Errores en la pandemia
Opinión

Errores en la pandemia

Jaque Mate

Una y otra vez a lo largo del 2020 el presidente Andrés Manuel López Obrador y su subsecretario de salud, Hugo López-Gatell, afirmaron que la pandemia había sido domada y la curva de contagios aplanada. En este 2021 han preferido ya no hacer estas declaraciones triunfalistas, sobre todo porque la pandemia ha alcanzado niveles de desastre histórico.

El presidente López Obrador recomendaba en un principio, contra las advertencias de la Organización Mundial de la Salud de que había que guardar distancia, que los mexicanos nos diéramos besos y abrazos. Él mismo lo hacía en sus giras políticas, que tardó mucho en cancelar. Cuando finalmente decretó la Jornada Nacional de Sana Distancia, el 23 de marzo de 2020, la fijó originalmente para cuatro semanas, hasta el 19 de abril, pero después tuvo que prolongarla hasta el 30 de mayo.

Este confinamiento, obligatorio para la mayoría de las actividades productivas, pero no para los proyectos personales del presidente López Obrador, no detuvo la propagación de la enfermedad. Al contrario, abril y mayo fueron dos de los meses con mayor crecimiento de contagios y muertes. Al final se volvió indispensable abrir nuevamente el país, porque se estaba registrando un desplome brutal de la economía, sin que el gobierno aportara recursos a las empresas o personas que se estaban quedando sin ingresos.

La Organización Mundial de la Salud y el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos no recomendaban en un principio el uso de mascarillas, pero conforme se fueron acumulando estudios científicos que demostraban que estos aditamentos eran particularmente eficaces para detener los contagios cambiaron sus posiciones. En México el subsecretario de salud López-Gatell no se dio por enterado y siguió insistiendo que no estaba demostrado que los cubrebocas protegieran. De esta posición se colgó el presidente López Obrador para negarse a usarlos, excepto cuando volaba en aviones comerciales donde tenía obligación de hacerlo. La resistencia del mandatario a usar el cubrebocas mandó el mensaje a la población de que no era necesario protegerse con estas prendas. Esto hizo que cundiera la enfermedad con más fuerza. No sabemos cuántas muertes innecesarias causó este desplante de testarudez.

Al contrario de otros países, que tuvieron una primera oleada de la enfermedad, luego una disminución y posteriormente una segunda oleada, México nunca tuvo una remisión. Si bien hubo momentos de estabilidad, en términos prácticos la pandemia nunca dejó de crecer. En el momento de escribir este artículo se están registrando una vez más récords de contagios y víctimas.

El gobierno ya no sostiene que México es un ejemplo para el mundo por la forma en que se ha enfrentado la pandemia. Claramente no lo es. La gran esperanza de hoy es la vacunación. Pero en el mejor de los casos, este proceso puede durar hasta mediados o fines del 2022. La decisión del gobierno de no apoyarse en las empresas distribuidoras de medicamentos, sino en el ejército, ha sido otro error. Las fuerzas armadas no tienen experiencia en la distribución de vacunas, y no tienen por qué tenerla. Su función es otra.

Mucho se pensó que la pandemia sería una pesadilla solo del 2020. Hoy vemos que la crisis no se desvanecerá fácilmente en este 2021. Se han cometido demasiados errores. Y los errores se pagan.

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