Terapia del paladar
Salud

Terapia del paladar

El menú adecuado para provocar el bienestar

Dimensionar la importancia de la nutrición exige tocar temas que van más allá de calmar el hambre o deleitar nuestro sentido del gusto. Inmersos en rutinas y actividades absorbentes (o en un atípico escenario pandémico) podemos pasarnos la vida sin reparar en la relación del buen comer con la salud mental o el equilibrio emocional. Pensamientos y emociones de calidad están ligados a la ingesta de comestibles virtuosos. Menos indiferente nos resulta el papel de las viandas en tiempos de enfermedad.

Una idea bastante arraigada en nuestro imaginario colectivo dicta que algunas personas poseen la capacidad de masticar de todo sin sufrir perjuicio alguno. Se trata de una afirmación desmedida. En realidad, no podemos hincar el diente a cualquier cosa, por más que en ciertos destinos del mundo se vean obligados a engullir panes de tierra.

En ámbitos citadinos, cuando los ingresos lo permiten, surtir la alacena con productos que generen beneficios físicos y mentales parece una tarea sencilla. No lo es.

La selección ideal de comestibles debe atender no sólo a las preferencias gastronómicas, sino también a las características físicas y a la carga energética que requerimos para ejecutar nuestras actividades. Con esos fines, la valoración de un profesional de la salud se antoja indispensable.

También debe considerarse que tanto platos fuertes como bocadillos o tentempiés provocan sensaciones, a veces positivas, a veces negativas, y reacciones, en ocasiones de forma inmediata y en otras por acumulación.

Prestar atención al proceso digestivo, a la absorción de los nutrientes y a las sustancias que, derivadas de la ingesta, llegan a nuestro torrente sanguíneo, brinda información acerca de si tenemos tendencia a preservar nuestra salud, o bien, nos vamos orillando hacia situaciones poco deseables.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

PANDEMIA ALIMENTARIA

Llevar una alimentación saludable no impide que contraigas agentes nocivos como la COVID-19, pero, una vez que pescas enfermedades exóticas por ese estilo, incide en la recuperación. Si eres un individuo sano, elegir bien los elementos del menú ayuda en la prevención de diversos padecimientos; si eres diabético, hipertenso o víctima de esa otra pandemia llamada obesidad, tus preferencias culinarias se ven reflejadas, para bien o para mal, en tu calidad de vida.

En el ámbito sanitario está más que demostrada la influencia de aquello que desayunas, comes o cenas en la capacidad de tu organismo para alzar escudos contra las afecciones.

Las recomendaciones orientadas a mantener en óptimas condiciones el sistema inmunitario incluyen limitar el consumo de sal, reducir el uso de salsas, no utilizar ni mantequilla ni manteca de cerdo al cocinar (el uso de aceites de oliva, de maíz o de soja es ampliamente preferible). Otras son consumir preferentemente aves y pescado, limitar el consumo de carnes procesadas, hervir en lugar de freír, bajarle al consumo de golosinas y bebidas azucaradas, hacer lugar en el plato para fruta en lugar de galletas, pasteles, chocolates, incluir en la lista de compras algún suplemento alimenticio. La COVID-19 obliga a ser repetitivos con respecto a la dieta ideal.

El tema de una potencial crisis alimentaria es un aspecto derivado de la pandemia que ha sido opacado por los indicadores de contagios y defunciones. Debido a las restricciones de salubridad, mucha gente observa cómo se cierra el flujo de suministros. El virus ha afectado tanto la vida corriente como los medios de subsistencia. En muchos casos ha significado, por la vía de la reducción de la dinámica económica, una disminución drástica de las opciones para acceder al sustento.

Un informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) señala que el coronavirus llegó en un momento en que el hambre y la subalimentación siguen en aumento. Se estima que este año hasta 132 millones de personas en todo el mundo habrán visto cómo la carestía de nutrientes se instala en sus mesas. Esa cantidad se sumaría a los 690 millones de personas que ya padecen hambre.

Bajar el consumo de sal, golosinas y bebidas azucaradas es importante para una dieta sana. Fotos: Archivo Siglo Nuevo

TERAPIA

Para aquellos que tienen la fortuna de gozar de alimentos tres o más veces al día o simplemente quieren mantener la buena marcha de sus funciones orgánicas y están dispuestos a realizar el esfuerzo que conlleva, una recomendación de mucha utilidad es adoptar algunas de las prácticas de la terapia alimenticia.

En el ámbito médico esta terapia es una herramienta recurrente a la hora de lidiar con infecciones, cirugías, traumatismos y demás.

La idea esencial consiste en mantener o mejorar el estado del paciente, impedir la malnutrición, evitar el deterioro de tejido corporal, cuidar las reservas de proteínas y subsanar la deficiencia de vitaminas, minerales y antioxidantes. Una dieta adecuada posee el potencial de mejorar sustancialmente el pronóstico del paciente.

Los alimentos construyen la fortaleza de un organismo. Sin ellos, disminuye la capacidad del sistema inmunológico para hacer frente a las amenazas.

Una nutrición con enfoque salutífero exige administrar al organismo una variedad culinaria que proporcione insumos dirigidos a reforzar el aparato defensivo. Como el malestar tiende a mermar el apetito, procede ofrecer al aquejado porciones de comida pequeñas varias veces al día, esto es especialmente importante si dicen no tener hambre. Cabe mencionar que quienes sufren alguna afección por lo general prefieren la dieta blanda (sopas, caldos, cremas).

La terapia de las viandas dicta que un poco de aceite o de azúcar aumenta el aporte energético sin incrementar demasiado la cantidad de comida ni hacerla pesada. Frutas y verduras transportan hacia el interior del cuerpo elementos valiosos para la recuperación.

Es deseable que no esperemos a enfermar para comer bien y adoptar algunas de las prácticas dictadas por la terapia alimentaria. En muchos sentidos equivale a curarse en salud.

Una triste realidad de nuestro mundo es que sólo una reducida minoría de la población mundial consume las cantidades recomendadas de alimentos virtuosos. Además, con la pandemia de por medio, la FAO ya anticipó que esa minoría se volverá aún más pequeña, cada vez menos gente podrá hacer del acto nutricional un deleite que permita asegurar el bienestar por una larga vida.

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