Construcciones contra la enfermedad
Arquitectura

Construcciones contra la enfermedad

Abrir espacio a la salud

Una carta abierta a los formuladores de políticas sobre el papel esencial de la arquitectura en la pandemia por la COVID-19, fue escrita por los arquitectos y diseñadores especializados en cuidado de la salud Willian Hercules, Diana Anderson y Marc Sansom. En ella se advierte la importancia crítica de los entornos como parte de las soluciones a las emergencias y pandemias.

Cada vez existen más retos, porque cada eventualidad con la que se topa la humanidad va guiando de maneras diferentes el camino que se recorre.

Hercules, Anderson y Sansom afirman que la arquitectura se relaciona con las labores técnicas y de diseño tanto de espacios como de muebles que facilitan la atención a la salud, y que la importancia de los profesionales en estos campos, radica en la evaluación de esos espacios y la adaptación de los mismos.

Entre sus propuestas están la utilización de habitaciones con presión de aire negativa, es decir, que haya más ventiladores expulsando el aire que introduciéndolo; así como salas de aislamiento de infecciones transmitidas por vía aérea. Ambas deben contar con filtración de aire, y son y continuarán siendo cruciales según lo afirmado por los arquitectos y diseñadores.

PENSAR EN ESPACIOS COMO SOLUCIÓN

No es la primera vez que se plantea a la arquitectura como parte de una contingencia. De hecho, las ciudades, construidas primero en relación con las actividades económicas y sociales, se han transformado con el paso de eventualidades y peligros que afronta la humanidad.

La enfermera y estadista británica Florence Nightingale fue una de las primeras autoras en mostrar que las construcciones tuvieron un importante efecto sobre los soldados heridos y su recuperación (durante la Guerra de Crimea), efectuando un mayor control de espacios seguros y pensados para la convalecencia.

Ilustración de una sala del Hospital de Skutari, en Crimea, durante la guerra. Foto: nationalarchives.gov.uk

Las aulas al aire libre, conocidas también como escuelas antituberculosos, fueron la respuesta ante la dispersión de la enfermedad en Europa durante el siglo XIX y principios del XX.

Lo que las distingue de las demás es, precisamente, que dejan fluir el aire a través de sus ventanas enormes. Algunas de ellas tenían muros corredizos o carecían de techos, elementos que dejaban al aula en calidad de un espacio abierto para dar las clases.

Como en muchas otras pandemias, la proximidad de las personas y el contagio por el aire es clave para comprender cómo es que la arquitectura se ha transformado para prevenir enfermedades.

ESTILOS A FAVOR DE LA SALUD

Reconocidos arquitectos como Le Corbusier, Walter Gropius o Alvar Aalto, diseñaron pensando en favor de los espacios amplios y, para un mejor control del polvo y la suciedad, emplearon suelos elevados y terminaciones en arco para resguardar la menor cantidad de polvo posible.

Estos factores fueron utilizados como un punto de partida que movería a los creativos hacia la búsqueda de nuevos diseños. El modernismo se vio marcado en parte por esta visión guiada hacia la practicidad, pero también ante la idea que se tenía del futuro: mayor simpleza de las formas.

Con lo anterior generaban estructuras que inspiraran limpieza y amplitud mediante la economía de elementos, también facilitando su aseo físico.

Villa Savoye, vivienda modernista diseñada por Le Corbusier. Foto: Architectural Digest

El arquitecto y teórico suizo Le Corbusier, no sólo fue alumno de Auguste Perret y contemporáneo del conocido Frank Loyd Wright, sino que en su respuesta creativa a la tuberculosis, estaba cambiar la arquitectura del siglo XIX para hacer las construcciones menos susceptibles a albergar la enfermedad.

