Inteligencia Artificial y su intervención en la sociedad
Ciencia

Inteligencia Artificial y su intervención en la sociedad

La resignificación de la posición del humano frente a la máquina

En Los cuentos de Hoffman, obra literaria de Ernst Theodor escrita en el siglo XIX, se relata el amorío de Olimpia con el autor. La historia no tendría nada de sorprendente a no ser que la chica no es una humana, sino un robot con la suficiente sensibilidad para enamorarse. Desde entonces la idea de que la inteligencia artificial pueda equipararse a la inteligencia humana, es una posibilidad que podría ocurrir en menos de un siglo.

La aplicación de la inteligencia artificial (IA) es el ingrediente clave en las nuevas tecnologías usadas en diversas áreas económicas. Está presenta desde la automatización en las armadoras de automóviles hasta los videojuegos que se ofrecen de forma gratuita para ejecutarse en los teléfonos móviles. Es un desarrollo que para el próximo año estará presente en el 75 por ciento de las aplicaciones empresariales, de acuerdo al informe de International Data Corporation, con una inversión que rondará los 46 mil millones de euros de acuerdo a la misma fuente.

La IA es un conjunto amplio de diversas tecnologías en las que intervienen en su elaboración científicos de datos, profesionales digitales y organismos reguladores. Aunque existe la percepción de que sólo se trata de un robot o una serie de éstos, con cierta autonomía, que desempeñan labores humanas y son capaces de aprender, desplazando a las personas en algunos escenarios de la vida productiva.

En realidad, escribe Robert Bartram en la revista especializada en normalización digital UNE, la IA es un sistema para la elaboración de datos que a su vez alimentan a mecanismos para que, de cierta forma, aquellas máquinas presenten niveles de adquisición de conocimientos. “En estas tecnologías están el aprendizaje automático, el big data y la analítica”, resume Bartram; la sorpresa se despliega al saber que los campos de aplicación de IA se han ampliado hacia la biología y la ingeniería.

La ciencia acepta la posibilidad de que la inteligencia artificial supere a la humana en un futuro. Foto: Behance / Natalie Foss

Con el conjunto de herramientas que se utilizan para el desarrollo de la IA, se propicia el artificio de que la máquina percibe como lo haría la inteligencia humana; este espejismo está alentando la posibilidad de modelar la inteligencia humana a partir de sistemas computacionales. Aunque en las líneas previas se catalogue como artificio el desarrollo de sensibilidad humana a partir de la tecnología reciente, se debate en el mundo de la ciencia la probabilidad de que la inteligencia artificial supere a la humana.

EL DESARROLLO DE LA VIDA EN EL MONITOR DEL SILICIO

En 1970, el científico John Comway desarrolló la aplicación Game of life, con la cual se ejemplificó de manera automática el proceso de evolución de la vida. “Con este procedimiento es posible representar un sistema biológico que nos permite simular situaciones de la evolución. Consiste en utilizar una cuadrícula en la que cada cuadro representaría una generación, y ésta sólo podría presentarse en dos estados: viva o muerta. Comway se basó en simples reglas matemáticas para el juego: si alrededor de una casilla viva, de las ocho que tiene como vecinas, hay menos de dos casillas vivas, la primera morirá. Si tiene más de tres también morirá al haber superpoblación de generaciones…”, describió Marsal Gavaldá, doctor en tecnologías de la lengua por la Carnegie Mellon University de Pittsburg, Estados Unidos, para un debate en relación a la posibilidad de que la inteligencia artificial alcance y supere a la humana.

Aquel sistema de simulación biológica, refiere el lingüista catalán, “permite conocer fenómenos evolutivos complejos, a través de un sistema de reglas matemáticas muy sencillas”.

Las matemáticas son la base abstracta que posibilita el desarrollo de la IA, y también con ellas puede interpretarse la vida. El doctor en astrofísica Mario Livio, en su libro La proporción áurea, reseña cómo las matemáticas están presentes en toda forma de vida. Nada es casualidad. Todo ser vivo, su conformación, puede explicarse a través de las matemáticas, y, por qué no, también crearse desde ellas.

