La función social de los skatepark
Arquitectura

La función social de los skatepark

Intervención arquitectónica para rescatar espacios

El 13 de diciembre del año pasado, un grupo de muchachos montados en bicicletas y también blandiendo tablas para patinar, se agruparon a las afueras del skatepark en la ciudad de Torreón, Coahuila, para exigir que se abrieran sus puertas. Entre las determinaciones del gobierno para frenar la pandemia se optó por el cierre de espacios al aire libre, como este parque situado al oriente de la ciudad, a pesar de que la actividad no implica la cercanía entre personas. Hastiados por el encierro salieron a la calle para manifestarse, con cierto temor porque al percibir la presencia de la policía comenzaron a disolver la manifestación.

A la voz de “p… el que no se brinque” corrieron y libraron la cerca y las puertas para ingresar al parque y comenzar a rodar. Al tiempo fueron echados. Entre los eventos destacados fue la agresión de un taxista, quien lanzó su automóvil sobre el grupo golpeando a uno de los jóvenes que se sujetó del cofre como reacción a la embestida. El conductor del transporte público no detuvo su marcha, en cambio aceleró hasta distanciarse varios metros, donde dejó caer al manifestante.

La presión de los patinadores obligó a la autoridad municipal a la reapertura del sitio unos días después, reconociendo la valía del espacio urbano para el esparcimiento.

El ejemplo destaca la función social que representa el rescate de un espacio urbano en un momento de disgregación de la juventud. El encierro obligado alejó a los amigos y sólo a través de los dispositivos electrónicos se estableció un canal de comunicación. Las actividades sociales y deportivas languidecieron y el abandono de la infraestructura exigirá mayores inversiones públicas las cuales, de no realizarse, mostrarán una cara de abandono.

Skatepark de Torreón, Coahuila. Fotos: Archivo Siglo Nuevo

UNIVERSO CON SIGNIFICADO ESPECIAL

El desplazamiento sobre una tabla con ruedas no es actual, aunque las formas de hacerlo se han vuelto más temerarias. Los amantes de la patineta, de los patines y de las bicicletas, buscan obstáculos cada vez más difíciles de salvar, desplegando acrobacias que desafían la gravedad. Las etiquetas de esta actividad, escritas en inglés, le otorgan actualidad a la práctica: skateboarding, rollerblading y biking, son los medios deportivos con los que la juventud se apropia de su ciudad.

El desarrollo de estos deportes urbanos experimenta un proceso de apropiación del espacio público en el cual se generan tensiones y disputas por la significación de las instalaciones que utilizan como obstáculos. Por ello, el proceso de construcción de sus identidades como deportistas se entiende a partir de las formas de apropiación, transformación y reutilización de los espacios públicos”, escribió el maestro Héctor Aron Almada Flores, del Colegio de la Frontera Norte, en su tesis de doctorado, en la que destaca algunos elementos del skateboarding, como el despliegue de “maniobras planificadas individualmente y realizadas en espacios públicos, espacios especializados y lugares abandonados del contexto urbano”.

Entre los obstáculos preferidos por los patinadores están los barandales, tubos y pasamanos, así como las escaleras, las banquetas y los desniveles o pasos peatonales; también las rampas, las subidas y las paredes se integran a las pistas improvisadas.

Los skaters, que sería el anglicismo derivado de la práctica, se vinculan al lugar donde patinan de acuerdo al número, dificultad y tipo de obstáculos; esa vinculación deriva en un significado social. Los skaters, escribe el sociólogo Almada Flores, desarrollan actividades que dotan al lugar de significados que a su vez “producen universos simbólicos distintos para cada uno de los practicantes de skateboarding, ya que los jóvenes se adscriben presencial y simbólicamente a diversos grupos en los cuales se representan desde la red social de pertenencia”. La ciudad es más que un conjunto de inmuebles o infraestructura, para los patinadores es un campo deportivo con significado.

