mucha gente que venía de las dictaduras de Sudamérica. De algún modo, con su música y la gente que los rodeó, se creó una cópula”.

Todo lo vivido, dice, le otorgó a este grupo de jóvenes músicos una visión muy específica de la realidad “bastante desencantada que se notaba en nuestras composiciones. Además la mayoría éramos personas de lectura, teníamos mucha cultura adquirida en base a la literatura. Eso nos hacía un poco apartados a lo que se estaba haciendo en el rock de ese tiempo, que era básicamente un fusil de las cuestiones extranjeras”.

Clavados en la realidad, Los Rupestres no buscaban imitar, lo que querían era dar en la llaga y pronunciar lo que estaba ocurriendo en ese momento en el país. Así lo retratan sus canciones, que en su estructura, todas llevan la sustancia de la experiencia de los mismos autores.

La gente que iniciamos este rollo, que es Rockdrigo González, Catana y yo, somos gente que provenimos de distintos espacios. Catana proviene más de los movimientos de izquierda con influencia marxista, yo vengo de los hoyos fonkys, de los sindicatos obreros y Rockdrigo, de Tampico, venía de un rollo más hippie. Cuando nos juntábamos, eso le daba una característica muy especial que llamaba la atención, sobre todo a los muchachos que en ese tiempo estaban estudiando en el CCH (Colegio de Ciencias y Humanidades), que la mayoría de sus maestros habían transitado por el 68, y habían participado en el comité de huelga”.

Sobre una base politizada de izquierda y con marcadas influencias literarias, fue que se dio la unión de talentos que no encontraban cabida en lo que se estaba haciendo musicalmente hablando en el país en aquel tiempo. Nada fue provocado, lo de Los Rupestres fue orgánico, un grupo que no decidió serlo, y que no obstante, en lo individual, supieron (cada quien) defender su autonomía.

Los “hoyos fonky” a los que se refiere Arrellin, eran casas en estado ruinoso, fábricas abandonadas y cines o teatros medio derruidos. Fueron los lugares que le dieron vida al rock mexicano en un ambiente con tintes de represión y censura por parte de los gobernantes. Foto: Threesouls.blogspot.com

EL MANIFIESTO

Los músicos rupestreros acechaban espacios en donde poder presentarse, encontraron una oportunidad en el Museo del Chopo. En ese tiempo su directora era la escritora Ángeles Mastretta, quien le encargaba los eventos musicales al promotor cultural Jorge Pandoja, hombre que le dio la misión a Rockdrigo de redactar un Manifiesto Rupestre, el cual escribió y que reza:

No es que los rupestres se hayan escapado del antiguo Museo de Ciencias Naturales ni, mucho menos, del de Antropología; o que hayan llegado de los cerros escondidos en un camión lleno de gallinas y frijoles.

Se trata solamente de un membrete que se cuelgan todos aquellos que no están muy guapos, ni tienen voz de tenor, ni componen como las grandes cimas de la sabiduría estética o (lo peor) no tienen un equipo electrónico sofisticado lleno de sintes y efectos muy locos que apantallen al primer despistado que se les ponga enfrente. Han tenido que encuevarse en sus propias alcantarillas de concreto y, en muchas ocasiones, quedarse como el chinito ante la cultura: nomás milando.

Los rupestres por lo general son sencillos, no la hacen mucho de tos con tanto chango y faramalla como acostumbran los no rupestres, pero tienen tanto que proponer con sus guitarras de palo y sus voces acabadas de salir del ron; son poetas y locochones; rocanroleros y trovadores. Simples y elaborados; gustan de la fantasía, le mientan la madre a lo cotidiano; tocan como carpinteros venusinos y cantan como becerros en un examen final del conservatorio.

Sobre este, Fausto Arrellin comenta que se trata de un escrito que Rockdrigo hizo a título personal y en manera de broma. “Él no preguntó nada, él simple y sencillamente lo escribió porque le pareció gracioso. Nosotros cuando lo oímos lo aplaudimos, nos dio mucha risa, pero en realidad el Manifiesto Rupestre al único que describe es a Rockdrigo. Muchas de las cosas que él habla, por ejemplo, tocar con una simple guitarra acústica, a mí no me acomoda”.

Qué es rupestre y qué no es rupestre, se le pregunta entonces a Arrellin: “Primero ser rupestre somos esos tipos que nos juntamos ese día y que tenemos esas influencias literarias y que hicimos canciones con gran calidad poética y con profundidad también en la cuestión de expresar cosas. Expresar sentimientos de una manera que jamás se había hecho antes. Los que considero no rupestres, como los definía muy bien Rockdrigo: ‘Los Rupestres son gente que no anda con tanto chango y faramalla, como los no rupestres’ y para extender eso decía: ‘se echan pedos por la orejas, se creen más de lo que pueden ser’. Para ser rupestre hay que ser muy complicado y todo, pero al mismo tiempo muy sencillo, sobre todo honesto”.