John Comway, científico desarrollador de la aplicación Game of Life. Foto: princeton.edu

Entonces, ¿el cerebro humano genera percepción, memoria, emociones o conciencia desde modelos matemáticos? Gavaldà supone que algunas respuestas sobre el funcionamiento del cerebro se obtienen a partir del concepto de modularización del cerebro: “La especialización del cerebro por módulos implicaría estudiar cuestiones de comportamiento relacionadas con sus capacidades”, y es por módulos como se presenta el desarrollo de la inteligencia artificial.

EL 2030, AÑO DE LA IA

El experto en inteligencia artificial Ray Kurzweil, autor de The age of intelligent machines, afirma que dentro de una década la inteligencia humana será superada por la artificial. “Los robots igualarán las capacidades intelectuales del hombre en el ámbito de laboratorio y en los albores del siglo XXII formarán parte de la vida cotidiana”, asegura. En ello se está avanzando.

Se ha trabajado en la IA desarrollando módulos especializados en lenguaje natural que implican el reconocimiento de voz, comprensión y traducción automáticas; así como de visión, comprendida como locomoción, razonamiento, deducción y aprendizaje. “Un ejemplo de la creación del lenguaje natural en máquinas pasaría, en primer lugar, por conseguir la comprensión de lenguaje natural. Para tal fin se debe identificar la señal acústica de entrada y crear así el análisis digital, que se compararía con determinadas pautas, de las cuales saldrían las palabras”, describe Marsal Gavaldá. ¿Ciencia ficción? Este desarrollo por módulos ya está ocurriendo.

El propio Galvaldà confirma la estrecha convergencia entre máquina y hombre, “en la que la máquina es cada vez más humana y el hombre es cada vez más computacional (…). Por lo tanto la confluencia entre el conocimiento biológico y la capacidad de la maquinaria traerá la fusión entre el hombre y la máquina”.

La frontera entre la IA y el ser humano, más que en la capacidad de aprendizaje, está en las emociones. Foto: Behance / Elena Mompó

Sin embargo, la frontera en esta fusión son los sentimientos. En el estudio modular del cerebro también se ha descubierto una combinación neuronal que no depende de conceptos absolutos, sino de enlaces celulares que propician sentimientos. “Se trata de un componente cuya simulación no puede considerarse equivalente a la capacidad de crear inteligencia artificial mediante la combinación de símbolos o datos y procesos de símbolos o programas”, reflexionó el psiquiatra Roger Fouts.

Las computadoras son capaces de desarrollar la parte automática de la cognición, que quizá no es la parte más interesante porque, entre otros motivos, no se captan los conceptos simbólicos del conocimiento”, plantean los expertos.

Para distanciar las inteligencias artificial y humana, se toma como base el lenguaje. Si bien el lenguaje humano puede estructurarse a partir de programas computacionales que reconozcan incluso la sintaxis, hay dos ingredientes que la IA no ha podido desarrollar: la experiencia y las emociones. “Estos dos aspectos son claramente identificativos de la diferencia existente entre el cerebro biológico y la máquina computacional, lo que nos permitiría afirmar que no existen similitudes entre lenguas y máquinas”, afirmó Gavaldà.

La evolución de las máquinas continúa con pasos agigantados. La creación de nanorobots empleando la inteligencia artificial aplicada en organismos vivos es un progreso que incluso sorprendió a sus creadores al percatarse de “decisiones” tomadas por los nanorobots, autónomas a las programadas mediante un software. Pero también el lenguaje humano continúa su evolución basada en reglas complejas que solamente el cerebro es capaz de asimilar y ejecutar.

Valorizar a la inteligencia artificial como algo más que una herramienta de trabajo, significaría invertir las posiciones del humano y la máquina, sin comprender que quien en realidad despliega el sentimiento de amar es el hombre; un profundo amor capaz de obnubilarle la percepción y desear con fervor a la máquina, lo que no ocurriría con ésta… a menos que fuera Olimpia.

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