INTERESANTE:

Olga Wornat
Entrevista

Olga Wornat

La periodista Olga Wornat presenta el resultado de una amplia investigación: el sexenio negro de Felipe Calderón. El escritor Carlos Monsiváis definió en 2008 al presidente panista: “Calderón es una mezcla de malas maneras y mala suerte. Como no creo en la mala o buena suerte, deposito énfasis en las malas maneras. Llegó en circunstancias muy penosas, en medio de acusaciones razonadas de fraude; ha intentado persuadir, conmover, seducir y no lo ha logrado”.

Un texto lleno de fuentes, citas, documentos que permiten al lector conocer desde la falta de estrategia como presidente de Calderón, hasta los peores casos de corrupción, el enriquecimiento ilícito, los favores a sus familiares y amigos, y su protección al Cártel de Sinaloa y a los actos criminales de Genaro García Luna, hasta la intimidad de su frágil relación con Margarita Zavala, sus problemas con el alcohol y el miedo constante a ser el presidente más odiado por los mexicanos. Como nadie lo había logrado, Wornat revela la mejor investigación del calderonato.

¿Cómo ves el tema de la libertad de expresión en México en el sexenio de la Cuarta Transformación?

Yo no investigué el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, pero estuve en México y vi un poco lo que fue su llegada al poder desde las elecciones, donde estaba un poco cantado que iba a ser él. Hoy que estamos hablando tú y yo, sale precisamente el desplegado con 650 firmas de intelectuales y científicos pidiendo al presidente el respeto a la libertad de expresión.

Te digo lo que pienso con toda honestidad. En principio creo que hay un error por parte del presidente López Obrador en señalar durante “las mañaneras”. Yo no lo haría y si fuera un asesor le aconsejaría que no, porque se ha referido a los medios y a algunos columnistas o periodistas, o como quieras llamarlos, en términos muy duros, y yo creo que la gente tiene muy claro quién es quién en México. La gente sabe perfectamente el papel de las televisoras y de algunos periodistas, qué papel jugaron durante los sexenios y en los más de 70 años del PRI. Creo que se equivoca, pero esta es mi opinión.

Dices que estás en desacuerdo con el desplegado de los intelectuales y periodistas mexicanos que piden respeto a la libertad de expresión y ven peligro en la democracia…

Sí. Estoy totalmente en desacuerdo con este desplegado. Ellos, los periodistas e intelectuales de México, tienen libertad. Hay algunos por los cuales yo no tengo ningún respeto. No voy a darte los nombres porque no quiero tener ningún tipo de polémica con nadie, pero sí recuerdo muy bien que muchos de ellos no fueron para nada solidarios, no conmigo, sino en el caso de otros periodistas que la pasaron peor que yo, como el caso de Jesús Lemus que estuvo cuatro años preso en una cárcel de alta seguridad simplemente por publicar una investigación sobre la hermana de Felipe Calderón. Fue acusado de un montón de mentiras, etcétera.

Olga considera que AMLO es imprudente con los medios de comunicación en las "mañaneras". Foto: El Universal

Anabel Hernández se tuvo que ir, Ana Lilia Pérez se tuvo que ir, Alejandro Gutiérrez de Proceso se tuvo que ir, yo me tuve que ir, mi asistente se tuvo que ir, la editorial recibió amenazas. Otros periodistas no tuvieron esa suerte de poderse ir y fueron asesinados. Yo no vi sacar desplegados presionando por la libertad de expresión. No creo que la democracia esté en peligro en México, creo que usaron términos demasiado fuertes. En mi país también está pasando lo mismo, es decir, hay una gran polarización política y se generan este tipo de cosas. También es cierto que los políticos y los presidentes tienen la tentación de andar señalando con el dedo, o la tentación quizás autoritaria de ir por más, como fue en el caso de Calderón, ni hablar de las épocas del PRI. Sinceramente esa es mi opinión.

¿Crees que es mejor que te digan las cosas de frente a que te manden el aparato judicial por la espalda?

Totalmente, prefiero que me lo digan en la cara, qué quieres qué te diga. También los periodistas tenemos que ser muy honestos. Yo nunca hice periodismo de periodistas, como se le dice comúnmente al hecho de estar señalando a aquel o al otro, pero sé quién es cada uno. Los lectores en su mayoría saben quién es quién, por eso digo que tenemos que ser honestos.

