Tormentas solares
Ciencia

Tormentas solares

La Tierra azotada por lluvia geomagnética

En 2014, la doctora Varinia Montero Vega, del Servicio de Cardiología del Hospital General Docente de Guantánamo en Cuba, y su equipo conformado por cuatro especialistas, descubrieron la relación directa entre el aumento de muertes por infarto al corazón y la ocurrencia de tormentas solares.

El Sol, la estrella clave para el florecimiento de la vida en la Tierra, suele tener capítulos de mayor emisión de energía en forma de radiación. Esto fenómenos geofísicos son llamados tormentas geomagnéticas o solares y, de acuerdo a diversos estudios en el área de medicina, son la causa no sólo del incremento de los infartos cardíacos, sino del aumento en los trastornos psiquiátricos, las malformaciones congénitas, las complicaciones en el parto y las epidemias.

Montero Vega y sus colegas refieren en su artículo científico, publicado en la Revista Cubana de Cardiología hace seis años, que desde 1968 en Rusia “reportaron una mayor aparición de infartos al miocardio en los días de actividad geomagnética perturbada, en un estudio realizado durante cinco años en la ciudad de Sverdlov” (Mortalidad por infarto agudo del miocardio y su relación con las tormentas solares y geomagnéticas en la provincia de Guantánamo, volumen 20).

En Cuba, desde 1992 hasta el año 2000, registraron diariamente el comportamiento de cinco mil 172 pacientes de cinco grandes hospitales de la isla para verificar el influjo de las tormentas solares en ellos. Los resultados “corroboraron tal influencia en la frecuencia de morbilidad por infarto agudo del miocardio aún en nuestra baja latitud geográfica (donde se halla Cuba)”. Hasta entonces no eran conocidas referencias de trabajos de este tipo realizados para bajas latitudes, reconocieron los expertos cubanos, quienes emprendieron la investigación para Guantánamo.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

DAÑOS A LA ELECTRÓNICA

Las tormentas solares geomagnéticas son causadas por llamaradas procedentes del Sol, y está confirmado que causan problemas severos en la electrónica, en las comunicaciones y el suministro eléctrico en la Tierra, confirmó en 2018 el Instituto Español de Estudios Estratégicos, en el cual además “se da constancia de un 12 por ciento de probabilidad para que un evento solar intenso, de consecuencias severas, afecte al planeta en la próxima década” (Tormentas solares geomagnéticas: la amenaza de una sociedad hipertecnológica, Jorge Eiras Barca, 2018). En este informe alerta sobre problemas inclementes que afectarían además el suministro del agua.

Eiras Barca recordó el primero de los registros de una intensa tormenta solar, conocida como Evento Carrington, ocurrido el 1 de septiembre de 1859, la cual impactó a la Tierra. “Como causa de esta llamarada que afectó a nuestro planeta, existe documentación sobre la observación de auroras boreales en latitudes medias (como en Madrid, España) e incluso tropicales (como en Hawai).

El viento solar (partículas de masa solar, generalmente protones y núcleos de helio, que llegan a la atmósfera terrestre) afecta constantemente, generando las conocidas auroras polares y boreales. La intensidad habitual de estos eventos es insuficiente como para causar problemas en la superficie de la Tierra”, escribió entonces el experto español, afirmando que debido al campo magnético, que actúa como escudo, la tormenta se desvía hacia los polos.

Sin embargo eventos como el Carrington, cuya fuerza doblega el escudo terrestre, tiene la capacidad suficiente para generar una corriente superficial y causar daños en la electrónica y, como lo confirmaron los galenos cubanos, también en la salud de las personas.

En ambos estudios señalados no se vislumbró alguna periodicidad en la frecuencia de las tormentas solares, hasta ahora, cuando científicos de la Universidad de Warwich anunciaron el descubrimiento de un comportamiento constante: cada 25 años la Tierra es azotada por una recia lluvia geomagnética.