Museo del Chopo. Foto: Wikipedia

Redactado el manifiesto, se organizó la primera tocada en el Museo del Chopo los días 15, 16 y 22 de noviembre de 1983. Arrellin escribe que un día antes del evento, Rodrigo de Oyarzabal (productor de programas en Radio Educación) sintetizó al aire el nombre del evento Festival de la Canción Rupestre y los bautizó, ahí, como Los Rupestres.

La propa anunciaba: tres días, siete cantantes, cien rolas, solistas y acompañadistas, Foro del Dinosaurio, 19:00 hrs. 200 varos; Rockdrigo González y Roberto González el primer día, para el día siguiente: Jaime López (con todo y Cecilia Toussaint), Eblem Macari y Rafael Catana (acompañado de Mario Mota y el que esto escribe); para terminar la tercera fecha con: Memo Briseño y Alejandro Lora (en dueto) y Roberto Ponce (acompañado por el grupo Zen). Todo esto hubiera quedado en una tocada más del desarticulado movimiento rockero de la ciudad, sin embargo representó un atractivo inusual y la gente abarrotó el foro del Museo del Chopo desde la primera presentación, como un reguero de pólvora (¡qué frase!). La mención de que algo nuevo había surgido (no se sabe qué) iluminó nuestras vidas”, escribe Fausto Arrellin en Los Rupestres (al principios de los tiempos).

LUCHA POR EL ESPACIO Y LA MUERTE DE ROCKDRIGO

Luego de esa primera tocada, y ya identificados como Los Rupestres, estos músicos siguieron cazando espacios en dónde poder presentar su propuesta. Nos les resultó nada fácil debido a que todos, juntos o separados, representaban a la contracultura y no figuraban en nada de lo que era bien aceptado.

Desde la década de los 60’s y principios de los 70’s, los medios comerciales de comunicación se cerraron para el rock, específicamente bajo una consigna gubernamental.

En Rupestre, el documental, el periodista Raúl de la Rosa enfatiza que era una época en la que había una gran represión y prohibición a todo lo que sonara joven o a rock. “Después de la experiencia de la banda Chicago en el auditorio nacional y de Avándaro (festival de rock) se estigmatizó y se prohibió todo”. Fueron eventos que según la versión oficial se salieron de control, la razón: la juventud nacional no estaba lista para ese tipo de espectáculos. El gobierno los prohibió totalmente.

Lo bien visto, era, por ejemplo, todo el asunto de lo vernáculo “y esa cuestión no pertenecía a nuestro rollo. Nuestra forma de expresar no era muy bien vista por los medios de comunicación y al no ser bien visto, las posibilidades de trabajo también eran menores, enfrentábamos a lo que nosotros llamamos el sistema”, enfatiza Arrellin.

Boleto de entrada para el festival de rock Avándaro. Foto: Twitter

En esa necesidad surgen, de la mano de Los Rupestres, las primeras manifestaciones culturales manejadas por la propia sociedad civil. Las nuevas generaciones comenzaron a rechazar a la política y marcaron una pauta de cómo se vivirían las expresiones artísticas tiempo después.

En el material audiovisual antes mencionado, Armando Ponce del Semanario Proceso declara que Los Rupestres alteraron la visión que se tenía de la ciudad, del estado y del país. “Para una generación incluso como la del 68, el país no ofrecía una visión de desencanto, sino que era salvable; las expresiones de la música de Los Rupestres no son expresiones de salvación, es una expresión de un desastre que ha ocurrido y que ya no podemos modificar, lo que queda es la expresión del poeta, la expresión lírica, la expresión del individuo”.

Ya se escribió: había adversidades, pero el grupo de contestatarios, por su cuenta o juntos, siguieron compartiendo sus rolas en donde se podía, ellos mismos generaban los espacios y repartían volantes de sus eventos. En su caso, Fausto Arrellin trabajaba en tocadas con Rockdrigo. “Pasé a formar parte del grupo Qual y con el Rockdrigo nos sobraba la chamba, decenas de tocadas y una obra de teatro escrita por José Agustín -donde interpretábamos la música del Rodrigo- fueron el pan de cada día hasta aquel inevitable 19 de septiembre”.