¿Menos sensibles?

No. Hay una cosa: nos negamos a debatir sobre el ejercicio de nuestra profesión y de nuestra profesión a lo largo del tiempo, producto también de estar bajo gobiernos autoritarios o que dan prebendas a los medios, que te autocensuran, porque también uno llega a censurarse; y eso existe también en Estados Unidos, no es que en la Unión Americana sean los reyes de la democracia. No, señor, también existe este problema. Hay intereses, digamos que hay empresas que se manejan en este sentido con mayor libertad, que quizá se dejan presionar por un anunciante y otras que no, hay de todo, pero algún día los periodistas se deben parar sobre la mesa y hablar sobre nuestra profesión.

Primero porque los periodistas ganamos poco, esto es una verdad. No estamos bien pagados. Y por otra parte muchos periodistas se han bastardeado, muchos se han corrompido y eso hay que decirlo con todas las letras. Yo no soy quién para señalar, pero sé quién es quién y tú también sabes quién es quién. Se han corrompido y tienen yates, tienen mansiones, casas en Miami. Siempre me pregunto lo mismo: de qué vive fulanita o fulanito, porque me ha tocado conocerlos de cerca y tienen mucamas, cocinero, de uniforme. Yo me quedaba impresionada y decía: “perdón, esto no sucede con un reportero de a pie”.

Siempre me pregunté de dónde sacaban la plata para pagar carros con chofer, el yate, las mansiones, ese despilfarro de dinero. Algún día también tenemos que hacernos la autocrítica y hablar de nuestra profesión, en qué estado está, porque también hay un estado de podredumbre, y hay periodistas que no le hacen bien a la profesión.

Foto: Facebook/Olga Wornat

Has denunciado la censura en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, ¿cuál fue peor?

No sé. De cualquier manera te aclaro algo: cuando a mí me demandan, me tiran todo el poder del Estado encima. Fue una cosa bien compleja, perdí las dos demandas; la del hijo de Martha Zahagún, aún y cuando yo tenía la razón. Los jueces estaban comprados, pero curiosamente ninguno de los dos llegó a reclamar la supuesta multa que yo les tenía que pagar, es más, sus abogados hablaron con mis abogados, unos muchachos excelentes, honestos, que se jugaron por mí en un momento muy difícil cuando los demás periodistas no lo hicieron. Lo digo con toda claridad, me sobran los dedos de la mano para contar los apoyos, quizás la Revista Proceso, los medios de los estados, periodistas más de batalla estuvieron conmigo, pero los grandes periodistas no. Ni Krauze, ni Aguilar Camín, ni Denise Dresser, ninguno de ellos. Me dejaron sola, yo solita remé, y el tiempo me dio la razón. Yo tenía razón, eran corruptos y eran más corruptos de lo que yo había señalado, muchísimo más, estaban ahogados en corrupción.

Soy muy frontal, tengo un estilo, una manera de escribir, yo no voy con simulaciones. Por ejemplo, cuando defino en el libro a Margarita como la socia, porque fue la cómplice de Felipe Calderón durante todos esos años. Puede sonar duro, sí; pero Margarita es más que la esposa.

Como víctima de persecución de García Luna, ¿cómo recibiste la noticia de su captura?

Eso fue un parteaguas. Todo estaba orquestado por Genaro García Luna desde la Secretaría de Seguridad Pública, muy lamentable porque lo que gastó era plata de los mexicanos. Ellos utilizaban ese dinero público y los miles de millones que llegaron de los Estados Unidos a través del Plan Mérida para la lucha contra el narco; y resulta que, en lugar de estar contra el narco, eran parte del narco y se dedicaban a perseguir periodistas, espiar gente, a extorsionar y secuestrar.

Entonces cuando me entero de la caída de García Luna, dije ‘guau’, me causó un impacto porque yo nunca pensé que lo iba a ver, nunca pensé que iba a ser testigo de eso.

¿La persecución te hizo dudar de publicar el libro?

