Caridad o prosperidad
Opinión

Caridad o prosperidad

Jaque Mate

Es difícil no coincidir en abstracto con el presidente López Obrador cuando sostiene que el gobierno debe apoyar primero a los pobres. La pobreza duele. Es una afrenta contra la solidaridad que debe tener el género humano. Quienes caen hasta el fondo de la pobreza, por otra parte, tienen enormes dificultades para salir de ella. Por eso vemos que la pobreza se reproduce por generaciones en las mismas familias o en las mismas comunidades.

En lo que se equivoca Andrés Manuel es en pensar que la caridad es la mejor forma de ayudar a los pobres. Regalar dinero puede ayudar a paliar los males de la pobreza en un momento dado, pero no genera prosperidad, ni ayuda a nadie a salir de la pobreza. De hecho, hay buenas razones para pensar que, si se subsidia, la pobreza se hace permanente. Si una familia recibe dinero porque tiene un patrimonio por debajo de cierta cantidad, tendrá un incentivo perverso para no aumentarlo por arriba de ese límite, ya que dejaría de recibir el subsidio. Quizá por eso el escritor uruguayo Eduardo Galeano, que el presidente dice admirar, señalaba: “A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder”.

Lo peor es que la misma cantidad de dinero que el gobierno está utilizando para dar caridad a los pobres podría, bien utilizada, ayudar a esos mismos pobres a salir de la pobreza. En una ocasión entrevisté a Felipe González, el presidente del gobierno español más exitoso de la historia, quien me dijo que cuando se hizo cargo de esa responsabilidad en 1982 entendía que su primera responsabilidad era combatir la pobreza, que seguía siendo un lastre enorme para su país. Pero se daba cuenta, me dijo, que la manera más eficiente de lograrlo no era quitar dinero a los ricos para dárselo a los pobres. La mejor forma de acabar con la pobreza era construir infraestructura, mejores escuelas públicas y servicios de salud, dar a los pobres la posibilidad de salir de la pobreza gracias a su esfuerzo.

Esto no lo ha entendido hasta ahora López Obrador. Mientras que por una parte ha tomado medidas para acabar con proyectos productivos que habrían generado prosperidad, como el Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco o la planta cervecera de Constellation Brands en Mexicali, sus programas sociales se han convertido en un simple subsidio a la pobreza, lo cual se ha convertido en un obstáculo para que la población pueda escapar a la trampa de la marginación.

El propio López Obrador piensa que sus proyectos favoritos de infraestructura, como el Tren Maya o la refinería de Dos Bocas, son el camino para regresar al crecimiento económico, a la creación de empleos y a la construcción de prosperidad. Pero son proyectos que desde hoy sabemos no serán rentables. Por eso no ha habido empresarios que quieran hacerse cargo de ellos, a pesar de que Andrés Manuel primero dijo que los concesionaría a la iniciativa privada. Prefieren trabajar solamente como contratistas con un pago asegurado.

La caridad puede ser inevitable en un momento dado, como un antibiótico que ayuda a curar una enfermedad. Pero no se puede convertir en una forma de vida, en un proceso permanente. Dar limosna a los pobres no ayuda a acabar con la pobreza. Solo la eterniza.

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