Héroes de capa caída
Salud

Héroes de capa caída

Cuidar de quien nos cuida

Ilustración de portada: Behance / Anna and Elena Balbusso Twins

Cuidar de quien nos cuida”, reza una frase habitual por estos días, verdad no sólo aplicable en tiempos de pandemia, aunque en estos adquiere una especial importancia.

Recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un llamado a las autoridades, de gobierno y de salubridad, para que hagan algo con respecto a las infaltables amenazas para la integridad física y mental del personal sanitario.

Aliviar el sufrimiento de las personas y salvar vidas, tareas destacadas que realizan médicos, enfermeras, paramédicos y demás integrantes del ramo salutífero, son razones que bastan para justificar inversiones que aligeren su carga.

El principal argumento esgrimido por el organismo dice: “Ningún país, hospital o centro de salud puede mantener a salvo a sus pacientes a menos que preserve la seguridad de sus trabajadores de la salud”.

¿A dónde se deben orientar esfuerzos? Hacia la mejora de las condiciones laborales, una mayor capacitación y remuneraciones acordes con su labor (y los riesgos que conlleva). El respeto en el trato es otro aspecto que no debe soslayarse.

En ejercicios de ficción, un tema recurrente es qué pasaría si una persona o un grupo poblacional desapareciera por completo de este mundo.

Gracias a movimientos sociales y protestas laborales, sabemos lo que es un día sin mujeres, un día sin maestros y demás.

Por estos días de coronavirus, ¿quién se atreve a imaginar un mundo sin individuos que atiendan a las víctimas del amplio catálogo de enfermedades activas?

Cuidar de quien nos cuida exige brindar a la tropa sanitaria un entorno donde la violencia no haga blanco en ellos; ofrecer a su salud mental auxilios terapéuticos; protegerlos contra peligros físicos y biológicos; diseñar e implementar programas de seguridad durante el desempeño de sus funciones.

ECOS DE LA PANDEMIA

La COVID-19 ha puesto a los miembros del sector salud en un sitio donde cumplir con su función puede acarrear un desenlace fatal. Ya es mundialmente aceptado que la proporción de sanitarios infectados por el virus es mucho mayor a la de cualquier otro grupo poblacional o de la sociedad en general.

El contexto pandémico ha generado estrés psicológico en los médicos por no poder ver a sus familias. Fotos: Pia Samson

En países como México, de ingresos bajos y medios, los profesionales de hábitos blancos representan menos del dos por ciento de la población, no obstante, alrededor del 14 por ciento de los casos de coronavirus que esas naciones reportan a la OMS corresponde a representantes del sector salud. Si bien no se sabe qué cantidad de trabajadores se infectó en su puesto y cuántos lo contrajeron en casa o en la calle, el hecho ineludible es que miles de ellos han perdido la batalla contra el virus.

Cabe señalar que el contexto pandémico ha depositado extraordinario estrés psicológico sobre los llamados “héroes” de la medicina al situarlos en salas saturadas de infectados durante largas jornadas, con el temor de contagiarse, separados de sus familias.

Un estudio publicado en la revista ScienceDirect, en su número de agosto, expone que, a raíz de la pandemia, uno de cada cuatro sufre depresión y ansiedad, y uno de cada tres padece insomnio.

Además, la OMS ha documentado que, desde la irrupción de la COVID-19, han aumentado los reportes de profesionales sanitarios que denuncian acosos verbales, discriminación y violencia física. También llegan a ser objeto de muestras de repudio en la vía pública.

TAREAS

Las dificultades surgidas a raíz de la enfermedad exótica representan, dice la OMS, una oportunidad de vincular de una vez conceptos como atención de la salud, seguridad en el trabajo, cuidado del paciente y programas de prevención y control de infecciones.

Fuera de las clínicas se requieren acciones, como revisar y actualizar las normas nacionales de salubridad y seguridad en el centro laboral, para que la protección de los agentes de hábitos blancos durante su jornada esté garantizada, y poner en marcha tanto políticas como mecanismos dirigidas a prevenir y erradicar la violencia en el sector salud.

Dentro de la cotidianidad de las faenas médicas sería útil desarrollar sistemas de indicadores que velen por la salvaguarda física y mental de enfermos y profesionales sanitarios.

Ningún doctor o enfermera le haría gestos a la instauración de políticas que garanticen una duración apropiada y justa de la asignación a determinadas labores (al área COVID, por ejemplo), las horas de trabajo y las pausas de descanso. También se podría reducir al mínimo la carga administrativa puesta sobre ellos.

Foto: Notimex

Hablar de seguridad en el trabajo exige mencionar el tema de la póliza de seguro contra riesgos relacionados con las funciones que desempeñen, en particular en el caso de quienes ingresan a departamentos de alto riesgo. En la parte inmaterial ayudaría facilitar el acceso de los sanitarios a terapia psicológica.

A propósito de la pandemia, una deferencia importante sería garantizar que la tropa salutífera lleve mano a la hora de aplicar las vacunas contra la COVID-19, una vez que los preparados se autoricen y distribuyan.

BAJAS

Un reporte de Amnistía Internacional difundido a principios de septiembre expuso que, alrededor del mundo, al menos siete mil trabajadores del sector salud habían muerto luego de contraer el coronavirus.

De esa cantidad, al menos mil 320 fallecieron en México, la cifra más alta para un solo país.

Estados Unidos, nación con el mayor número de infectados, acumuló mil 77 defunciones entre empleados de salubridad. El tercer lugar era para Brasil con 634 bajas.

Según la organización defensora de derechos humanos, el hecho de que siete mil personas mueran mientras tratan de salvar a otras constituye “una crisis de una escala asombrosa”.

El reporte también consignó que, al 25 de agosto, las autoridades mexicanas habían confirmado 97 mil 632 casos de COVID-19 entre los integrantes del sistema sanitario.

Más que un postulado de hechura sencilla, “cuidar de quien nos cuida” es una respuesta ineludible para garantizar que el buque de la sociedad no se hundirá tras chocar con el iceberg de una enfermedad sumamente dañina.

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