El legado contestatario de Banksy
Arte

El legado contestatario de Banksy

La ambigüedad del gran anónimo

El espacio público es donde ocurre lo que supuestamente no interesa, lo que muchas veces está fuera de la alta cultura y de los reflectores; pero el artista urbano Banksy provoca que se vuelvan las miradas a las paredes que, afirma, pueden convertirse en una gran arma.

Por el ojo de quien observa la obra de este creativo anónimo pasan con sagacidad temas tan complejos como la economía global, la desigualdad o el consumismo. Banksy sabe, como cualquier artista que trabaja en la calle, que dejar un mensaje directo e incómodo donde nadie lo espera, es muchas veces el motor de cuestionamientos en el espectador.

Contrario a la idea de que el arte existe sólo en los museos, Banksy demuestra que el arte puede surgir de lugares poco sospechados. Sus obras no sólo generan diálogo en torno a sus temáticas, sino en torno a él mismo, a su figura idónea o no idónea, coherente o incoherente, y contestatario o absorbido por el mismo sistema que ataca.

SALIDA POR LA TIENDA DE REGALOS

En la década de los ochenta las calles de la ciudad de Bristol, Inglaterra, de donde proviene Banksy, albergaban las intervenciones de un movimiento dominado por la técnica de grafiti con stencil, un molde de cartón recortado con el que se podía ahorrar tiempo al realizar una pinta callejera que, como es de esperar, suele ser ilegal.

Los nombres que aparecían en las calles eran de artistas como Nick Walker, Inkie y 3D, pseudónimo del ahora compositor del proyecto musical Massive Attack, Robert del Naja. De ellos, Banksy tomaría sus influencias para generar su propio estilo, según El Bristol de Banksy: hogar dulce hogar (2007), aunque cabe destacar el parecido que guarda su técnica con la de Blek le Rat.

El stencil es un método criticado tanto por algunos grafiteros de mano alzada como por personas con una visión conservadora del arte, por considerarlo tramposo. De hecho, el humorista español de Internet Loulogio reprodujo una obra de Banksy para demostrar que cualquiera lo puede hacer, lo que, por supuesto, es un tanto falaz. El anónimo no parece tener problema con utilizar fotografía modificada en Photoshop (presumiblemente) para mejorar su exactitud además del “tramposo” stencil.

Obra de Banksy en Chiapas, México. Foto: marca.com

Las habilidades manuales con que se puede realizar esta técnica, son un tema poco trascendente. A estas alturas de la evolución del arte, es bastante claro que lo importante es la idea, la conjunción de elementos con los que se dispara un mensaje; en el caso del inglés, comprensible, sencillo y, sin embargo, potente.

Así como mucha gente no comprende a Banksy, el mismo autor parece querer quedarse en ese estatus, como si le interesara que su figura fuera vista como peculiar o, hasta cierto punto, confusa. En el documental Salida por la tienda de regalos (2010), se esperaría que se aportaran detalles sobre él y su manera de trabajar, pero en realidad es un falso documental.

Por su reconocimiento global, el artista ha podido viajar para realizar obras en diferentes partes del mundo, cubriéndose del halo de misterio. En 2001, visitó México y realizó una de sus obras con motivo de la lucha zapatista en Chiapas, con mensajes en español y figuras que ahora son parte de las historias menos conocidas del inglés.

LA TERGIVERSACIÓN COMO ESTRATEGIA

La guerra, las armas, la obsesión por la vigilancia y el consumismo, son temas que Banksy aborda con un estilo ácido. La crítica es notoria, pero aquello que lo caracteriza con mayor fuerza y resonancia es que, a pesar de todo, utiliza el humor y a veces la burla desenfadada.

Es entonces que el autor utiliza símbolos rápidamente reconocibles. Una paloma de la paz con chaleco antibalas, o Mickey Mouse y Ronald McDonald tomando de la mano a una niña que corre del fuego en Vietnam. No es, pues, que esconda significados en lo más recóndito de sus imágenes ni que solamente alguien diestro en iconografía pueda develarlas. Su mensaje es directo y, por lo mismo, criticado al parecer simple.

Sin embargo, si se habla de características reconocibles, es porque su trabajo se convierte en idiosincrático. Ese estilo y tratamiento de los temas únicamente se reconoce a través de la figura de este artista anónimo.

Se trata de una obra que, como muchas del arte contemporáneo, utiliza las figuras populares y de la llamada baja cultura, para convertirlas en algo propio. La época contemporánea es una actualidad pop, donde las marcas, las caricaturas y eslogans están por cualquier esquina. Es por eso que Bansky hace reconocer lo aterrador en estas figuras aparentemente inocentes.

Stencil en el muro que divide Palestina a Israel. Foto: marca.com

La llamada tergiversación de la que hablaba el situacionismo, movimiento político y transgresor, se ve aquí actualizada. Los símbolos más reconocibles del capitalismo son expuestos ante la realidad agresiva. Los militares que pone Banksy corriendo por un campo de flores conforman una disposición de elementos antitéticos que generan una combinación ridícula.

LA INTERVENCIÓN ANÓNIMA

Banksy opera dentro del arte contemporáneo y conceptual puesto que el mismo personaje envuelve todo de un carácter performático.

Agregando un carácter humorístico y de personaje fársico y escurridizo, Banksy realizó una venta en Central Park sin que el público se enterara que adquiría su obra original, valuada en millones. En Glastonbury dejaría caer billetes falsos, mismos que luego utilizaría como certificado de autenticidad en la venta de su obra. El dinero se agrega a sus dinámicas como a sus controversias y, aunque lo parece englobar como uno de los males de la sociedad actual, avanza con pie firme hacia injusticias más concretas.

