Irma Pineda: la voz poética de la gente de las nubes
Entrevista

Irma Pineda: la voz poética de la gente de las nubes

Quí zúuyu naa gáte

No me verás morir

quí zanda gusiáandu naa

no podrás olvidarme

naa nga jñóou, bixhoze lu

soy tu madre, tu padre

diidxa yooxho bixhoze góla lu

la vieja palabra de tu abuelo

(Irma Pineda: No me verás morir)

En México, se narra, existe un lugar donde el cielo se une con el mar y al que los dioses descienden para convivir con la humanidad. Lo nombran Juchitán, el universo cohabitado por la gente de las nubes. Así es como se auto bautizaron los zapotecas, un pueblo milenario al que le nació una hija descendiente del verso, una poeta que, desde pequeña, empuñó su pluma para enterar a las hojas en blanco del dolor que le supuraba por no saber cuál fue el destino de su padre, hombre “mutilado” de su hogar como consecuencia de su activa lucha por los derechos de los campesinos y obreros.

Desde entonces, Irma Pineda escribe poesía en resistencia, pero también poetiza las imágenes que desde su pueblo emergen para hacer alianzas con la memoria. Su labor es simple: nombra para que las cosas sigan existiendo.

La autora zapoteca sabe que la batalla por proteger las tradiciones pende de almas enraizadas y comprometidas con su tierra, con el origen. Así como la suya, que lejos de desamparar a su lengua, la resucita a través de sus textos escritos en lengua diidxazá: el idioma de los suyos.

A la juchiteca le apasiona versar en zapoteco. Partidaria de esta herramienta literaria, la autora está enclavada en el sendero de reivindicar su cultura para preservar las tradiciones de un pueblo que, desde que tiene consciencia, vive con la latente amenaza de ser desnudado de sus costumbres y descarnado de su pasado. Pero Irma es custodia de su lengua materna, una mujer que se abrió paso entre las páginas provocadas por su poesía, género con el que cincela las palabras para esculpir obras como Naxiña' Rului' ladxe' (Rojo Deseo) o Guie’ ni (La flor que se llevó), entre otras piezas, las cuales (algunas) ya han encontrado traducción al inglés, italiano, portugués y ruso, entre otros idiomas. Demostrando así, que las barreras del lenguaje son invisibles y las fronteras sólo un pretexto para provocar divisiones.

La traductora, profesora, ensayista y también ferviente defensora de los derechos de los pueblos originarios desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU), conversó con Siglo Nuevo sobre cómo se ha servido del verso para hablar del dolor, la ausencia, la violencia, del amor, pero también para gritar la urgencia de preservar las lenguas indígenas con la honesta intención de frenar la fuga de conocimiento, pero sobre todo, para continuar encarnando la voz poética de los zapotecos: la gente de las nubes.

Foto: Cortesía de Irma Pineda

Me gustaría empezar con el principio. ¿Cómo fue tu niñez en Juchitán, qué imágenes me puedes compartir de esa época?

Tuve una infancia bastante contradictoria porque, por un lado, hay muchas cosas que disfruté, por ejemplo, los juegos de niños. No teníamos tecnología y nuestra infancia se vivió entre las casas, los patios, las calles de tierra porque no había pavimentación ni drenaje. Así que cuando llovía era callejones y calles de lodo, pero con todo eso jugábamos, nos divertíamos; además era una infancia muy libre, no teníamos que preocuparnos de que otros nos hicieran daño porque vivíamos de manera comunitaria y todos los adultos sabían de quiénes éramos hijos, [...] Esa parte fue muy bonita, pero al mismo tiempo hubo una época muy triste: mis padres al estar involucrados en un movimiento social, repercutió en que a mi papá lo secuestraron y lo desaparecieron elementos del ejército. Vinieron a Juchitán y se lo llevaron, entonces, esto nos dejó con mucha tristeza, con esta angustia siempre de no saber dónde está, a dónde se lo llevaron, si lo mataron, si estaba vivo. Aquí está la parte de cuestionar siempre qué había pasado con mi papá y tratar de acercarme a la poesía para buscarlo, también con la intención de encontrar en la poesía algunos elementos que me permitieran explicarme qué pasaba o qué ocurría con este tema de la desaparición, yo creo que desde ahí me fui vinculando mucho con la poesía.