Es por eso que levantar las casas del suelo fue uno de sus objetivos. Utilizó pilotes para suspender habitaciones sobre la tierra. El diseño minimalista, con sus superficies planas y carentes de ornamentos que se llenaran de polvo, se utilizó para favorecer la limpieza. En cuanto a los interiores, se utilizaron elementos ligeros en vez de tapicería felpuda o madera tallada. Pero no sólo esto, sino que Le Corbusier cambió el espacio público en París para evitar las aglomeraciones de personas.

En este sentido, el diseñador y arquitecto finlandés Alvar Henrik Aalto, se convirtió en referente con sus hospitales cuyas características eran ventanales grandes y terrazas. Es decir, favorecer el espacio y la entrada de aire.

CONTEXTO ACTUAL

Lo que podría seguir, teniendo en cuenta el contexto histórico, es que los espacios deberán ampliarse aún más. Como ejemplo de esto están los edificios que se equiparon para atender a las personas con COVID-19. En Estados Unidos se habilitaron hoteles como hospitales. En Madrid, el Palacio del congreso Ifema se convirtió rápidamente en un gran centro de salud.

El lugar que fue dispuesto para la feria de arte Arco en 2020, fue utilizado en Madrid, España, como sitio para tratar a los pacientes con la nueva enfermedad, atendiendo a un distanciamiento entre camas incluso mayor que el recomendado de un metro y medio.

Luis Vidal es el arquitecto y profesor español responsable del Hospital de Can Misses en Ibiza, y del Hospital Álvaro Cunqueiro en Vigo, España, el más grande de Europa. Respecto a la pandemia, señala que uno de los principales cambios que se podrán observar son los filtros saneadores por campanas de ozono y medición de temperatura en los lugares más concurridos, tales como estadios de futbol, aeropuertos y hospitales. Estos sitios tendrán salas donde se detendrá a las personas de las que se sospecha una enfermedad.

La firma Aki Hamada diseñó un edificio de oficinas flexible, cuyas paredes se pueden reconfigurar fácilmente para crear el número de espacios que se deseen, tan abiertos o cerrados como sea necesario. Fotos: ArchDaily

Lo anterior no es muy distinto a lo que está ocurriendo actualmente, pero es posible que se utilice después, sobre todo en los espacios más concurridos, para evitar nuevos riesgos.

Pero Vidal, para CNN en español, realizó una mención interesante de un elemento arquitectónico: los espacios flexibles. Al mismo tiempo que se están adecuando rápidamente lugares amplios para atender enfermos, los espacios adaptables adquieren mayor importancia, ya que se podrán utilizar para nuevas eventualidades, así se trate de una enfermedad o un desastre natural. Los edificios estarán listos para abrir sus espacios o redistribuirlos de manera que la normalidad no se vea afectada de manera tan drástica.

En cuanto al trabajo en casa y otras actividades que se deben hacer en ella, se proponen también espacios adaptables, de modo que se pueda cambiar rápidamente la disposición para hacer más sencillas y cómodas las labores cotidianas. Las habitaciones para comer y dormir también podrán ser más adaptables en un futuro, pero es posible que también haya otro tipo de adaptaciones, como las barreras para el sonido que favorecerán la tranquilidad y privacidad de varias personas aisladas.

Serán sumamente importantes las entradas de luz natural, tanto para mejorar la comodidad como para favorecer la salud mental, la concentración y el estado de ánimo. Asimismo se recomienda la ventilación natural cruzada, es decir, con aberturas en la construcción en paredes opuestas o adyacentes. Los lugares de trabajo tendrían que mantener estos elementos para favorecer el clima laboral.

Por supuesto, también un mayor espacio que permita un estado psicológico estable y cambios de lugar para evitar hastiarse de un mismo sitio. Las terrazas y jardines, así como otros lugares de esparcimiento al aire libre y que permitan el contacto con la naturaleza, serán esenciales, según Vidal.

Todo lo anterior implica un mayor contacto con el mundo exterior sin necesidad de salir o propiciar multitudes. Lamentablemente, la tendencia en arquitectura hasta el momento, sobre todo en ciudades sobrepobladas, es contrario a lo que se indica como más saludable.

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