Foto: cloudinary.com

ESPACIOS DE CUALQUIER DIMENSIÓN

Los parques de bolsillo y los sakteparks son dos de las diversas opciones arquitectónicas para rescatar espacios abandonados e incorporarlos a la visión estética urbana, enfocándose en una función social subyacente y mucho más importante que la estética: el valor de la convivencia, de la socialización de los individuos que habitan la urbe.

En México se han presentado ejemplos donde se suman diversas disciplinas e instituciones en el diseño de los parques para patinar. El de Tlalpan, en la Ciudad de México, se presentó como una obra donde participaron jóvenes artistas del Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México, además de asociaciones civiles como Mercante, la empresa Smart y el gobierno municipal de Tlalpan, que aportó alrededor de un millón de pesos en 2016 para el diseño de este espacio donde se incluyeron murales y diversos atractivos, así como las pistas y rampas apropiadas para la práctica de la patineta.

Aunque el espacio es determinante, no significa que deba ser amplio en demasía para proyectar un skatepark; la propuesta del arquitecto Sebatian Castro Aedo demuestra que en una superficie menor a los 26 metros cuadrados es posible diseñar una serie de rampas, pistas y obstáculos para los patinadores.

En 2018 proyectó el skatepark en la ciudad de Santiago de Chile, que demostró la posibilidad de activar espacios específicos, ofreciendo mayor fluidez en los recorridos.

El skatepak chileno se sitúa entre las dos esquinas de una cuadra de 170 metros de largo. “Por lo tanto, se tomó la decisión de intervenir ambos extremos, en una búsqueda por generar obstáculos capaces de conectarse con lo preexistente, entregándole mayor fluidez a la totalidad del parque y brindando a los usuarios la posibilidad de recorrerlo por completo de norte a sur y viceversa, sin la necesidad de bajarse de la patineta para cambiar de dirección”, describió el arquitecto.

Plano del arquitecto Sebastian Castro Aedo. Foto: archdaily.mx

Activó escaleras con barandas, “acercándose más a la idea de un riel en pendiente y proponiendo un uso en ambas direcciones. De esta manera se busca que los usuarios puedan transcurrir un mayor tiempo sobre el obstáculo para dar posibilidad a combinaciones de trucos más técnicos”, se lee en la ficha de este parque que ejemplifica el rescate urbano de una porción que podría parecer estrecha para la práctica.

Los espacios públicos, escribió por otra parte David Fabricio Alvarado Ramírez, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), poseen un amplio “valor social e igualdad de pertenencia a la ciudadanía, constituyen elementos del panorama urbano que requieren de constante transformación para evitar la erosión de la temporalidad”. Dichos cambios, afirma, deben involucrar a la sociedad y a las instituciones para alimentar el sentido de pertenencia del lugar.

Además, el abandono de los espacios públicos propicia el desamparo y proyecta una imagen de desidia; en estos sitios es donde el ciudadano arroja los desechos que después le avergüenzan. Y su recuperación posterior implicaría mayores esfuerzos y recursos. “La intervención por parte de instituciones públicas es un elemento indispensable para la reconversión de estos espacios, para permitir que los habitantes de la ciudad cuenten con lugares que les permitan desarrollar actividades de recreación, descanso y convivencia; en donde se perciba un ambiente de seguridad y protección”, insistió Alvarado Ramírez en su estudio de caso para la UAM.

Los skateparks se presentan como una oportunidad para los gobiernos de fortalecer el vínculo de los habitantes hacia su ciudad, de enriquecer el sentido de pertenencia, un valor que se diluye con la separación social. El espacio empleado por los patinadores se convierte en un universo donde se despliegan sus destrezas, juegos y fantasías, y donde podría enriquecerse su apego por su ciudad y sus actitudes para ser cada vez un mejor ciudadano que exija el respeto a sus derechos, como lo demostraron los muchachos en la ciudad norteña de Torreón en diciembre pasado.

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