Poco ortodoxa
Cine

Poco ortodoxa

La lucha por escribir la propia historia

Digamos que uno no tiene por qué amar aquel lugar al que pertenece, sino que uno pertenece a los lugares que ama.

José Manuel Fajardo

El sentido de pertenencia es vital para que el ser humano se desarrolle. Percibirse fuera del grupo al que se supone se corresponde, puede significar una de las más grandes frustraciones y dilemas que podría vivir una persona. Y es en torno a ese sentimiento que gira la trama de la miniserie Poco ortodoxa, disponible en Netflix, la cual retrata la vida de Esther Shapiro (Shira Haas), una joven de 19 años que vive en Williamsburg, un barrio en Nueva York, y en específico con la peculiar comunidad jasídica.

Basada en Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots, la autobiografía de Deborah Feldman, mujer que abandonó el movimiento Satmar, una comunidad jasídica en la ciudad de Nueva York, la serie fue coproducida por las compañías Real Film Berlin y Studio Airlift, distribuida por Netflix, producida por Alexa Karolinski, escrita por Anna Winger, Alexa Karolinski y Daniel Hendler, dirigida por Maria Schrader y filmada en Berlín. Sus actores protagónicos son Shira Haas, Amit Rahav y Jeff Wilbusch.

La historia se centra entonces en Esther Shapiro o Esty, una joven que es parte de una comunidad ortodoxa con la que cada se identifica menos. A través de una narrativa que nos jala del presente al pasado, el espectador va entretejiendo y entendiendo las circunstancias que empujaron a la protagonista a huir de la comunidad de los judíos jasídicos con la intención de empezar una nueva vida, su vida.

MITAD VERDAD, MITAD FICCIÓN

El guion de Poco ortodoxa se basó en la vida de Deborah Feldman, pero sólo en la parte del pasado, es decir, las nuevas experiencias fueron adaptadas a la ficción.

Shira Hass, actriz Israelí que interpreta a Esther, una joven judía de una comunidad ortodoxa. Foto: wwd.com

Es así que Esty es la voz de cuando Deborah pertenecía al movimiento Satmar, y el personaje que muestra cómo es vivir dentro de una comunidad donde se actúa bajo preceptos dictados principalmente por la figura masculina, y en la cual ser mujer se reduce al hecho de estar al servicio del hombre, con la encomienda fundamental de convertirse en madre.

Durante cuatro intensos capítulos, esta miniserie logra de manera magistral proyectar usos y costumbres que parecen ser parte del pasado, pero que, en cambio, se siguen practicando dentro de este tipo de comunidades.

Esty se muestra como un personaje vulnerable que es criada por sus abuelos, debido a que, como le explicaron, su madre renunció a la vida jasídica para mudarse a Berlín. Luego es ella misma la que busca desprenderse, al ir viviendo las dificultades de pertenecer a una comunidad ortodoxa. Uno de los momentos clave es su matrimonio arreglado con Yanky Shapiro o Yankee (Amit Rahav), un joven que, al igual que ella, no tiene idea de cómo relacionarse íntimamente con otra persona.

Luego de unir su vida a la de Yankee, Esty sigue puntal las normas de su comunidad, y así se le puede ver asumiendo que su cabello sea rapado para después usar una peluca y ropa visiblemente anticuada. Es a partir de ese momento que sus decisiones ya no serán suyas, y su cuerpo y mente, deberán concentrarse solamente en el hecho de procrear hijos, al parecer la única misión que tiene la mujer jasídica luego de contraer nupcias.

Entre los problemas que tiene con Yankee al no poder tener relaciones sexuales debido a que padece vaginismo, una disfunción sexual femenina caracterizada por la contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico que rodean la vagina, y al estar presionada por la misma comunidad para procrear vida, Esty comienza a experimentar fuertes sentimientos de liberación y se cuestiona cómo se verá la vida bajo sus propios términos.

Foto: actualidad.es

LIBERACIÓN

El único lugar en donde Esty podía experimentar cierta independencia era tomando clases de piano con una mujer que arrendaba un departamento propiedad de su abuelo y que se ofreció a instruirla, una vez que se percató del interés de la joven por la música.

La prohibición de continuar tocando el piano y la presión de la familia de Yankee para que se consumase un embarazo, sumado a todo lo que le implicaba ser parte de esa comunidad judía, terminó estallando en la huida de Esty a Berlín, apoyada justamente por su maestra de piano que le otorgó unos papeles que la harían pasar como nacionalizada de Alemania.

Es así que la protagonista emprende un viaje con anhelos y la idea de superación empacada en su maleta, mientras en su comunidad se produce un escándalo y las habladurías vinculan el comportamiento de Esty a su madre que también huyó y a su padre alcohólico. Pero pronto se sabe que la joven no se marchó sola, en su vientre carga un hijo de Yankee, un hombre que se encuentra confundido por la decisión de su esposa a la que es enviado a buscar acompañado por Moishe (Jeff Wilbusch), un pródigo delincuente que había huido de la comunidad, pero que ve la misión de recuperación como una oportunidad de ganar la aceptación nuevamente.

DELINEAR EL PROPIO DESTINO

Se puede llegar a interpretar que la decisión de ir a Berlín tiene que ver con un reencuentro con su madre, por el contrario, Esty comienza a tomar sus propias decisiones y pronto se vincula con estudiantes de un conservatorio de música al que ella misma desea entrar por medio de una beca.

Foto: Behance / Happy finish

Al ser cuestionada por sus nuevos amigos sobre por qué huyó de su comunidad, la joven lanza una contundente frase: “Dios esperaba mucho de mí”. Y en una metafórica escena se observa a Esty caminar hacía las aguas de una playa en donde se desprende de la peluca y se purifica de su vida pasada para comenzar a tejer un nuevo destino.

Con Yankee y Moishe pisándole los talones, la joven logra ser tomada en cuenta para una audición en el conservatorio. Para ese tiempo ya se ha reencontrado con su madre, con la que luego de tener una charla, acaba por comprender los motivos, que como ella misma experimentó, la orillaron a huir. Y además se entera que no la abandonó sino que fue la misma comunidad la que intercedió, por medio de la ley, a que permaneciera con su padre y bajo sus costumbres.

Es luego de ofrecer una sorpresiva audición, que Esty y Yankee se encuentran, él le pide lo acompañe al hotel donde se hospeda. En su habitación le entrega un dije de una nota musical y le suplica regrese con él para formar una familia, en una desgarradora escena Yankee le pronuncia que él también puede ser diferente y como muestra a sus palabras se corta los rulos laterales de su cabello, los cuales son un elemento con gran significado de su comunidad. En esa acción se comprende que él no es un hombre malintencionado y que sólo se trata de un ser humano que carga con el peso de asumirse como judío jasídico. Pero aún con el drama de su petición, Esty desiste, ella ya ha tomado la decisión de la independencia y de la exploración de otras alternativas, asumiéndose como una mujer que toma sus propias decisiones.

Al final se observa a la joven entrar a un café en donde saca de su bolsa el sobre con las partencias con las que llegó a Berlín, toma entre sus manos una brújula que la ubica en el espacio y en el momento en el que ella ya ha decidido estar. Es así, con un certero mensaje de la liberación femenina, que Poco ortodoxa logra causar empatía pura en el espectador, pues los deseos de Esty no se apartan mucho de las aspiraciones universales en donde permanece flotante la idea de escribir una historia propia.

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