En el muro entre Israel y Palestina, lugar que interesaría al artista en varios momentos de su carrera, dejó a su paso nueve obras en 2005. Entre ellas, la imágen de un grupo de palestinos en el característico traje de rayas de los campos de exterminio nazi. Atravesando el muro, aparece una playa que más sutilmente señala la naturaleza inquisidora de esta construcción, la libertad que rezaga.

En los Juegos Olímpicos de Londres, aparece un saltador con pértiga cuya protección en la caída es un colchón viejo, como los utilizados por los indigentes a los que constantemente se les da la espalda o se les reubica para este tipo de eventos.

En el 2015 la carrera de Banksy está marcada por una segunda visita a Gaza, en la que convertiría a una torre de vigilancia en un carrusel de feria. En la puerta de una casa bombardeada realizó una figura que recuerda al arte religioso, llevándose las manos a la cara.

El mismo año, en un parque acuático abandonado, Bansky crea el proyecto temporal Dismaland, un entorno que parodia a Disneylandia bajo el lema de ser el parque menos divertido del mundo. En este giro siniestro del parque colaboraron 70 creativos.

Dismaland, parque de atracciones creado por el artista británico ubicado en el complejo Weston-super-mare en Somerset, Inglaterra. Foto: dazeddigital.com

La instalación The Walled Off Hotel (hotel amurallado), de 2017, es un hotel que parodia el lujo presentando obras de arte y ofreciendo la peor vista del mundo: a cinco metros del complejo se encuentra el muro que construyó Israel en Cisjordania y sus torres de vigilancia. El proyecto ha generado duras críticas por organizaciones de Derechos Humanos y las Naciones Unidas.

DE CARA A LA AUTENTICIDAD

Sin duda, Banksy es una de las figuras que más hacen polémica en el mundo del arte. Las discusiones sobre su código ético y su activismo son las primeras en aparecer en cuanto se menciona su nombre.

El mero hecho de que su estilo y su característica forma de enviar mensajes lo haya convertido en el fenómeno que es, lo distancia de las calles y lo acerca peligrosamente al contexto de la masificación y la especulación en el mercado; esto último desarticula su mensaje anticonsumo (lo que es debatible).

Casi a modo de petición, el espectador, ya sea seguidor o detractor de Banksy, espera que exista cierta coherencia que rija su obra, lo que se traduce constantemente en los precios de ella y lo que gana el artista. Este tipo de coherencia y autenticidad no se espera de otros artistas; de hecho, no parece haber problema con que otros contemporáneos como Damien Hirst o Jeff Koons ganen millones de dólares. La diferencia, claro está, radica en la postura política que tiene Banksy. ¿Cómo es posible que los grafitis de alguien que llena sus obras de mensajes sobre posturas antisistema valgan millones? ¿Debería confiarse en él?

Quizá el espectador espera más un salvador que una persona; alguien que done todo lo que gana a las causas que abandera. No soporta que alguien hable de sus posturas políticas sin seguir su propio ejemplo al pie de la letra.

Lo cierto es que Banksy parece encontrarse muy en paz con su propia ambivalencia. La figura crítica de hoy debería saber que en algún momento será incoherente y que el mismo sistema económico y social es una inercia imposible de parar de tajo. Es necesario, pues, actuar dentro de él para adaptarlo y hacerlo más justo.

Banksy creó una secuencia para Los Simpson sobre la explotación laboral infantil. Foto: Youtube

En su participación con la serie Los Simpson, hizo aparecer niños esclavizados realizando los fotogramas de la serie en acetatos, lo que causó controversia e incomodó, pero pasó a ser un momento importante de la cultura pop, otra de sus creaciones que hacen lo contrario a lo que deberían: en vez de divertir, deprimir; en vez de la comodidad, generar preguntas. Si quieren a Bansky, tienen a Banksy.

La versión en tela del mural Niña con globo, que fue subastada y destruida en Sotheby's, casualmente fue triturada hasta la mitad por un mecanismo interno en uno de los suntuosos marcos que Bansky le ponía a sus obras para burlarse de la pedestalización del arte en los museos y galerías.

La destrucción falló, según el autor, y la obra, aún rota, elevó su precio a 1.4 millones de dólares. Es posible que el mismo Banksy hubiera previsto su repique y su venta; es muy probable que no haya fallado el mecanismo, sino que la destrucción haya sido ideada de esa manera.

Los fanáticos de las conspiraciones en el arte tuvieron de qué hablar, sin duda, aquel otoño del 2018. Para ellos Banksy estaba portándose poco auténtico, se separaba aún más de sus verdaderos ideales y esperaba vender su obra a mayor precio, incluso por medio de una acción que criticaba el sistema de subastas.

Pero algo que se les puede estar escapando, es que la venta de una obra parcialmente destruida y la reacción consumista desenfrenada por una acción de esa naturaleza, puede considerarse una de las burlas más importantes que se han realizado hacia el mercado del arte. En dicho happening (acción que involucra una interacción con personas), además de confluir los temas que suele tocar Banksy, se encuentra una caricaturización sagaz del comportamiento consumista en el mundo del arte. Una burla desde dentro del sistema.

Como se advirtió en la exposición The street is a canvas (2020), en la que participó el Círculo de Bellas Artes de Madrid, es la visión que se espera de Banksy como incoherente. El tema en que hacía énfasis la muestra era la ambigüedad del artista, y sin embargo la exhibición se hacía sin permiso de él y recolectaba dinero con obras que estaban en espacios públicos y que ahora forman parte de colecciones privadas sin haber consultado al autor. La pregunta que se hace en este caso es, ¿quién gana realmente con las obras que se han extraído de la calle? Esas mismas calles que Banksy ha intervenido tantas veces sin ninguna remuneración.

La versión en tela del mural Niña con globo se autodestruyó durante su subasta. Foto: nyt.com

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