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Reflexiones en un campo de sangre
Nuestro mundo

Reflexiones en un campo de sangre

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No necesitas añadir nada ni ponerte literario si la realidad te da todo”, aconseja un personaje a otro en la página 29 de Acéldama, la más reciente novela de Adán Medellín, ganadora del Premio de Novela Élmer Mendoza, auspiciado por la Universidad Autónoma de Sinaloa a través de su Dirección Editorial.

No se trata de una conversación de escritores sino de reporteros con perfiles distintos: el protagonista de la novela es Ezequiel Arenas, quien lleva años trabajando en una revista de estilo de vida. Quien le aconseja es Renato, colega que se ha formado cubriendo inundaciones y capturas de narcotraficantes. Los reúne un hecho sangriento: una turba enfurecida ha golpeado, acuchillado y crucificado a un joven exactamente afuera del edificio donde Ezequiel vivía de niño, donde aún vive su padre. Conmocionado, Ezequiel se propone escribir un reportaje y para ello regresa a los oscuros callejones de su infancia a indagar los detalles del crimen. Pronto descubrirá que las zonas más turbias no están en la calle, sino dentro de sí.

No es casualidad que un jurado de muy alto nivel integrado por Eduardo Antonio Parra, Geney Beltrán y César Silva Márquez haya elegido a Acéldama como la obra merecedora de la primera edición del Premio Élmer Mendoza: De Un asesino solitario a La cuarta pregunta, pasando por El amante de Janis Joplin, prácticamente todos los libros del maestro sinaloense conllevan reflexiones implícitas sobre los laberintos que enfrenta quien busca la verdad tras un crimen. Gracias a obras como las de Mendoza, que conjugan las potencias creativas del lenguaje con la profundidad del pensamiento crítico, el género negro ha dejado de ser considerado un mero divertimento para ocupar, por derecho propio, un sitio en los estantes de la gran literatura.

Acéldama es heredera de esta estirpe. Se trata de una novela ágil y certera que reflexiona en torno al Estado de Derecho en nuestro país, donde la abrumadora mayoría de los delitos no son perseguidos, menos castigados. “¿Qué y de quién es la justicia en este país? ¿Quién juzga a la justicia?se pregunta el joven reportero en la página 62 de la novela. Sus cuestionamientos parecen dirigidos no sólo a las autoridades, también a los colegas de su gremio e incluso a esa elusiva entelequia que llamamos “sociedad civil”.

Debido al espinoso tema que aborda (la justicia por propia mano), Acéldama recuerda dos relatos fundamentales de nuestra literatura: La muerte tiene permiso, de Edmundo Valadés, y Dios en la tierra, de José Revueltas. Nos recuerda también Crónica de una muerte anunciada, la novela de Gabriel García Márquez que cuenta cómo Santiago Nasar es asesinado frente a todo el pueblo, sin que nadie intervenga. Como esa tercia de historias, la novela de Medellín destaca por una inteligente construcción que sitúa al lector en un terreno donde se disipan las certezas. Adán no cede a la tentación de construir víctimas nobles e impolutas que mueren a manos de victimarios despiadados y sedientos de sangre. Sus personajes son complejos porque son producto de una realidad igualmente compleja. ¿Qué rol hemos de asignar a Rodrigo Leyva, el muchacho asesinado y casi destazado por sus propios vecinos? ¿Es víctima, delincuente o ambas cosas?

Sin florituras innecesarias, con un estilo directo y conciso que propicia una lectura ágil, Acéldama es una señal de la madurez literaria de su autor. A lo largo de 140 páginas, nos involucra con el relato de una investigación periodística, también logra comprometernos en valiosas reflexiones acerca de la incierta frontera entre las decisiones individuales y las colectivas, así como el complejo debate acerca de la naturaleza de la justicia. ¿Cuál es el fin de ésta, castigar al culpable o reponer el daño?

Un fenómeno tan enigmático como universal es el de la masa que surge de repente allí donde antes no había nada”, dice Elías Canetti al inicio de Masa y poder. El autor alemán nos recuerda que la primera característica de una masa humana es su tendencia a crecer. La leo como un augurio de que seguramente crecerán, a partir de hoy, los lectores de esta magnífica novela.

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