Exotismo cultural
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Exotismo cultural

Otra cara de la admiración

Ilustración de portada: Behance / Meme

Por un sentimiento cosmopólita, o por la mera intención de apreciar lo propio de otras culturas, nos vemos atraídos hacia lo que está fuera de nuestro territorio. Puede parecer, en parte, un terreno sin descubrir, una visión del mundo que aún no se ha explorado y mediante la cual se puede aprender e incluso mejorar como persona.

Sin embargo, los ojos con los que se ve hacia otras culturas, a veces están bastante afectados por algunos estereotipos que no precisamente son negativos, pero promueven sólo los aspectos más extravagantes de un lugar o de un grupo social. El resultado es un interés marcado por el entretenimiento y el consumo rápido.

EXCENTRICIDAD

La actualidad está plagada de declaraciones que se hacen públicas, así que la mejor cara a mostrar es aquella que está en paz con todo tipo de cultura. Sin conocerlas realmente, sus productos culturales se exhiben como una expresión interesante o peculiar, sin pensar que se podría estar abonando a una mera caricaturización.

¿Realmente se entra a una realidad diferente a la propia o esta se evade exaltando únicamente sus rasgos más extravagantes? El exotismo y el cosmopolitismo tomados a la ligera, son meras visiones que se tienen de la persona “extranjera”. Caer en ello a veces puede encaminar hacia la separación entre sociedades distintas y, entre líneas, promover una visión del mundo hegemónica, que valida una cultura como extraña y otra como normal.

El exotismo no es una postura tajante, sino que en muchas ocasiones se presenta por medio de sutilezas. La forma en que, por ejemplo, el cine de Hollywood retrata a países que no son Estados Unidos, es la visión que algunos espectadores se hacen sobre sus culturas. México, según series y películas, es una región desértica y en tono sepia, repleta de cantinas de mala muerte y aventuras al estilo de Robert Rodríguez, sin un solo edificio de dos pisos.

Superman llega del cielo mientras una horda de mexicanos con la cara pintada de calavera intentan tocarlo como si se tratara de un pasaje del Evangelio. La escena toma la devoción religiosa del latinoamericano y el Día de Muertos, festividad única que llama la atención mundial. Para este tipo de películas no cabe la posibilidad de que esto ocurra en un día normal mientras las personas hacen fila en el banco; el espectador requiere del espectáculo y de la relación directa de México con sus características más exóticas.

La publicidad y los productos de entretenimiento suelen reducir las diversas culturas a meras caricaturas. Foto: Behance / Jasmijn Solange Evans

Las anteriores visiones son atractivas, emocionantes y, si el espectador no es estricto, las consumirá eclipsando otras ideas más complejas del lugar que describen. El espectáculo adquiere un valor significativo para describir las culturas; mientras más exótica, llena de color y decoraciones, mejor.

Resaltan sus factores poco comunes y sus comportamientos más diferenciales: la festividad, la alegría o la excesiva amabilidad y hospitalidad; mientras que la realidad social se deja completamente de lado. Esta visión es bastante conveniente y evade las dificultades, para reivindicar al espectador como persona abierta de mente y en comunión con el mundo.

ORÍGENES DEL EXOTISMO

El exotismo se define por sus raíces filológicas como lo que caracteriza al extranjero, al peregrino o, más especialmente, a quien proviene de un lugar lejano. La Real Academia Española lo define más por su uso común y simplemente adquiere la connotación de extraño o extravagante. Cuanto más lejano es el lugar de proveniencia del individuo, más interés morboso trae consigo.

De costumbres extrañas y a veces incomprensibles, el extranjero suele ser motivo de un cambio de comportamiento para quienes viven en países prósperos. Se hablará con condescendencia para no herir susceptibilidades o se presentará marcado interés por conocer sus costumbres, ya que será el móvil por el cual se intentará demostrar, no sin problemas, que se valoran distintas culturas.

Para el historiador belga Henri Pirenne, el exotismo se remonta al periodo medieval, en que existió una ruptura de la tradición antigua que comenzó con un avance rápido del Islam, mismo que tuvo como consecuencia la separación del Medio Oriente y Occidente. La unidad mediterránea antes concebida, se vio dividida por dos visiones distintas del mundo.

Este fenómeno, así como el comercio, la búsqueda de bienes valiosos y la exploración de nuevos territorios por parte de las monarquías europeas de aquella época, devendría en una atracción hacia las distintas culturas. Por supuesto, el fin era siempre expansionista y con un interés marcado por el lucro.

Esta dimensión continuaría en periodos posteriores, generando arquetipos como el ensoñador, el viajero o el explorador, todos ávidos de aventura y experiencias que marquen sus vidas.

Dominicanwomengooglesearch (2016), de Joiri Minaya. Foto: joiriminaya.com

A partir del siglo XVIII, la idea de lo exótico estaría relacionada con los pueblos y costumbres no europeos, algo intrínseco a la lógica colonial. Es decir, los países colonizadores se convierten en dueños de una visión válida o central del mundo, mientras que los países conquistados son vistos como ajenos a la realidad ‘del mundo’: la europea. La extrañeza no es únicamente lo confuso o inquietante, sino también lo atractivo, lo que es tan lejano que es digno de admiración.

Para el europeo del romanticismo, por ejemplo, caracterizado por una exaltación del yo y de las pasiones, el interés por la aventura se encontrará en los literatos y artistas, así como en sus obras. Los viajes de los ricos hacia la lejana India o hacia África marcaron la época victoriana, por ejemplo.

El nuevo cosmopolitismo, por su parte, se caracteriza por un esfuerzo por acercarse a lo políticamente correcto, muchas veces dejando de lado los verdaderos problemas como el racismo y la discriminación estructural e institucional.

LA MUJER EXTRANJERA

La artista Joiri Minayara realizó una instalación en la que, por medio de imágenes encontradas en Google, construyó un retrato de la manera en que el mundo, o por lo menos el mundo virtual, ve a las mujeres de su país.

Bajo el nombre #dominicanwomenengooglesearch (2016), Minayara expone hacia qué lugares comunes se dirigen los resultados más visitados al ingresar “dominican women” en el buscador. Las imágenes encontradas, lejos de ser una representación fiel de un grupo social, representan objetos de deseo, idealizaciones de las mujeres dominicanas como fantasías repletas de exotismo y actitudes dóciles.

En este terreno, la mujer se encuentra con que lo que caracteriza a un país lejano o desconocido, se convierte en un fetiche. La palabra ‘exótica’ adquiere una carga y dimensión diferentes. Se describe así a mujeres que no se encuentran dentro de cánones de belleza occidentales.

Este tipo de formas de ver el mundo parten de ideales provenientes del colonialismo, por lo que su presencia debe ser cuestionada, al igual que las formas del racismo más sutiles. Tener en cuenta el origen de diversas culturas en el mundo no sólo amplía el panorama, sino que permite verlo bajo un ojo crítico.

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