El arte de Kara Walker
Arte

El arte de Kara Walker

La expresión de denuncia contra el racismo

Siento que tengo muchos principios estéticos de alguna manera, pero puedo graficar mi historia de una manera simple: tengo momentos de la primera infancia explorando el arte como una posibilidad de expresión, teniendo a mi padre como maestro. Él enseñaba el programa de arte en la Universidad de California; pero creo que los verdaderos despertares ocurrieron más tarde, y tenían más qué ver con una especie de sentimiento de rechazo a ciertas normas o al status quo de la sociedad. Uno de los primeros artistas que me influyó fue Andy Warhol. Probablemente tendría 12 años de edad, y había muchas latas de sopa… bueno, había visto antes a Warhol, pero creo que con sólo ver este programa me cautivó. Mi papá lo despreció mucho (él lo calificaba como un artista raro, una especie de gesto irónico de pop), no tenía ningún sentimiento, y me quedé como reflexionando… mmm, interesante. Porque se sentía realmente cierto, de alguna manera, algo sumamente real pero que yo no podría nombrar. Entonces me obsesioné con Andy Warhol, por un periodo amplio de mi vida, de mi adolescencia… no he renunciado a lo que necesito saber”, respondió Kara Walker (California, 1969), artista visual afroamericana, que alienta sus creaciones con elementos de género y de raza.

La esclavitud de los negros en Estados Unidos es el argumento base en sus creaciones, ya sean siluetas de papel de tamaño humano con las que caricaturiza a sus ancestros, o enormes esculturas de azúcar levantadas en el interior de bodegas ruinosas, son el medio para externar la indignación provocada por los problemas interraciales que vive aquella nación. “A través del tratamiento irónico y contemporáneo de esta temática colonialista, genera en el espectador un sentimiento de molestia e incomodidad”, se lee en alguna de las reseñas que circulan en la red de redes.

Kara Elizabeth Walker confía en su mano. El objetivo de su expresión artística es “desafiar las dinámicas de poder abusivas en nuestra cultura”, acaso con un toque de ironía.

En la entrevista realizada por Gregory Crewdson se le preguntó sobre el uso del humor en su obra. La artista no atinaba a responder, “está ausente” fue la primera frase que le llegó a la mente; después, al reflexionar un poco, contestó: “Creo que… en lo más profundo de mi corazón, solo soy un niño tonto, y creo que el niño tonto es parte de mí, es lo que surge incluso cuando miro situaciones e historias que no son en absoluto divertidas”.

Christ’s Entry into Journalism (2017). Foto: moma.org

¿Y la tristeza, cómo la empleas?” retomó Crewdson, a lo que Walker contestó: “en la medida en que envejezco soy más como un hombre, eso es triste”, bromeó.

SILUETAS NEGRAS

Kara es calificada como una de las artistas estadunidenses más destacadas de su generación. A sus 51 años de vida ha montado diversas obras, entre las más destacadas A subtlety, The Rich Soil Down There, The Emancipation Aproximation entre otras que mezclan materiales, técnicas e incluso montajes efímeros. Cursó estudios en la Escuela de Diseño de Rhode Island y en el Atlanta College of Art.

Las siluetas son un recurso recurrente en la artista, son perfiles de negros y blancos, ambientados en la época de la guerra civil norteamericana. Con ellas estructura escenas que representan el linchamiento contra los esclavos de color, violaciones de las mujeres esclavas e incluso momentos de bestialidad que sufrieron los afroamericanos. “Emplea un estilo de arte del siglo XIX con una perspectiva moderna que intenta destacar la explotación física y sexual”, subraya su reseña.

En 1994 fue su primera exposición colectiva en Nueva York, al año siguiente montó su primera muestra individual en la que obtuvo buenas críticas y notoriedad en el mundo artístico de la gran manzana. Este éxito inmediato le abrió las puertas del museo del Apartheid de Johannesburgo, en el The Renaissance Society en Chicago, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, al igual que en el Museo de Arte Moderno de San Francisco, el Walker Art Center en Minneapolis, el de Arte Moderno de Forth Worth y en el de Arte Contemporáneo de Chicago.

