Los ciclos que se cierran
Nuestro mundo

Los ciclos que se cierran

Nuestro Mundo

Para Juan Ceballos

Nada es para siempre, lo único real es la impermanencia. Un ciclo es un período en el cual suceden un conjunto de acontecimientos o etapas y que una vez finaliza hay una repetición de principio a fin.

Hay ciclos venturosos, llenos de frutos dulces, de aprendizajes, de retos y oportunidades, hay otros en los que pareciera que la mala ventura de las personas se ensaña y se sale de una para entrar a otra. Todo es según como apreciemos la vida.

Tomar decisiones siempre implica un riesgo. Cierto que hay decisiones calculadas, donde se ponderan los pros, los contras y se asumen los riesgos. Hay otras que se toman de botepronto y se convierten en un albur, como pueden salir bien puede ser todo lo contrario. Hay decisiones que alguien más las toma por nosotros; en la infancia es comprensible, pero en la vida adulta no se entiende. Es común escuchar eso de “Yo hago lo que diga mi señora” o “No doy un paso sin consultarlo con algún asesor porque no quiero equivocarme”, de alguna forma a eso se llama dependencia, y no hay nada mas importante para el ser humano que su libre albedrío.

El error y las consecuencias de una decisión son inherentes a la vida y la vida se constituye por esas piezas de un rompecabeza que a veces nunca termina de armarse por indolencia, miedo, costumbre o incapacidad.

Cerrar ciclos implica haber pensado en lo bueno que habrá de venir o en lo malo que pudiera derivar de ello, pareciera que hay un dejo de tristeza cuando citamos la frase que da pie a estas líneas. Y sí las renuncias, las despedidas, las separaciones son motivos que despiertan la evocación y la nostalgia.

Aunque también hay una postura más proactiva, la consideración de que la vida no se acaba cuando cerramos un ciclo, la vida continua. Dejarnos sorprender por lo que pasará, alegrarnos de separarnos de una rutina, a veces desquiciante, hacer a un lado la toxicidad de algunas personas, recuperar el activo más valioso que tenemos que se llama tiempo, esta sensación de plenitud de hacer lo que quieras en el momento que quieras, por cierto, esto último es un privilegio reservado solo para unos cuantos; todo ello representa las ganancias de la conclusión de algo que hacíamos y dejamos de hacer.

Que importante es decidir sin presión. Encuentro que a mi alrededor hay una cantidad importante de personas que ya piensan en su retiro laboral o que dada la edad a la que empezaron a trabajar ya están en condiciones de hacerlo. El retiro o la jubilación, (me encanta la palabra que procede de júbilo o alegría) son merecimientos de quien ha trabajado a lo largo de mucho tiempo y la pretensión es cerrar ese ciclo y empezar otro. Algunos consideran continuar en el ámbito laboral, pero de otra manera, sin horarios, con holgura, sin presiones, haciendo lo que les gusta.

Sea como sea, estando en activo o jubilados tenemos una obligación esencial: estar bien. Ser felices, rodearnos de lo que nos alegra, de quienes aprendemos. Los tiempos de quedar bien o de buscar relaciones que dejen algún provecho, deberían estar lejanos a la existencia. Imposible pretender vivir como si los años no hubieran dejado huella.

Por eso es tan importante hacer un escaneo de nuestro ser físico y emocional. Reconocer y aceptar que los relevos generacionales son parte de esto que llamamos vida y que eso no quiere decir que valgamos menos o que tengamos que estar destinados al cajón de los inservible; la sabiduría lograda a través del tiempo, la experiencia, la intuición agudizada, el prestigio ganado en el ejercicio de alguna actividad, cualquiera que esta sea, son herramientas que solo se adquieren con las horas de vuelo.

Dejemos que viento aligere nuestro camino, dejemos que nuestros pasos vayan y busquen el aroma del jazmín, los ojos se posen en la cara de los niños que renuevan la alegría de casa y recordemos que como dirían los cronistas deportivos. Esto no se acaba hasta que se acaba.

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