Roberto González (rupestre) narra a través del documental, que luego de una tocada que realizó junto con Rockdrigo, este último decidió ir a su casa en lugar de acudir a una fiesta. “No quiso ir a la fiesta, tenía unos compromisos y se quiso regresar a su casa. El terremoto me despertó, pero me di la vuelta y volví a dormir. Al día siguiente, al medio día, prendo la televisión y entonces me doy cuenta de lo que había sucedido. Llamé a Rockdrigo porque él vivía en la zona más afectada y el teléfono sonaba ocupado”. El edificio en el que vivía Rockdrigo se desplomó en el temblor de 1985. Sepultado quedó su cuerpo, pero su legado musical continúa vivo en las voces y guitarras de Los Rupestres, sus hermanos del asfalto.

Roberto González, que cabe mencionar también falleciera el pasado 21 de mayo por motivo de una larga enfermedad, escribió la canción Ánimas que describe la esencia rupestrera que siempre abrazará el recuerdo de Rockdrigo:

Animas, urbanas rupestreando en algún callejón

rondan las esquinas

parques y avenidas

llevan al ambiente su presencia

de un intenso dolor

en el viento hay un presagio

por las calles una voz

uno de los muertos canta

sale un blues de algún rincón

mientras más tiempo pasa más te extraño Rodrigo...

Estragos del terremoto de 1985. Foto: knews.cc

Asimismo, como forma de homenaje, una estatua de bronce del también llamado Profeta del Nopal se mantiene erguida en la estación Balderas del Sistema de Transporte Colectivo Metro en la Ciudad de México, un lugar del pueblo que el músico tampiqueño retrató a través de su popular canción Metro Balderas.

APORTACIÓN

Según algunos expertos en música, una de las aportaciones que dejó el Movimiento Rupestre en la escena nacional fue, primero, ofrecer rock en español. Luego, se puede hablar de la profundidad y el sentido de sus letras, que en su mayoría contenían una crítica social.

Eso que se define como rupestre no deja de tener una característica muy especial y es el hecho de haber escrito letras que no eran usuales, ni en el rock, ni en la música en general”, sentencia Fausto Arrellin.

Por ejemplo la rola El huerto, considerada por la crítica musical como el Himno del Movimiento Rupestre, escrita por el ya fallecido Roberto González, lanza cuestiones como:

¿Y con qué fin,

Toda esta dialéctica en la historia?

¿Para qué ir al paraíso estando muertos?

¿Para qué alcanzar la gloria estando vivos,

Si la gloria está muy lejos de este huerto?

Sobre esta, el autor declaró en su última entrevista que otorgó a Proceso que “es una canción que la he visto de muy distintas maneras a través de diferentes épocas, depende del berrinche que me aquejaba. Me gusta que a mucha gente le agrade y que se hayan hecho varias versiones interesantes, solidarias, esclarecedoras. Yo oigo alguna versión de El huerto y comprendo cosas, porque cada quien interpreta de forma distinta o específica las canciones. Cuando oyes a alguien cantarla te das cuenta en qué hace hincapié, qué subraya, qué dice con una sonrisa o con un gesto. Te va enseñando y eso me gusta… La canción ya no es mía. He llegado de repente a lugares donde la oigo, la cantan y ni saben de quién es… Algunas veces la han llegado a adjudicar otros autores. Es una canción que me rebasó”.

Foto: Freepik

La riqueza lírica de las letras rupestreras detonó en la hechura de Rupestre, el cancionero, un libro editado en el 2014 que recopila varias de las canciones más emblemáticas de este movimiento musical, entre las que se encuentran Llévate lejos tu blues (Nina Galindo), No me espantes (Fausto Arrellin), Yo no nací en la Huasteca (Eblen Macari), Brindis por una difunta (Roberto Ponce), En la estación de Guadalajara (Rafael Catana), Nunca dejaré que te vayas (Carlos Arrellano), El viejo rip (Rodrigo González), entre otras.

Fueron las influencias literarias y el no desmarcarse de la realidad, el sustento principal, según Fausto Arrellin, de las rolas que aventaba cada uno de los rupestres. “(Estábamos) muy influenciados por escritores como (Jorge Luis) Borges, de la literatura de los años 70’s, textos de ciencia ficción, algunos de psicología, por ejemplo la música de Rockdrigo se dio ligada a mucha poesía, [...] de echo Catana pertenece al grupo de poetas llamados los infrarrealistas, a los que pertenecen gente como (Roberto) Bolaño”.

El promotor cultural Jorge Pantoja declaró para el periódico La Jornada que la trascendencia de los rupestres se puede observar actualmente en fondas, en las que al sabor de una comida corrida se escuchan las profundas canciones de Rockdrigo González en la voz y la guitarra de chavos que buscan ganarse unas monedas. “Otros ámbitos donde se oyen esas composiciones es en las micros y en los camiones, en los que el hombre-orquesta tañe una lira y sopla una armónica para recordar la rola Metro Balderas, ya sea en la versión de Rockdrigo o la de Alex Lora”.