Siendo tan pequeña, ¿esa fue tu manera de canalizar este hecho, ahí comenzaron a estar presentes las letras en tu vida o cuál es el primer acercamiento que tienes con la literatura?

Fue a través de mi mamá y de mi papá porque fueron profesores, eso hizo que hubiera amor por los libros. Mi mamá se sentaba con nosotros a leer algunos cuentos, ella era más de los cuentos, era la que recuperaba un poco la tradición oral con los mismos y mi papá era el de la poesía. Él tenía libros, sobre todo de poetas españoles de la guerra civil, entonces eran los que nos leía cuando estábamos en la hamaca. Es como el haberme vinculado desde muy temprana edad a este sonido de la palabra y al ritmo de la poesía.

¿Los versos han sido un paliativo a la ausencia de tu padre?

Sí. Yo creo que esa es la manera en la que yo he tratado de encontrar su voz, esta imagen de mi padre leyéndome. La cercanía de su voz a través de la poesía, es algo que siempre busco en los poemas, y al final es por eso que me quedé más con la poesía que con la narración, por ejemplo. Porque era esta búsqueda constante de la voz del padre ausente y a través de esa exploración de ir encontrando un poco de alivio al dolor y ver cómo paliar justamente esa tristeza.

Foto: Behance / Cleonique Hilsaca

En tu texto Mis dos lenguas hablas sobre un choque cultural: por un lado tus padres trataban de inculcarte un idioma que te facilitara la relación con el mundo (el español) y por el otro lado estaba todo el peso de tu cultura. ¿Qué me puedes comentar al respecto?

La generación de mis padres fue la que literalmente fue golpeada para que dejara de hablar su lengua, es decir, a ellos los maestros les pegaban para que no siguieran hablando el zapoteco, porque claro, esto responde a una política pública del Estado que buscaba consolidar una nación sustentada en una sola lengua y una sola cultura, entonces todas las demás y la diversidad cultural eran un estorbo para la construcción del concepto de nación que había desde el Estado. Una indicación era que los maestros hicieran que los niños aprendieran español a como diera lugar, entonces, mis padres fueron de esa generación a la que golpearon para que dejaran de hablar su lengua. Crecieron con esta violencia, yo creo que eso hizo que pensaran que mi hermano y yo tendríamos que aprender bien español para que no fuéramos violentados ni discriminados. Hacían la labor de enseñarnos español, pero la verdad es que en la vida cotidiana en esa comunidad todo era en zapoteco. Para mí jugar hubiera sido imposible si no hubiera conocido el zapoteco, porque todos los niños y niñas jugaban, cantaban, reían en zapoteco y yo tenía que aprender el idioma para ser parte de esa infancia.

¿Cuál es el momento en el que te dedicas a la escritura formalmente?

Empecé ya cuando estaba en la universidad. Escribí desde niña, porque era la manera de sacar cosas que traía adentro, pero ya en la universidad alguna amiga que hacía un periódico en la facultad donde estudiaba, en Ciencias Políticas de la UAEM (Universidad Autónoma del Estado de México), me invitó a publicar porque sabía que escribía. A partir de esa publicación, los que me leyeron me empezaron a decir, 'oye que bien, por qué no publicas más'. Eso me fue animando. Yo tenía 18 años, ahí dije 'esto es lo que me gusta y lo que quiero hacer'.

¿De qué comenzaron a hablar tus letras y de qué hablan ahora ?

Comencé a escribir mucho sobre el dolor. Mi primer periodo fue como de catarsis, de exorcismo, de angustia. Escribí mucho sobre mi padre, escribí mucho sobre el dolor y los cuestionamientos que siempre nos han perseguido sobre el tema de su desaparición. Después, de cosas más amorosas, hasta cursis creo yo, y luego cuando tuve claro que la poesía sí me servía para recuperar un poco la memoria del pueblo, para hablar de los temas que les preocupaban también, comencé a escribir más sobre algunas tradiciones.

Foto: Cortesía de Irma Pineda

¿Cómo construyes tus poemas?

