Hijos boomerang
Familia

Hijos boomerang

El retorno a casa de los padres

El ser humano sigue un patrón bastante conocido para la prevalencia de cualquier especie: nace, crece, se reproduce y muere. Este ciclo se ha repetido infinidad de veces, aunque con algunas modificaciones dependiendo de la generación que lo vive.

Hace algunos años, el contexto socioeconómico permitía a los jóvenes independizarse de una manera digna para poder reproducirse y morir. La fórmula parecía bastante eficaz: crecía lo suficiente para tener edad de trabajar y, si conseguía un empleo estable, eventualmente podría adquirir una casa y poner en marcha proyectos de vida, ya fuera tener hijos, emprender un negocio, hacer planes de jubilación, etcétera.

¿Cuántas veces no nos ha tocado escuchar la experiencia de vida de algún adulto mayor que asombra por sus logros? Historias que se remontan a la tierna edad de ocho años, cuando tenía que salir a vender dulces en los cruceros y, de alguna manera, podía terminar la primaria para después aprender un oficio en la secundaria. Sin dejar la escuela y el trabajo, podía hacerse de un ahorro para, a pesar de todas las adversidades, comprar un terreno en el que construía su hogar poco a poco, ya casado y en espera de hijos. Hoy, esta idea se aproxima más bien a una fantasía.

Parece que en la actualidad los adultos jóvenes no pueden lograr tantas metas como sus ancestros. Incluso perciben que su vida transcurre mucho más lento: lo que sus abuelos empezaron a hacer a los 16 años, ellos lo vienen haciendo a los 25. La cuestión es ¿Qué es lo que está sucediendo? En resumen: recesiones económicas, cambios de gobierno, transformaciones en la educación, aumento poblacional.

La crisis económica por la pandemia ha hecho que muchos jóvenes regresen con sus padres. Foto: curbed.com

Todos estos cambios han traído una consecuencia muy poco vista anteriormente y, por lo tanto, poco estudiada: los jóvenes adultos que, una vez se independizan, regresan a casa de sus padres porque no pueden cubrir sus necesidades básicas. Los analistas lo llaman efecto boomerang, pero hay que saber diferenciar este fenómeno de aquel en que los jóvenes regresan a casa de sus progenitores con el objetivo de quedarse definitivamente.

INDEPENDENCIA Y NIDO VACÍO

El terapeuta estadounidense Kim Abraham dice que volver a casa debe ser visto como un privilegio y no como un derecho. Entonces, ¿qué es lo que pasa con los jóvenes que sí ven este regreso como algo que sus padres están obligados a aceptar?

El fenómeno de los jóvenes boomerang debe ser abordado desde las dos partes involucradas, tanto hijos como padres, tomando en cuenta que el estilo de vida y las expectativas sobre la misma han cambiado. Las distintas generaciones que habitan en un hogar tienen diferencias importantes, por lo que no es de extrañarse que les cueste entender las experiencias de vida del otro.

Cuando los hijos se van de casa, se produce un fenómeno llamado nido vacío, el cual es básicamente el reencuentro de los padres consigo mismos y con la pareja. Dejan de ser cuidadores para volverse a convertir en individuos y en compañeros. Es una etapa difícil, pues la mayoría de las familias mexicanas no planean bien qué hacer después de que los hijos se van, así que se cierran muchos ciclos. Si esta situación no se aborda de una manera sana, puede tener consecuencias patológicas.

El nido vacío es una oportunidad para reencontrarse como pareja. Foto: Behance / Bonbonbox

El nido vacío no sólo tiene la característica de que los hijos parten; usualmente este hecho viene acompañado de la jubilación y de varios componentes fisiológicos que dan pie a la vejez. Se tiene el tiempo y el dinero para reencontrarse a nivel pareja, darle una orientación sana a ciertos pasatiempos, emprender nuevos proyectos y buscar un panorama de equilibrio sin tantas responsabilidades.

Por otra parte, los hijos que se marchan del nido tienen sueños y objetivos por cumplir que los harán sentirse productivos y satisfechos. Buscan la autonomía pensando que tienen todas las herramientas necesarias para lograrlo: estudios, inteligencia, creatividad, funcionalidad. Es una etapa complicada porque se trata de poner a prueba todo lo aprendido hasta el momento.

Pero entonces, no se puede porque la economía no permite que se concrete la separación del núcleo familiar y el retorno a casa es inevitable. El sentimiento que surge en hijos y padres es el mismo: frustración.

DIGERIR EL REGRESO

Una misma duda entra en la mente de ambas partes: “¿Por qué no fui suficiente?” Los padres se pueden preguntar qué hicieron mal en la crianza, en qué fallaron si le dieron a su hijo todo lo que consideraban importante, como alimento, vestido, educación y consejos. Y los hijos pueden dudar de sus propia inteligencia, su capacidad, conocimientos y hasta de sus amistades. Es un fenómeno complicado.

Por lo regular, cuando esto sucede, los hijos deberían buscar la integración de su persona, el sentirse satisfechos y vislumbrar un panorama alentador para sus objetivos, aunque esta vez no se haya logrado la independencia. Se supone que es la etapa para consolidarse como una persona capaz, productiva y responsable.

Foto: Behance / Antonio Uve

Lamentablemente, dentro de la familia el abordaje de esta situación puede ser conflictivo: los padres, para no sentir culpa, la transmiten al hijo y viceversa. Las dudas que tienen de sí mismos las transmiten de una forma poco adecuada que causa fricciones y malos entendidos.

¿Qué se puede hacer? Una comunicación sana. Para los padres está la tarea de abrirse a entender las dificultades del actual contexto socioeconómico, y para los hijos queda tener la paciencia de explicar por qué las oportunidades no brindan frutos inmediatos como antes.

Para lograr esto, pueden hacer juntos un presupuesto para calcular cuánto cuesta llevar una vida digna con servicios básicos, y después contrastarlo con los ingresos de un empleo de tiempo completo y el número de horas trabajadas. Revisen rentas y costos de propiedades; investiguen los cambios gubernamentales y lo que implica en prestaciones como el AFORE; indaguen sobre los beneficios de los seguros y el crecimiento del sector privado. Cuenten los egresados de ciertas carreras y comparen ese número con las ofertas de trabajo en la región; pregunten sobre sueldos en diferentes puestos: desde tiendas de autoservicio y empresas pequeñas, hasta compañías internacionales.

Que no les dé vergüenza admitir que estamos en un momento de la historia lleno de incertidumbre, donde la economía, la educación y los estilos de vida cambian de un momento a otro. Busquen la comprensión de ambas generaciones para poder adaptarse y crear una red de apoyo que permita un ciclo saludable de vida.

Comentarios