Las tormentas solares provocan fenómenos inusuales, como auroras boreales en latitudes medias. Fotos: Archivo Siglo Nuevo

BAJO LA LLUVIA CÁLIDA

El 15 de mayo de 2019, la BBC News Mundo anunciaba la aparición de una tormenta geomagnética que se aproximaba a la Tierra: “Si bien los expertos dijeron que la intensidad será moderada, es posible que este inusual fenómeno permita que entre este miércoles (aquel 15 de mayo) y el próximo viernes se puedan ver auroras boreales en algunas partes de Canadá y el norte de Estados Unidos”. Entonces calificó de “inusual” el evento que ocurre cuando se propicia un intercambio de energía procedente del viento solar hacia la atmósfera terrestre; ahora el Centro de Fusión, Espacio y Astrofísica de la Universidad de Warwick, de Reino Unido, confirma que tales tormentas no son inusuales, sino todo lo contrario, son frecuentes, y cada 25 años son intensas.

Aquí utilizamos medidas de perturbaciones en el campo magnético de la Tierra que se remontan a 1868, y presentamos una forma novedosa de analizar los datos para identificar las tormentas magnéticas más grandes que se remontan a unos 80 años más de lo que se ha hecho antes. Como resultado, podemos indicar la probabilidad de que ocurra al menos una súper tormenta en un año. Encontramos que, en promedio, hay un cuatro por ciento de probabilidad de al menos una tormenta severa por año y un 0.7 por ciento de probabilidad de una tormenta de clase Carrington por año, que se puede utilizar para planificar el nivel de mitigación necesario para proteger la infraestructura nacional crítica”, resumió la científica Sandra Chapman, responsable de la investigación.

En su trabajo publicado bajo el nombre de Uso del índice de los últimos 14 ciclos solares para caracterizar la actividad geomagnética extrema, prueba la presencia de tormentas solares intensas en 42 ocasiones a lo largo de 150 años. “Es decir, a un ritmo aproximado de una cada tres años. Del mismo modo, las súper tormentas más grandes y poderosas tuvieron lugar en seis de los años del siglo y medio estudiado. O lo que es lo mismo, una vez cada 25 años”, reseñaron los medios periodísticos internacionales.

Cohete Delta IV Heavy. Foto: space.com

El estudio de Chapman demuestra que las tormentas solares son más frecuentes de lo que se creía, y que eventos como el Carrington podrían ser comunes y más: podrían presentarse cuando menos se espere. Richard Horne, coautor de la investigación, así lo afirmó: “Nuestro trabajo muestra que una súper tormenta puede ocurrir con más frecuencia de lo que pensábamos. Las estadísticas pueden engañar”, porque el fenómeno se presentará, eso es cierto, pero no se sabe con exactitud en qué momento a lo largo del año.

ABC Ciencia de España recordó la eyección solar de 2012, que pudo ocasionar una catástrofe en la Tierra de haberla alcanzado. “La tormenta de masa coronal del Sol emitió al espacio una gigantesca nube de partículas cargadas. Por suerte, la nube no se dirigió hacia nuestro planeta. Si lo hubiera hecho habría causado una enorme tormenta geomagnética” y daños extremos. A raíz de estos fenómenos se crearon las agencias nacionales de riesgos, primero en Reino Unido y después en Estados Unidos.

El domingo 12 de agosto de hace dos años, la NASA lanzó al espacio el cohete Delta IV Heavy llevando, en la parte superior, la sonda espacial Parker Solar Probe; su misión es enviar información que le permita a los expertos comprender un poco mejor a la gran estrella. La sonda (a la que le restan seis años de funcionamiento) aprovechará la gravedad de Venus en siete ocasiones para completar 24 órbitas alrededor del Sol. Se aproximará a poco más de seis millones de kilómetros, desde donde capturará datos sobre el movimiento de la energía y del calor de la atmósfera; también buscará información sobre las causas del aceleramiento del viento solar, así como de las partículas energéticas para intentar advertir la conducta de las tormentas y así poder tender un gran sombrilla sobre la Tierra y evitar daños mayores en temporada de lluvias solares.

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