Hija de Gwendolyn y Larry Walker, se casó con el joyero alemán Klaus Bürgel, con quien concibió a Octavia Bürgel, poco después se divorció y actualmente mantiene una relación sentimental con Ari Marcopoulos. “En 2007 fue incluida entre las cien personas más influyentes del mundo por la revista Time”, y en 2018 fue elegida para ser miembro de la Sociedad Filosófica Americana.

A subtlety (2014). Foto: Gettyimages/ Andrew Burton

MUÑECA DE AZÚCAR

En 2014 Kara presentó su primer proyecto a gran escala construido dentro de una bodega abandonada en Brooklyn donde producían azúcar, se trató de una enorme mujer negra simulando la postura de las esfinges egipcias, cubierta completamente con el endulzante. La obra resultó una clara vinculación al pasado esclavista de los negros, sometidos al arduo trabajo en los cañaverales.

La bodega estaba impregnada con melaza por todas partes, en los techos, en las paredes y en las vigas, sobrantes del proceso de refinación del azúcar. “Era como una catedral dedicada a la industria y a los productos básicos”. Todo el proyecto se basó en la participación de los esclavos negros en la obtención del ingrediente que endulzó la vida de los blancos, describió la artista.

Como es su costumbre, la artista le dio a esta obra un título que es a la vez poético y descriptivo: A instancias de Creative Time, Kara E Walker ha confeccionado a La Sutileza, o la maravillosa bebé de azúcar”, escribió a la entrada de la bodega habitada por aquella escultura de una mujer desnuda y blanquísima. “Es un homenaje a los artesanos no remunerados y con exceso de trabajo que han refinado nuestros dulces sabores desde los campos de caña hasta las cocinas del Nuevo Mundo con motivo de la demolición de la planta de refinación de azúcar Domino”, se leyó como colofón de la agridulce exposición.

En otra de sus obras, Fons Americanus, montada en el Tate Modern, en el salón Turbine de Londres en 2019, la escena es aterradora: una enorme ostra (Shell Grotto) se abre para permitir ver la cabeza de un niño africano, de sus ojos brota el agua que inunda la fuente. La pieza central, una fuente de mayor tamaño, presenta una escultura en bulto de una mujer inclinada sobre su espalda; de sus senos y de su boca brota el agua que alimenta un mar repleto de tiburones que acechan a migrantes que nadan por sus vidas. En la orilla, uno de ellos intenta ayudar a otro nadador deformado por las mordidas de los escuálidos. Una soga con nudo de horca pende en un costado de la fuente, y en una balsa parece a salvo, no sin sufrimiento expreso en su rostro, un esclavo más. Los esclavistas están sentados en los costados del pilar central observando el cuadro dantesco. “Mi trabajo siempre ha sido una máquina del tiempo que mira hacia atrás a lo largo de décadas y siglos para llegar a comprender mi lugar en el momento contemporáneo”, expuso la artista con motivo de la presentación de la fuente.

Fons americanus (2019). Foto: Telegraph

Fons Americanus cuestiona cómo recordamos la historia en nuestros monumentos públicos. Al mismo tiempo, la obra presenta una narrativa sobre los orígenes de la diáspora africana”, se lee en una reseña.

La fuente está inspirada en el Victoria Memorial frente al Palacio de Buckingham de Londres, que fue diseñado en 1901 e inaugurado diez años después como reconocimiento de los logros de la reina Victoria. Desde la óptica de Walker, su fuente trata de darle la vuelta a la celebración y el homenaje, para que resurja el recuerdo y no se olvide la violencia histórica contra los negros de África.

El niño que llora emergiendo de la ostra, intentando recuperarse de las profundidades, pretende interrogar sobre lo que el espectador elige recordar y olvidar “¿Cómo podemos ver los monumentos en nuestros espacios públicos con una nueva luz?”, cuestiona la artista.

Walker no ha alcanzado aún la madurez artística, pero está claro que su camino es firme: no olvidar aquella historia que pretende ocultarse con monumentos que narran con elegancia y acaso hipocresía un paso funesto, el de la esclavitud, del racismo, de la violencia sexual que aún padecen las minorías en Estados Unidos.

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