La independencia y la autogestión, fueron otras de las características de Los Rupestres, quienes con el sentimiento de querer hacer música libre y profunda, se desprendieron abruptamente del rock que se conoce como hecho en México.

El rock nacional mira hacia otros lados desde hace mucho. Te puedes dar cuenta en las letras. Regresó a la noñez y a la simplicidad y sí, tú puedes ver a grupos que tocan muy duro, muy fuerte y todo, pero a mí me parece un infantilismo terrible. Yo no he escuchado cosas interesantes. Se lanzan al espacio para evitar meterse con la realidad […] no hay una propuesta específicamente estética que le pudiera dar el rango de artístico, siento que nada más son productos de venta y era lo que precisamente nosotros estábamos en contra”, expresa Fausto Arrellin.

El músico Jorge García Montemayor enfatiza en su declaración para el documental dedicado al movimiento, que el valor de Los Rupestres recae justo en el hecho de ser ellos mismos “y bregar contra las reglas mercantilistas que no dejan cabida a la independencia”.

Monumento de Rockdrigo en la estación Balderas del metro de Ciudad de México. Foto: Twitter

Para Arrellin el aporte real de los rupestres a la música mexicana tiene que ver con otorgar una visión muy cruda y a la vez muy vital: “en el caso de nosotros la letra dice, es la muestra de los habitantes (sobre todo de la ciudad), y sus encuentros y desencuentros con la realidad, con el poder, con el amor, con la droga, es decir, con todo lo que le rodea con una visión muchísimo más clara. Hay definiciones más específicas para las cosas, porque también hay recursos, existe la posibilidad de decirlo, eso es gracias a la capacidad que tenemos de lectores. Eso nos permite tener una capacidad de definir las cosas”.

LOS PERSONAJES

Al teclear Movimiento Rupestre en el web salta en primera instancia una fotografía que se presume como la emblemática de Los Rupestres. Capturada por Virgilio Rodríguez, en la imagen aparecen: Rockdrigo González, Roberto González, Nina Galindo, Eblen Macari, Rafael Catana, Fausto Arrellin y Roberto Ponce. Sin embargo, otros nombres como Carlos Arrellano, Gerardo Enciso, Armando Rosas, Jaime López, e incluso Armando Palomas, también son considerados como rupestres, esto a pesar de que algunos no se reconozcan así.

Arrellin explica en su texto que habla sobre el principio del movimiento que: “algunos de mis amigos aquí nombrados, ante esta pregunta (¿Qué son los rupestres?), muestran desde desprecio hasta incomodidad, pasando incluso por el azoro. Unos contestan tajantemente ‘yo no lo soy’, otros ai (sic) se lo van acomodando y otros (que ni conozco) orgullosamente se lo apropian. Hay también «expertos» musicales que lo utilizan peyorativamente para decir que la música que tocan los rupestres utiliza «tonos sencillos» (como si las tonalidades no fueran relativas). Bueno hay hasta quien se dice inventor de este «movimiento», algo que ha sido creación de la necesidad del público (pues él es el único que a fin de cuentas decide quien es o no rupestre) y del aferre y la amistad de un núcleo de artistas”.

Es así que Arrellin se aventura a sostener que la mayoría de los nombrados rupestres vienen de tradiciones rocanroleras (blues, rythm and blues, rock de los 60’s y los 70’s), además de un conocimiento de los estilos musicales mexicanos (el huapango, el son, el bolero). Asimismo han participado con o en grupos de rock y sus letras narran experiencias vitales relacionadas con la ciudad y los personajes que viven en ella.

Como dato adicional, Nina Galindo está considerada como la única mujer que es parte de esta forma de vivir el rock. Actualmente y basándonos en la icónica fotografía, son Rockdrigo González y Roberto González los únicos rupestres que han fallecido; los demás, testifica Arrellin, siguen haciendo música.

Por último, el autor de El primer aguacero del año comparte que: lo de nosotros fue muy orgánico, muy solidario. Eso creo marca mucho a estos personajes. Yo no veo eso en otras manifestaciones dentro de la música, incluso observo a la gente: antes de siquiera aprender a tocar, está pensando en tener representantes, en pertenecer a la escena. Nosotros solamente queríamos tocar”.

Fotografía emblemática de Los Rupestres, tomada por Virgilio Rodríguez. Foto: cabezademoog.blogspot.com

Comentarios