A veces hay algo que me toca o que me empieza a mover, algún tema, y a partir de eso pienso que quiero hacer un libro. Entonces voy organizando. Para un libro procuro hacer unos 50 poemas, pero en el proceso escribo cosas que no me gustan, rescato algunas líneas nada más, reconstruyo, de tal forma que al final pueda tener aproximadamente 50 poemas, porque de ahí todavía voy a desechar. Al final un libro lo publico con entre 42 y 48 poemas. Lo voy haciendo de manera bilingüe. Generalmente construyo primero en zapoteco porque siempre he dicho que te da las imágenes luego luego, y hacer una versión en español es más fácil. Después voy revisando y empatando también las versiones. Como yo leo para la gente del pueblo, si algo está mal en la versión en zapoteco, ellos lo notan y me llaman la atención sobre eso, me dicen que no está bien dicho; tengo que pensar cómo redacto en zapoteco de forma que para mi gente quede muy claro y no haya observaciones. Pero tú sabes que la traducción siempre es un puente que no termina de construirse bien, entonces tengo que pensar en la versión en español de tal forma que también quede comprensible para la gente que sólo me va leer en español. En esta construcción del puente, a veces se quedan algunas cosas, a veces se gana, a veces no. Pero trato de que más bien cada versión sea comprensible para la gente que lo va a leer. Esa es mi prioridad: más que hacer una traducción literal o una traducción académica, es cómo lo van a entender en un idioma y cómo lo van a entender en otro.

¿Cuáles son las bondades de tu lengua de origen en cuanto a sonoridad y significados?

El zapoteco, de entrada, lo que te digo: da imágenes. Todo el tiempo lo que dices en zapoteco es una imagen, pero también en cuanto al ritmo, al sonido. Es una lengua en la que ninguna palabra termina en consonante, todas terminan en vocal, eso facilita mucho el ritmo. Tenemos la imagen y además el hecho de que en zapoteco muchas palabras son polisemánticas, es decir, si yo pienso una palabra en zapoteco, en español yo tengo la posibilidad de decirlo de muchos modos o de usar la que más me convenga. Sólo un ejemplo: la palabra guenda en español tiene un montón de posibilidades, la usamos para decir alma, don, cualidad, atributo, cargo importante, ser paralelo, guardián de tu alma, tu náhuatl. Es decir, eso nos da una riqueza para también poder jugar con la versión en español.

¿Cuál es la urgencia central de preservar las lenguas indígenas?

Preservar el conocimiento. Una lengua no es sólo un medio de comunicación o un lenguaje para comunicarnos con el otro. Una lengua es un acervo de sabiduría, de conocimiento, de historias, de literatura, de matemáticas, es decir, hay muchas cosas que se guardan en un idioma, la medicina tradicional, por ejemplo. Entonces, cuando vamos perdiendo palabras en un idioma vamos perdiendo todo un concepto de cosas. Por eso es tan importante poder preservarlo.

Desde 2018, la poeta forma parte del Foro Permanente Sobre Cuestiones Indígenas de la ONU. Foto: Cortesía de Irma Pineda

¿Observas a la literatura como una manera de promover su rescate y en tu obra intentas esa conexión con el origen?

Sí, fíjate que sí, para mí definitivamente la literatura es una de las herramientas con las que podemos contribuir y preservar el idioma, uno, porque quienes creamos literatura, al leer en voz alta, seguimos transmitiéndolo. Pero también al escribirlo estamos haciendo un registro gráfico de estas palabras y una especie de memoria para las siguientes generaciones que puedan ir viendo nuestro material. Eso por un lado, y por otro lado, también en lo que creamos. Detrás de un texto individual para los creadores indígenas siempre hay un texto colectivo, es decir, lo que nosotros creamos en nuestra lengua, sea un poema, una canción, un cuento, detrás de eso viene algo que seguramente nos contaron nuestros ancestros. De alguna forma estamos contribuyendo a recuperar la lengua, pero también la memoria de la comunidad.

¿Cuál es el reto de escribir poesía, que no es el género más popular que existe, y que aparte tú presentas en otra lengua?

