Crisis y pobreza
Opinión

Crisis y pobreza

Jaque Mate

El desplome es internacional, pero en México ha sido todavía mayor. Además, empezó antes. Desde el segundo trimestre de 2019 la economía nacional ha venido cayendo de manera ininterrumpida. En este 2020 se han perdido cerca de un millón de empleos formales y más de 12 millones informales.

El presidente López Obrador ha afirmado que el desplome económico no significa que haya más pobreza en el país. “Crecimiento no significa más o menos pobreza (dijo), ese es un asunto de la tecnocracia, de la forma como medían anteriormente”. Para el primer mandatario lo importante es “la política de ayudar a los pobres”. Los programas sociales, la entrega de dinero directamente a los pobres, así como el aumento de las remesas del exterior, según el presidente, han impedido que suba la pobreza a pesar del desplome del producto interno bruto.

La información disponible del INEGI y el Coneval sugiere lo contrario. Como suele ocurrir cada vez que hay un desplome económico, la pobreza está aumentando. Es cierto que los programas sociales ayudan a los beneficiarios, lo cual cae muy bien en estos tiempos de crisis, pero no pueden rescatar a una familia de la pobreza.

El presidente López Obrador ha decidido no impulsar políticas procíclicas de gasto público para reactivar la economía, como los países desarrollados. El gobierno mexicano no tiene los recursos para hacerlo. Usar lo poco que se tiene para apoyar a los pobres quizá sea más eficiente. Pero esto no significa que así se les vaya a rescatar de la pobreza.

Dar subsidios a las empresas no es, sin embargo, la única manera de ayudar a la recuperación. Eliminar todas las trabas innecesarias a la inversión productiva puede ser todavía más eficaz. Mantener un estado de derecho, tener reglas claras y asegurar que estas se cumplirán siempre, lo es también. Pero en estos puntos hemos estado fallando.

Al contrario de lo que está ocurriendo en otros países del mundo, la caída en la economía en México no empezó con la pandemia. La inversión productiva empezó a retraerse a partir del segundo semestre de 2018. La cancelación del nuevo aeropuerto internacional de México, a un costo muy elevado para el país, fue el primer paso que generó desconfianza. Posteriormente, los cierres de los ductos de gasolina, que provocaron una escasez enorme de combustible, el rechazo del gobierno a respetar los acuerdos para la apertura de nuevos gasoductos ya construidos, la eliminación de las licitaciones de la energía y la cancelación de la cervecera de Mexicali cuando ya los dueños habían invertido mil 400 millones de dólares mandaron el mensaje de que en México no se respeta el estado de derecho. El crecimiento de la violencia y la inseguridad, problemas heredados de otros gobiernos pero que no han dejado de aumentar, ha sido también motivo de preocupación.

La aprobación del nuevo tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá ha generado certidumbre para las empresas que se dedican al comercio exterior y ha convertido a México en una opción atractiva de inversión, en un momento en que Estados Unidos adopta una actitud cada vez más hostil hacia China. Pero para que México pueda atraer las inversiones que ya no pueden estar en China, debemos dar señales de mayor respeto a las reglas y a la ley. Esto nos permitiría tener una recuperación más rápida y realmente acabar con la pobreza.

Comentarios