Coleccionismo: negocio y sentimiento
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Coleccionismo: negocio y sentimiento

La preservación de un objeto cuyo valor se basa en un parámetro social y emocional, es una actividad cuyo modus operandi es la acumular bienes con una cotización histórica, cultural o recreativa infundada por diversos factores como la antigüedad o la valoración antropológica de cada artefacto. Aunque este trabajo tiene vestigios milenarios, hoy en día sigue siendo una actividad económica relevante porque grandes cantidades de dinero a nivel internacional. Las relaciones interpersonales y las cualidades agregadas a cada pieza, son elementos indispensables al momento de realizar la inversión, la cual es considerada una a largo plazo.

Dentro del coleccionismo hay diferentes rubros pero los más conocidos son las colecciones de juguetes, billetes, libros y de arte. Coleccionar distintos tipos de pieza, sin importar la naturaleza de las mismas, implica una tarea de tiempo cuya agenda abarca labores desde la investigación para encontrar objetos con un valor capaz de aumentar gracias al paso del tiempo, la búsqueda de la exclusividad y antigüedad, hasta la planificación de estrategias financieras con el fin de cimentar los pilares de un negocio rentable. Al tratarse de una inversión a largo plazo, es necesario el tacto de cada negociante para atender los cuidados y brindar el mantenimiento necesario según lo vaya solicitando la mercancía. Cada acopio es distinto, situación que dota de particularidad de matices a cada una de las colecciones, como una especie de huella dactilar única.

ANTOLOGÍA DE OBJETOS

Existen dos perfiles en el oficio: el primero es el coleccionista aficionado o personal y se caracteriza por sólo buscar y preservar objetos por el simple hecho de hacerlo o por una cuestión personal; además necesariamente está obligado a tiene que intercambiar las piezas con fines de lucro. Por su parte el segundo, es decir el profesional, vive de esta actividad financiera y la maneja como mera fuente de inversión. Este tipo de coleccionista se apropia de la ocupación y la convierte en ingreso rentable; su meta principal es reunir elementos de valor y venderlos al mejor postor a un precio justo.

Luis Gantus, coleccionista y youtuber. Foto: El Universal / Germán Espinosa

El tiempo de calidad dedicado a la investigación es uno de los mayores retos para un coleccionista profesional. Quehaceres como la búsqueda de clientes potenciales del producto, la afinación de las relaciones interpersonales proveedor-intermediario y la venta de los productos de manera colectiva o individual, son engranes que si se acomodan de forma eficiente, logran su cometido. En el coleccionismo el truco es la observación, como saber predecir la rentabilidad de cada una de las piezas en un futuro y quienes serían los clientes meta beneficiados del producto. No sólo de una forma de reproducir dinero, la intuición y el tacto para seleccionar las piezas influyen de forma manera arrasante en las estrategias y los mecanismo financieros, mismo que se enriquecen de las relaciones emocionales creadas alrededor de este vínculo.

Internet es uno de los principales lugares donde el comercio coleccionista se lleva a cabo, sobretodo gracias a empresas tipo correo de comercio electrónico y las redes sociales. A pesar del gran influjo de Internet, existen varios puntos de ventas clásicos, como las tiendas de antigüedades, los comercios especializados como las librerías de libros usados o tiendas de juguetes de colección, museos o casas de subastas. Este último lugar juega un papel activo dentro del oficio. Además, empresas de diversos rubros también utilizan el labor del coleccionismo como una manera de lanzar productos de cualquier tipo con la cintilla de edición limitada o sólo por tiempo limitado. Ello aporta un aumento en la compra de dichos etiquetados manufacturados por serie, los cuales adquirirán valor mayor con el tiempo.

PRODUCTOS Y PANDEMIA

Algunos ejemplos dentro del mundo del coleccionismo están estrechamente relacionados con la industria del entretenimiento y la cultura pop. Un caso de ello son los conocidos ‘Pop!’, de la empresa Funko, y son una serie de muñecos los cuales hacen referencia a personajes de la cultura pop a través de sus caracterización, ejemplos varían desde Harry Potter hasta E.T., por mencionar sólo dos representaciones de lsa juguetes.

Las muñecas Barbie son juguetes con valor para el coleccionismo. Foto: shutterstock.com

Los Pop! Son un producto sencillo y su función principal más que ser un juguete rentable es transformase en un objeto de colección. Otra marca de juguetes que ha tenido una gran influencia en la industria es la de ‘Barbie’. La firma además de contar un público objetivo (las niñas de entre 4 a 8 años de edad), aprovecha las ganancias dejadas de este oficio: la empresa saca a la luz series de edición limitada, las cuales adquieren un valor mayúsculo en el futuro.

En cuanto a la industria del coleccionismo del arte también existe un gran flujo comercial, sin embargo y va dirigida suelen ser estratos socioeconómicos altos. Aunado a ello, existen una serie de estrategias y de reglas elementales en el proceso de selección de obras. Por ejemplo, la sostenibilidad, como la la mayoría de los consumidores de colecciones de artes son personas de estratos social alto, el precio y valor será mayor. Otra ejemplificación sería el presupuesto, componente relacionado al término anterior, por lo tanto, dicho elemento siempre debe ser consultado por un especialista para determinar un precio basándose en el estatus del artista, la calidad, materiales, temporalidad, etc,.

Otros actores dentro del oficio son las galerías, los lugares de interés y puntos principales de venta. Además, es necesario y ético no dejar de lado las relaciones con los artistas, quienes al permanecer vinculados con los coleccionistas, es necesario del apoyo mutuo. Por último, la logística, es decir, la inversión tanto material como anímica de cada uno de los productos, debe de atenderse de manera dedicada y persistente.

A raíz de la pandemia, el negocio del coleccionismo, principalmente el del arte, se vio trastocada por las crisis. Galerías completas se vieron obligadas a fomentar otras alternativas como el modelo de visitas virtual. Sin embargo, este tipo de tendencias no ha resultados lo suficientemente benéficos para el negocio. Una de las posibilidades contempladas y en donde se han destacado algunas victorias, son la subasta de colecciones textiles, por ejemplo, bolsos de alta costura, zapatillas deportivas y en algunos casos, fotografías relacionadas con el arte callejero o situaciones contemporáneas captadas en el lente. A pesar de convertirse en una pequeña estela de luz, sigue siendo una estrategia volátil.

Las galerías de arte y tiendas de antigüedades se han visto afectadas por la pandemia. Foto: Archivo Siglo Nuevo / Fernando Compeán

Aunque el panorama es desolador, es importante contemplar el valor agregado en un futuro: los objetos de esta era o la muestra de de situaciones de la vida diaria en torno a la pandemia, ya sean fotografías, fotoramas, material cinematográfico y ludográfico, adquirirán un valor agregado mucho mayor, sobre todo por el contexto histórico donde se desarrollaron a pesar de que factores adicionales como el costo de inversión, pudiera ser un factor determinante en la implementación del valor agregado.

La industria de la colección tiene una gran influencia no sólo en cuestión de funciones de mercado, también en torno a cuestiones subjetivas y de valor sentimental y lo seguirá manteniendo. Pero no se puede dejar de lado que, el negocio del coleccionismo sin ese factor propio de la expresividad humana, no funcionaría de la misma manera. Es necesario el conjunto de emociones para impregnar a una obra de arte, objeto estético o funcional, un valor adquirido. Es un a actividad financiera donde las emociones encontradas y el efecto sublime provocado por un producto, ya sea una inducción de sensación de poder o sólo por el hecho de mera contemplación o de estatus, le da una cualidad única en el mundo del comercio.

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