El único momento en que tuve dudas del libro fue cuando amenazaron a mi hija que estaba embarazada. Yo no pude estar con mi hija y tenían todo de ella. Sentí un estado de vulnerabilidad espantoso que la verdad no se lo deseo a nadie. Dudé y finalmente el libro no se publicó en ese momento. Después el hostigamiento fue hacia arriba, hacia la editorial, hacia la gente que trabajaba en la imprenta. Todos fueron amenazados, incluso a la imprenta la amenazaron con colocarle una bomba, fue una locura, una verdadera locura.

Foto: Planeta

Cuando hablabas fuera de México sobre un narcoestado, ¿qué te decían los colegas? ¿Te creían, pensaban que exagerabas? ¿Cómo reaccionaban?

La verdad los periodistas gringos fueron los que más entendieron el tema. Los de otros países entienden recién ahora, pero en aquel momento, en plena guerra, todo el mundo tenía mucho miedo, y los periodistas incluso se cuidaban de hablar. Conocí en esa época a Javier Valdez, a quien lamentablemente mataron. Hablaba mucho con él, además fue entrevistado para mi libro. Teníamos largas conversaciones de cómo estaba la cosa en Culiacán, de qué se podía y que no se podía publicar. Él me decía que de lo que investigaba podía publicar únicamente el 50 por ciento; el otro cincuenta no porque lo iban a matar, y lo mataron.

Es decir, él sabía perfectamente que estábamos viviendo en un narco-estado en ese momento, él sí era consciente y era un periodista premiado que tenía respaldo de grupos internacionales, y sin embargo lo mataron y ya poco se acuerdan. Se acordaron con mi libro. Las cosas pasaron con una velocidad tan grande que la gente aún no toma conciencia de lo que se vivió en esa época. Cuando vamos al último capítulo del libro, algunos se habían olvidado incluso de los chicos aquellos de Villa de Salvárcar, de la cantidad de fosas que se descubrían todos los días. Me tocó estar en Monterrey en pleno 2011 y parecía un páramo, a las cinco de la tarde no andaba nadie en la calle, era muy complicado todo.

Tú dices en el libro que lo tuyo no fue nada comparado con el drama de miles de víctimas, ¿crees que haya esperanza en este absurdo de la guerra?

Cuando no se hacen grandes transformaciones, no se logra nada. Yo creo que la gran deuda son las policías y los cuerpos de seguridad, que no han sido democratizados ni transformados en profundidad. Quisiera saber cuántos de los integrantes de las fuerzas policiales e incluso los militares que son intocables en México, cuántos de esos miembros hoy realizan y pasan las pruebas de control y confianza. Todavía hay gente de García Luna metida allí adentro y lo sé, sé que hay.

El otro gran tema es el de la justicia, porque por más que uno recuerde y coloque en un libro todo lo que sucedió, si eso no va acompañado de la verdad y el acceso a la justicia, te quedas a la mitad de camino. Si uno ve por encima las encuestas que hay, los estudios que hay sobre cómo han subido las víctimas de los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón en adelante, es de terror. Luego vino Enrique Peña Nieto y fue peor, con el agravante de que ni siquiera se podía publicar nada. No se decía nada, aunque la gente sabía que había muchos muertos, y hoy siguen sumados a los muertos de la pandemia, que yo creo que son más, con toda la gente que se muere en su casa y ni siquiera tiene tiempo de llegar a un hospital.

En diciembre de 2019, Gerardo García Luna, quien fuera secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Felipe Calderón, fue arrestado. Foto: Twitter/ Helio Flores

A ese panorama tan grave, sin mencionar el difícil acceso a las comunidades indígenas y marginadas, súmale el narcotráfico, que es el gran problema. Yo no sé cuál es la solución, pero no es la guerra contra las drogas. Se tiene que acabar esta guerra porque sólo beneficia el negocio de los grandes. Al final mueren los mexicanos y el dinero se lo quedan los gringos.

¿Cómo ves la militancia de Felipe Calderón y Margarita Zavala con un nuevo partido?

