Pienso en el final
Cine

Pienso en el final

La reflexión de contemplar una vida entera

La conversación de una pareja que viaja en carretera a una cena familiar es aparentemente normal, hasta que se convierte, sin advertencia, en algo inexplicablemente terrible. Las palabras que intercambian de pronto parecen esconder algo más, y las imágenes se tornan oscuras y angustiantes sin que lo que se diga o lo que ocurre sea, precisamente, poco habitual. La historia cobrará una naturaleza confusa, donde ni el tiempo ni los acontecimientos son lineales.

Es así como pueden describirse las relaciones según el novelista y cineasta Charlie Kaufman: la comunicación puede tener una doble intención, o puede, a mitad de camino, percibirse como tal. En Pienso en el final (2020), aborda no sólo este tipo de disonancias en las relaciones personales, sino que las lleva al extremo y toca, además, el tema de la vejez y el sentimiento de vacío.

Pienso en el final es la tercera película dirigida por Kaufman, tras la estrenada en el Festival de Cannes Sinécdoque, New York (2008), y la animada en stopmotion Anomalisa (2015), que fue nominada en los premios Oscar y ganó el gran premio del jurado en el Festival de Venecia.

La lista de filmes dirigidos por él es corta, pero es notorio su esfuerzo por tener este rol únicamente cuando cree que la historia lo amerita lo suficiente. Antes de dirigir, se destacó como guionista de ¿Quieres ser John Malkovich? (1999), El ladrón de orquídeas (2002) o El eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004).

Las producciones en las que participa suelen tener un sello distintivo: muchas veces toma una postura pesimista sobre las relaciones humanas y expone un lado desesperanzador de la vida, haciendo uso de fuertes analogías que transforman la realidad expuesta en las cintas.

Charlie Kauffman. Foto: newyorker.com

En ¿Quieres ser John Malkovich?, un grupo de personas descubre que pueden vivir por momentos la vida del famoso actor (que realmente existe), y se vuelven adictos a entrar en la cabeza de este. Kaufman presenta la insatisfacción como un rasgo sintomático de nuestra sociedad. En El ladrón de orquídeas, es la misma infelicidad del autor la que se apodera del filme con un personaje llamado Charlie Kaufman, quien tiene la labor de escribir un nuevo guión tras su éxito pasado y lidiar con ansiedad, depresión y fobia social.

Hay algo de metacinema en ellas, puesto que la realidad se funde con la ficción. En Sinécdoque, New York no ocurre esto, aunque la historia puede caer en lo autobiográfico. Lo que cabe destacar en relación con Pienso en el Final, es que existe un tratamiento parecido: el mundo interior de los personajes termina por transformar la realidad.

EL TRAYECTO

Pienso en el final. Sé lo que es, a dónde va”, piensa la protagonista Lucy, durante el viaje por carretera. En las primeras imágenes se dice al espectador que esta idea del final persiste y se fija en la mente de ella sin poder irse.

La idea, que parece nueva, se siente vieja en el diálogo. Como en cualquier vida, ha habido otros finales anteriormente. Y una vez que aparece el pensamiento, no se detendrá hasta encontrar una salida a la relación que mantiene a Lucy inconforme. Por supuesto, a menos que no exista un final concreto y que se permanezca en un perpetuo tránsito. La película trata de este peregrinar.

La relación que se establece con el espectador es, cuando menos, inusual. En un momento del viaje en carretera, la protagonista ve hacia atrás mientras la cámara se aleja por fuera del auto, dejando una especie de sentimiento voyerista.

Foto: nbcnews.com

Más adelante, esto cambiará para dar paso a una relación directa. Después de algunos diálogos, Lucy ve directamente a la cámara mientras recita el final de un poema que ha escrito; en él se refleja un cansancio y monotonía que terminan por cambiar la mirada con la que se ve el mundo: “Regresas con visión de rayos X, tus ojos están hambrientos. Vuelves con tus dones mutantes a una casa de hueso. Todo lo que ves ahora es hueso”.

Durante este trayecto se establece a la pareja con ciertos problemas sutiles. No existe un conflicto mayor o escandaloso, es sólo que Lucy no está a gusto. Su incapacidad de congeniar por completo con Jake, se disuelve en momentos en que se llevan bastante bien y mantienen conversaciones interesantes sobre un buen número de temas. Las señales de que quiere terminar la relación son sutiles, pero persisten; es algo que simplemente se intuye. Pero es esta misma característica vaga la que no la deja tomar una decisión.

Al final del poema, Jake le hace ver que le gustó. Pero las palabras “es como si hablara de mí”, terminan por reducir todo el poema a una idea escueta, a lo que Lucy intenta responder , pero al no obtener algo más a cambio, ella vuelve a pensar en el final.

LA CASA Y LA MENTE

No se trata de encontrar una explicación racional a los hechos, sino de ensamblar una representación visual de las emociones y las situaciones. En este relato no hay partes que se distingan como sueños o como delirios de un esquizofrénico, sino que transcurre más dentro de la mente de diversos personajes que en una realidad lógica.

Bajo la premisa de que existe un final inalcanzable, retrasado por la conformidad, por una vida llena de distracciones y actividades que se roban el tiempo de las personas y las estancan, es que se inicia la parte más oscura de la película.

Foto: tn.com.ar Foto: nbcnews.com

Desde la primera escena se muestra el papel tapiz y los barrotes de una escalera entre cierta penumbra, mismos que pertenecen a la casa en la que la pareja terminará su viaje. Lo cotidiano se transformará en algo extraño y perturbador gracias a que la película no transcurre en una realidad objetiva, sino dentro de la mente de sus protagonistas.

En el interior de la casa se representa al mundo interno de los personajes, brindando matices más cargados de suspenso psicológico. Se habían presentado momentos que parecerían de una comedia familiar navideña cuando, de un momento a otro, se imprime un sentimiento inquietante en las escenas.

Ahí viven los padres de Jake, quienes muestran una personalidad exagerada, y que además explotan con violencia tras diálogos sin gran importancia. La casa, como representación de la mente, se convierte en el espacio en que la familia ha influido con comportamientos que aprendemos y en el que ciertas actitudes se perpetúan.

El tiempo transcurre sin sentido aparente. Los padres envejecen y una noche parece convertirse en años. El nombre de Lucy cambia de pronto a Louisa, Licia y Ames, pero persiste su sentimiento de querer llegar al final.

Pienso en el final no se queda en esta única lectura, sino que pronto apuesta por algo aún más grande. La historia de Lucy y Jake es observada por un anciano que aparece en cortos lapsos desde el principio. Es una narración que abarca la vejez de alguien cuya vocación es contar historias, y que se funde con sus propios protagonistas y sus vidas. El lugar desde el que mira, es el del final; desde allí se contempla una vida entera.

Las frustraciones del pasado, son aquellas vividas por cualquiera que se haya estancado en un punto que no parece tener final, en el sentimiento de que algo está por terminar y que, sin embargo, no lo hace.

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