El complejo 2D
Sexualidad

El complejo 2D

Atracción sexual por personajes ficticios

Los personajes de ficción son parte de la vida cotidiana, y generan distintas pasiones a quien los sigue, incluso a tal grado de despertar atracción por ellos. Ante esta situación podemos acudir al concepto de proculsexualidad, una palabra con la que se intenta designar como una orientación sexual del espectro LGBT+, a la atracción sentida por un personaje de ficción; pero, ¿es válido este nombramiento?

COMPLEJO 2D

Antes de continuar, la respuesta es no. El concepto de proculsexualidad no está vinculado a una fuente confiable. Además de que la orientación sexual, según la Asociación Americana de Psicología (APA), se trata de una atracción emocional, romántica, sexual y afectiva que únicamente se puede mantener con una persona real.

Por el contrario, una parafilia es un comportamiento del ámbito sexual que no conduce a la relación afectiva o sexual, sino que se caracteriza por las fantasías surgidas de situaciones que normalmente distan de ser eróticas por sí mismas. Se puede tener este tipo de impulsos por objetos como prendas de vestir, zapatos de tacones altos, pies, cabello, globos, o situaciones tan variadas como la oscuridad, el orden y la limpieza extrema o máquinas, en lo que se denomina como fetichismo.

Cabe aclarar que, si bien las personas pueden sentir emoción o interés extremos por alguno de esos elementos, el fetichismo se refiere a una excitación sexual relacionada con ellos; por lo que no es lo mismo que a una persona le guste comprar zapatos, que sienta una atracción erótica por ellos.

El llamado nijikon (complejo 2D en español) es un término japonés que se relaciona con el mundo de las parafilias. Aparece a principios de la década de 1980, y describe la percepción afectiva de algunos individuos hacia personajes de dos dimensiones, por ejemplo del manga (cómic) o el anime, considerándolos más atractivos que las personas reales.

Akihiko Kondo, hombre japonés de 35 años casado con un holograma del personaje ficticio Hatsune Miku. Foto: cnn.com

Lo que parece un comportamiento poco habitual, hace bastante eco con el consumo actual. Los seguidores de historias de ficción pueden encariñarse con ciertos personajes, identificarse con ellos y ponerlos en su foto de perfil de redes sociales, ya que la empatía es uno de los logros de una narrativa bien construida. Por otro lado, algunos personajes son hechos para ser admirados o atraer de manera sexual, incluso en producciones que no tienen un fin erótico. Además están los que se realizan para producciones estrictamente pornográficas de mangas, juegos interactivos o series de animación.

El Urban Dictionary, que investiga conceptos de la cultura popular, designa el término proculsexualidad a una atracción por personas con las que se está seguro que no se compartirá un espacio o que no podría estar en su grupo social, como lo son las celebridades o los personajes animados.

El mismo diccionario web coincide con la definición mencionada de nijikon en la preferencia por personajes de la ficción, misma que también tiene eco en autores como el periodista británico Steven Poole en Trigger Happy: Videojuegos y la revolución del entretenimiento. Esta publicación, junto con la realizada por Lucy Bennett y Paul Booth para Bloomsbury Publishing, advierte además que el fenómeno muta en una pérdida de interés por personas reales, lo que lo acercaría más a una especie de orientación sexual que no encaja por completo en esta definición, por las características antes mencionadas.

PSIQUIATRÍA

En el mundo académico se ha designado a este fenómeno como sexualidad otaku, combinándola con la cultura fan, es decir, la de los admiradores apasionados. Esta etiqueta también se relaciona con el consumo del manga y la animación japonesa, cuya variedad es enorme.

Foto: EFE / Tokio

Para Patrick W. Galbraith, de la Universidad de Senshu, una de las razones por las que se genera este fenómeno es la cercanía de estos productos narrativos en la mente del consumidor. El espectador se apropia fácilmente de esas historias; un ejemplo de esto son los fan fiction, o relatos creados por el fan, donde este incluye relaciones entre los personajes que la historia original no contiene; así como, en ocasiones, situaciones sexuales.

En cuanto a la falta de interés por las personas reales y su reemplazo por personajes ficticios, Galbraith lo señala como una enfermedad en el Manual de rutina sobre estudios de sexualidad del Este Asiático (2015), citando a autores como Akagi Akira y Taimatsu Yoshimoto.

Asimismo, afirma que la enfermedad, definida por una incapacidad para establecer relaciones en la vida real, se debe a un “fetiche hacia la ternura” con la que suelen ser representados los personajes femeninos en los mangas y animes.

El psicólogo y psiquiatra Saitō Tamaki, en Robot ghosts and wired dreams (Fantasmas robot y sueños conectados), considera el fenómeno como bastante único en su especie, ya que tiene el importante añadido de separarse de la vida cotidiana y real, a diferencia de muchos otros fetiches. Es esta característica la que lo relaciona con la ansiedad social que sufren los jóvenes japoneses.

Esta salida de la realidad se debe, según Tamaki, a que hay una cuestión de posesión marcada en los relatos con los que se obtiene excitación sexual. Por ello, los objetos de colección mantienen una fetichización, incluso sin pisar el terreno sexual.

Los productos de este tipo, incluyendo los que están fuera de la subcultura otaku, son elementos que el espectador puede poseer debido a que son ficciones moldeables, a diferencia de la realidad, de la que se tiene poco control.

Mientras los fans sean conscientes de que su objeto de deseo no es real ni alcanzable, podrán llevar relaciones saludables en la vida real. Foto: kopi17an.com

El psicólogo advierte que los fans han escapado, de cierto modo, de la perversión sexual a través de la práctica creativa de ficcionalizar. Este deseo de mantener algo fuera de la realidad está ligado al de poseer esa misma realidad, transformarla y vaciar sus fantasías en este medio. Este proceso hace posible que, sin importar los tipos de fantasía hallados en los fan fiction, los espectadores puedan mantener una vida sexual socialmente aceptable y sana en la realidad.

Al intentar responder si en este proceso existe un fetichismo, el psiquiatra japonés admite que no es una pregunta sencilla, puesto que los fans son conscientes de que su objeto de deseo no es real ni alcanzable, sino que eligen la ficción para investir su sexualidad.

Una de las dificultades radica en que el psicoanálisis, menciona Tamaki, carece del vocabulario necesario para designar a la posesión a través de la ficción. De hecho, el tema de la creatividad es motivo de un estudio complejo y normalmente separado de la sexualidad, aunque ambos mundos podrían generar análisis mucho más detallados de lo que compone la fantasía sexual.

La actividad creativa y la fantasía sexual, así como sus contenidos, no serían motivos por los que la atracción por personajes ficticios sea un tema que preocupe a la psiquiatría, a menos que se rebase el límite de la vida personal.

Cuando un seguidor o fan gusta de algo tanto que su vida personal, relacional, familiar o laboral se ve afectada, es cuando surge un problema. En estos casos se pasa del disfrute normal de este tipo de productos, a problemáticas como lo son la ansiedad social o la depresión, mismas que se presentan con aislamiento social. Es entonces que cabe buscar ayuda psicológica.

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