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Un rosario de huesos
Literatura

Un rosario de huesos

La poesía que emerge desde la corporeidad esquelética

No hay nada más cotidiano que la muerte” comentó la poeta Laura Elena González durante la presentación del nuevo libro de Jorge Humberto Chávez, Un rosario de huesos. Se trata de la más reciente publicación del poeta chihuahuense después de haber ganado el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes con su obra Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto.

Un rosario de huesos sigue la misma línea mortal de su predecesor. Nos encontramos con un poemario que constantemente evoca a la muerte. Desde las estampas urbanas del norte y centro de México, lotes baldíos y tumbas, hasta íntimas percepciones de la realidad que retratan la violencia y el desamparo. Este es un libro que también se dirige al cuerpo, pero a lo más profundo: los huesos. La corporeidad esquelética de este volumen nos remonta a lo que sigue ocurriendo debajo de la tierra, a lo que pasa después de la vida y a la poesía que permanece.

Publicado por el Fondo Editorial Universidad Autónoma de Querétaro, el libro fue presentado el 20 de octubre del 2020 en Facebook Live con comentarios de Israel Ramírez y Laura Elena González, así como con lecturas de Elmer Mendoza, del reconocido actor Joaquín Cosío y del mismo Chávez. La edición en su totalidad es blanca: la portada y las 45 páginas repletas de tuétanos y huesos, igual.

Jorge Humberto Chávez recitando uno de sus poemas. Foto: YouTube

EL CUERPO BAJO TIERRA

La mayor presencia, a lo largo de esta obra, es la muerte que viene representada en su calavérica forma. En diversos poemas, el fin de la vida es abordado desde varios puntos de vista, a veces desde la violencia que ha azotado al país y, otras veces, como un destino inevitable. ¿Pero que más queda después de todo? “Nuestros huesos continuarán cantando” es un final contundente para el poema La poesía vs la prosa en el que se conjugan dos sentencias para la situación actual de los escritores. La primera es que la poesía ya no es rival económico para la prosa, ya no hay filas de fanáticos esperando la firma en su poemario ni la esperanza de un Premio Nobel. La segunda es que, cuando todo termine, la ciudad se derrumbe y ya nada quede, ahí estarán los huesos de los poetas todavía cantando.

Digamos que este libro es una espacie de secuela para la mecánica del sistema óseo. Versos y prosas que se detienen en lo que sigue después del entierro. Un poema de amor se resuelve en cuatro líneas breves “Estos / huesos / te piensan / todavía” . Y descubrimos, entonces, que en los huesos, que ya no pertenecen al cuerpo, sigue ocurriendo algo. En este caso, la muerte no es un límite, sino otra etapa para resentir otros dolores: “quizá creas que en la muerte no existen la reflexión ni la escucha / y que sólo se trata de yacer sin animarse por la palabra o el pie que pasa / pero llega tu voz / y esa es la cavilación que ocupa / a nuestros huesos”. Del poema Luz destacamos el final: “ahora sé que todos somos una ristra de huesos / que siempre están soñando y cantando / para nadie”.

La muerte es una especie de premonición, una alerta constante de la cotidianidad a la que los personajes de este poemario están sometidos. Cesar es un poema que ejemplifica claramente los finales de la vida; por medio de sus imágenes podemos apreciar los momentos en los que la muerte está próxima: “El gorrión que no sabe que en la alada siguiente conocerá el aire último / y el soñador inconsciente pasará del sueño al fin en el centro de su cuarto vacío”. Por otro lado, en Piedras de reposo de María Auxiliadora Álvarez nos encontramos con uno de los finales más impactantes de este volumen: “déjate ir déjate ir porque atrás del sufrimiento / hay reposo en la piedra y pequeñas estrellas / que ya van a escribir las letras de su nombre”.

Foto: Unsplash/DDP

Un rosario de huesos también recuerda la crudeza de los decesos y las desapariciones que ocurren en México. Posiblemente uno de los textos más importantes de esta obra sea Texto de San Fernando, en que el poeta introduce el fragmento de una crónica periodística de Carlos Manuel Juárez, publicada en Pie de Página el 14 de mayo de 2017, y que se destaca en cursivas: “En ese tiempo si a Miriam le decían: en el Arenal hay cuerpos, ella iba por su cuenta y hacía excavaciones y sacaba muchos huesos” y el poema remata con un par de líneas impactantes: “quizá no lo quieras creer pero los padres se contentarían un poco / con encontrar a los hijos aunque sea en porciones”. Al final, estamos hablando de un poema al amor con el que los padres buscan a sus desaparecidos.

Un six pack para César Silva es un texto que se basa principalmente en seis líneas largas que representan la apertura de una lata de cerveza. Cada una de ellas con significados distintos, nos embriaga o nos deleita: “La segunda cerveza encierra una más serena satisfacción un reposicionamiento del mundo: todos los objetos están unidos felizmente a su sombra”. El poema concluye sugiriendo la muerte o quizá sólo el hundimiento de su consumidor con una llama que se tambalea en el viento. La sexta cerveza detiene el viaje.

EL CAMINO Y LOS AUTOS

En el libro se incrementa el tráfico de la mortalidad, pues en los poemas Muerte del señor Guillermard y Último paseo en la Avenida Triunfo de la República, los automóviles son los protagonistas de las defunciones que ocurren todas las noches sobre el asfalto. Ambos textos retrataN a dos víctimas del acero que no esperaban su partida. Tan sólo el poeta pudo ver el final de estos personajes que esparcen sus huesos entre láminas y aceite.

Seguimos el trayecto En la salida de Monclova donde el libro nos lleva al centro de Coahuila para encontrarnos con dos perros. Uno de ellos con el cráneo partido por la velocidad de los neumáticos y, el otro, recién conoce los peligros de cruzar la calle o de andar por la vida.

Uno de los temas más relevantes del poemario es la búsqueda de restos de desaparecidos por sus familiares. Foto: Iván Corpus

EL PENSAMIENTO

Existen poemas en Un rosario de huesos que adquieren cualidades filosóficas. El pensamiento pasa trepando clavículas y costillas, y ocurren hallazgos físicos y corporales donde se construyen reflexiones que parten de los huesos o casi de cualquier objeto para convertirse en visiones, en conclusiones de una voz poética que se ha dedicado a descifrarse a sí misma.

Sin embargo, algunos de estos poemas parecieran evocar una segunda persona, a ese alguien que le decimos algo que sólo nos decimos a nosotros mismos “…es cuando más deseo hablar contigo y referir para ti esta interminable conversación que tengo contra mí ante mí conmigo…” y el poema continua tronándose y retorciéndose con efectos de sonido: “palabras que en mi cabeza zzzzzzzzumban trrrrrrrrizan crashhhhhhhhan”.

Hay que destacar otro texto, casi del final, que corre sobre esta línea y que se titula El espejo. Aquí encontramos un diálogo interno que pudiera dirigirse a otra persona o a otro reflejo. El poema recuerda una escena: “Esa vez que me hablaste de tus estancias en el hueco / y con tus manos separaste los huesos de tu pecho / para que yo pudiera ver tu corazón”.

Jorge Humberto Chávez logra traducir el lenguaje calavérico y subversivo del esqueleto. Se trata de un libro mortal en el que el ritmo y las imágenes son bienvenidos gracias a la cercanía que el poema tiene con el interior de uno mismo. “la muerte siempre avanza contra deseo / la disolución de los hombres oculta un signo hueco / no vemos sentido en vivir para morir más tarde / algo hay en el deceso que nos aturde y niega”.

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