Vida, muerte y sacrificio en Kollwitz
Arte

Vida, muerte y sacrificio en Kollwitz

La expresión de una época

Ante los ojos de Käthe Kollwitz transcurren el tiempo y las generaciones. Los cambios profundos del mundo en que vivía se vieron reflejados en los cuerpos desgastados de la clase trabajadora, mismos que sirvieron de inspiración para su arte.

La vida y la muerte desfilan por su obra; con ellas sus partes inherentes: el trabajo y el sacrificio, la tragedia y el luto, la reconstrucción y la persistencia, todas expresiones de una sociedad inmersa en convulsiones.

ADVERSIDAD

Käthe Kollwitz fue una escultora, grabadora y dibujante cuya formación inicial estuvo anclada a la pintura. El cambio de este medio hacia el grabado, de mucho más fácil difusión, atendió a la necesidad de la artista por ejercer la crítica social y política.

También buscaría una manera en que la clase trabajadora se identificara con su obra, al punto de intentar provocar un impacto en su época, una en que la gente estaba desesperada y necesitaba ayuda. La autora exigió de su trabajo una especie de catarsis o alivio para los tiempos difíciles.

Dueña de una empatía intensa por la clase trabajadora, y poseedora de su propia historia de pérdida, su vida personal fue también plagada por los males a los que los personajes de sus obras se ven enfrentados: la opresión y el luto.

Su familia pertenecía a la clase obrera, su esposo médico atendía a otras personas de la misma clase social y ella se veía afectada por sus historias de vida. La pobreza y la opresión, factores que opacaban el futuro del periodo entre guerras, se convirtieron en una presencia continua. La tragedia se extendió a su vida íntima, cuando su hijo menor murió en combate durante el primer año de la Primera Gran Guerra.

De cara a la adversidad, Kollwitz debía enfrentar el grueso de su obra con una de las más puras expresiones. Se decantó al principio por el naturalismo, término estético reservado para el arte barroco inicial, pero pronto se inclinó por una vanguardia que aparecía con una presencia poderosa en Alemania: el expresionismo. Sus figuras se desposeyeron de su carácter detallista y cuidadoso para albergar fuerza en sus trazos, sencillez e intensidad.

Die mütter (Las madres), 1921-1922. Foto: MoMa

Los temas que aparecen en la obra de Kollwitz, comenzaron a girar más en torno al duelo y el luto, lugares que pisó con una solemnidad característica de su velo tenebrista. Dedicó sus escenarios a las víctimas inocentes sobre quienes se cernía el paisaje desastrozo: mujeres y niños, familias que se han quedado a la sombra de la pérdida, la ruptura de su paz y el desastre de sus países.

EL DEVENIR EXPRESIONISTA

Dedicándose al grabado hasta 1911, luego centrándose en la litografía, se convirtió en un referente de las causas humanitarias perseguidas entre guerras, ilustrando carteles que divulgaban sus ideas. El total de impresiones que logró fue de 275 imágenes, en su mayoría en blanco y negro.

Käthe Kollwitz se convirtió en la primera mujer elegida para la Academia de las Artes de Prusia en 1919. Al siguiente año, volviendo al grabado ahora en madera, simplificó las formas de su figuración para lograr un acabado mucho más gestual con trazos duros y musculares, dedicados más a la expresión cruda y emocional que a la perfección técnica.

La artista se adscribía en ese momento a la etiqueta que le acompañaría en los siguientes pasos de su carrera: el expresionismo. Algunos rasgos distintivos de su obra serían las gesticulaciones teatrales e imposibles, los rostros desencajados con expresiones intensas. El hambre, la guerra, la pena y el luto eclipsan al mundo.

En Las madres (1922) se muestra un abrazo colectivo y protector en que sobresalen manos apoyadas en hombros, miradas de preocupación y las caras de dos niños debajo. La imagen no requiere de una aproximación exhaustiva para su comprensión; apela a la comunicación directa, aunque no por eso sacrifica su peso.

En una de sus creaciones más reconocibles, Mujer con niño muerto (1903), el dibujo tradicional es notorio, pero sus trazos se vuelven duros y añaden una sensación de movimiento sobre la postura lamentante de la mujer que abraza al niño inmóvil, borroso en comparación con los trazos duros del resto del dibujo.

Frau mit totem Kind (Mujer con niño muerto), 1903. Foto: Kathe Kölwitz Museum

El sacrificio (1922) muestra a una mujer alzando con sus brazos a un infante dormido, como si lo entregara a un destino incierto. Nuevamente los trazos son duros, más notoriamente en los grabados sobre madera que adquieren sombras densas que caen, casi sin ser matizadas, sobre la luz.

El expresionismo es una de las vanguardias más misteriosas reconocidas por la historia del arte. Su punto de anclaje es la expresión emocional que, siendo algo tan intrínseco al arte, no encuentra un sólo origen ni una sola dirección. Su delimitación y sus influencias se diseminan por terrenos amplios.

El expresionismo alemán, al que pertenece Kollwitz, regresa sobre los pasos de una expresividad casi primitiva que descuida las formas, a veces al punto de distorsionarlas. En la autora es visible esta expresividad feral que remarca los ambientes de pesadumbre, aunque las figuras no se separan de un cuidado y respeto por las formas tradicionales.

La expresividad como motivo imperante es un recurso de varios antecedentes, como lo es el francés Chaim Soutin, pero en el movimiento alemán es notorio un marcado interés por las pasiones más intensas en el marco de las guerras.

El sentimiento que queda a partir de ellas, es un profundo pesar y una culpa sin precedentes que hace volver a los creativos y pensadores sobre los pasos de la humanidad para explicar los fenómenos ocurridos. Cómo es que una cuna importante de la filosofía y las artes, se convierte en el lugar donde se engendra el fascismo y la guerra.

ÚNICA OPCIÓN POSIBLE

En 1903, con 36 años de edad, Kollwitz realizó un dibujo de la revolucionaria Black Anna liderando una revuelta de agricultores, con tiza y lápiz. Es de recalcar que en una etapa tan anterior a las guerras por venir, los intereses de la artista se vertieran en las luchas populares.

Ausbruch (Estallido), 1903. Foto. Getty Research Institute

Quizás lo único que cambió fue que dio un vuelco más trágico a sus motivos. El recorrido que llevaba ya estaba trazado y las épocas por venir únicamente apuraron sus pasos a un camino sin vuelta hacia el oprimido, a quien convertiría en protagonista irremediable de su visión del mundo.

La resistencia se convirtió en la única opción posible. Su trabajo artístico fue catalogado como arte degenerado por los nazis, quienes veían como único arte verdadero aquel que mantenía una visión tradicional. Kollwitz fue expulsada de Alemania con la prohibición de exponer su obra.

El extraño fenómeno surgido a partir de esto, fue una apropiación de sus imágenes para ser utilizadas como propaganda nazi, en aras de mantener la promesa de que se restituiría a la sociedad alemana su antigua gloria, aquella perdida con su derrota en la primera guerra. Como ocurrió con la artista contemporánea Paula Regó, sus imágenes tenían una influencia tan poderosa, que pudieron ser descontextualizadas y llevadas al terreno político contrario.

En vísperas de la rendición alemana y con el mundo próximo a un nuevo comienzo, Käthe Kollwitz falleció. Si bien ella no logró ver la situación mundial restituida y los problemas de un nuevo panorama, su arte se convirtió en un referente antibelicista, portador de un ideal humanista que se intenta conservar en la actualidad.

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