Tengo mi propio análisis sobre el tema. Creo que Felipe Calderón tiene una adicción al protagonismo político. No deja de militar, tiene una militancia exagerada y sobredimensionada en Twitter. Mañana, tarde y noche él está trinando, y sus trinos son tremendamente absurdos. Por una parte, apunta hacia López Obrador, pero como si él no hubiera gobernado un sexenio. No tiene la más mínima humildad, como si estuviera en una burbuja, y además pasa por encima de Margarita Zavala, quien supuestamente es la titular de ese proyecto de partido.

Sinceramente lo veo como el pasado de Felipe Calderón. Margarita Zavala podrá aspirar a llegar al Senado o al Congreso, pero a la presidencia nunca, porque carga con el lastre de los seis malditos años de su marido, de los que ella fue parte. No abrió la boca, apoyó la guerra. Ella en su libro dijo que no la dejaban participar. Yo no creo, claro que la dejaban, ella tiene un poder y una influencia sobre Felipe Calderón. Es una mujer que viene de la política, no viene de su casa. Desde la adolescencia milita en el PAN, conoce los códigos de la política tradicional, incluso los códigos perversos de la política, sabe hacer pactos.

Aunque Margarita Zavala hace un esfuerzo por mostrarse diferente…

Uno podría pensar que es diferente, pero no, no es diferente. Cuando se me cayó todo fue con la tragedia de la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora, donde murieron 49 niños quemados. Eran niños pobres, de gente trabajadora, y aunque no hubieran sido humildes no merecían esa muerte. Los que quedaron vivos quedaron afectados para toda la vida, basta hablar con las familias para escuchar historia tremendas, sin dinero para pagar el tratamiento que deben llevar sus hijos.

¿Y qué hizo Margarita? Salvó a la dueña de la guardería que era su prima, la ayudó para que la justicia la exonerara. De nueva cuenta la justicia, y Margarita metiendo mano cuando murieron niños. Eso es aberrante, es imperdonable.

¿Es más maquiavélica que Calderón? Tú señalas en el libro que se graduó de la Escuela de Derecho con un promedio superior al de su marido.

Totalmente. Tenías que ver lo que fue su relato cuando se fue a elegir al presidente del PAN, Margarita fue contra Felipe ahí. La manera en que ella se manejó en ese recinto, fue con una frialdad que te dejaba de una pieza, fue tremendo. Fue contra los candidatos de Felipe Calderón siendo el presidente de la República.

Después del asesinato de Javier Valdez, periodistas pintaron el mundo fronterizo en Tijuana, denunciando los asesinatos a sus colegas. Foto: Vice

Más allá del México oscuro que te tocó vivir, ¿volverías a hacer periodismo en México?

Claro. Totalmente. México no es eso, México es mucho más que Felipe Calderón, México supera las tragedias. Por otra parte, como contraste, tiene una enorme riqueza cultural, una historia que es maravillosa y que no me canso de recorrerla, porque siempre descubro algo: su cocina, la gente… Aun en el sexenio de Calderón, que estaban tan mal, el mexicano de a pie era solidario, generoso. Yo quiero a México mucho, más allá de sus políticos corruptos.

¿Eres de la que apuesta a la transformación del periodismo?

Mi reflexión va para México y todos los países, incluyendo el mío. Yo lo planteo acá en Argentina, y lo he señalado en prensa, radio, televisión. Donde me han invitado, lo he señalado: que yo conozco a todos los periodistas, los conozco porque he trabajado en muchas redacciones por décadas, y conocí periodistas que eran humildes, otros que conocí que hoy son millonarios; entonces ahí dejas de ser periodista, son lobistas, mercenarios.

Una cosa es ser periodista y otra cosa es ser lobista de los poderes en turno, eso es lo que tenemos que revisar y ver que hay nuevos paradigmas con las nuevas tecnología. Un Aguilar Camín debería dedicarse a escribir libros, escribe maravillosamente bien. Pero él no puede negar su pasado, fue el escriba de Carlos Salinas de Gortari, eso fue demostrado públicamente. Yo nunca lo vi escribir o preguntarle a ningún presidente por los periodistas que eran perseguidos, nunca; siempre fue ver de dónde se podía sacar algo, y digo el nombre de él como puedo decir de otros. En mi país pasa lo mismo, lamentablemente. Por suerte la mayoría de los periodistas no son así.

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