Justamente ese es el reto, poder conquistar mayores públicos. Pero sobre todo que nuestro trabajo, el de los escritores en lenguas indígenas, tenga un sentido real para nuestras comunidades. A mí sí me gusta escribir y me gusta que me lean en otros lados, pero mi prioridad es que la gente en el pueblo lea lo que yo escribo, y si no lo puede leer, porque muchos todavía son analfabetas o no tienen acceso a los libros, sí lo puedan escuchar. Esa es otra cosa que hemos estado buscando. En mi caso, los libros recientes que he hecho, he procurado que vengan con un CD para que exista otra alternativa de difusión del material. Eso es lo que queremos. Por un lado ir trabajando, en el sentido de que no haya más discriminación en este país hacia las lenguas indígenas, generar este valor y gusto hacia las lenguas indígenas y que podamos tener un público más amplio fuera de nuestras comunidades; pero nuestra principal razón de ser, de escribir, es hacer que lo que hacemos llegue a la gente de nuestro pueblo y que ellos le encuentren sentido.

En tres palabras ¿cómo definirías tu poesía?

Comunitaria, amorosa y de denuncia.

Y a ti misma ¿cómo te describes?

Una mujer con sus contradicciones, pero con sus querencias y sus motivos para seguir haciendo cosas.

Tendrás algún verso favorito que quieras compartir...

Hay un poema que me gusta mucho, que además es de los más populares, que la gente lo ha tomado mucho. Los jóvenes lo han tomado y le han puesto música, lo han hecho en rap. Se llama No me verás morir y es un poema que me gusta porque justo habla de mi cultura, habla de algunas costumbres, de algunas tradiciones. Y hay otro pequeño que también me gusta que habla de cómo vemos nosotros la vida y la muerte: “al despertar de tu muerte, me verás aquí. Convertida en un árbol viejo que espera tu retorno de colibrí”.

Foto: Behance / Cleonique Hilsaca

¿La riqueza visual de tu poesía la dejas caer sobre tus tradiciones? ¿Es tu manera de preservar tu cultura?

La poesía a mí me ayuda a ir guardando parte de esa tradición, es parte de esa cultura, a través de esas imágenes que voy recuperando. Pero no sólo hablo de la cultura y de la tradición, sino también de otras cosas que nos afectan como sociedad, como la violencia en términos comunitarios, pero también la violencia hacia la mujer. Justo este año estamos trabajando y espero que ya a fin de año esté publicado un libro que se llama Azul anhelo que habla sobre la violencia hacia las mujeres. Hice una serie de entrevistas a mujeres que han vivido violencia de todo, de pareja, estructural, social. Entonces es un libro un poco duro, un poco triste, pero también nos permite generar consciencia sobre lo que ocurre hacia las mujeres y sobre todas las formas de violencia.

También tienes un camino de activismo, ¿cómo ha sido ese trabajo y tu participación en la ONU?

Fue la poesía la que me ha ido llevando, porque a través de ella empezamos a hacer un trabajo de difusión, de promoción sobre la lengua, y esto permitió que me fueran identificando, justamente, como una activista por los derechos culturales, por los derechos lingüísticos [...] De escalón en escalón me di cuenta que ya estaba hablando de muchas otras cosas que nos preocupan a los pueblos indígenas y eso me llevó a que me propusieran en el Foro Permanente Sobre Cuestiones Indígenas de la ONU desde el 2018. El año pasado, el Consejo Económico y Social valoró las diferentes propuestas que tenía en frente y finalmente votaron por mí para ocupar un espacio como representante de México, América Latina y el Caribe en el Foro Permanente Sobre Cuestiones Indígenas. Y ahí lo que nos pidieron era plantear algunos puntos que veníamos tratando de empujar desde la ONU, y lo que yo propuse, entre otras cosas, fue la lengua, el respeto y el trabajo sobre el medio ambiente, y el tema de las mujeres que para mí ha sido muy importante.

¿Algo que te gustaría agregar?

Solamente invitar a la gente a que siga buscando y acercándose a la literatura que se realiza desde las diferentes lenguas indígenas en México. Hay mucha música en nuestras lenguas, mucha literatura. Con sólo googlear literatura en lenguas indígenas, van a ver toda la cantidad de material que van a encontrar. Acérquense y conozcan esta riqueza de México.

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