El viaje de Valentina Tereshkova
Ciencia

El viaje de Valentina Tereshkova

La primera mujer en el espacio

Parecía que el casco le pesaba demasiado a la soviética Valentina Tereshkova. La cabeza la inclinaba hacia delante mientras caminaba a la plataforma de lanzamiento vistiendo el traje rojo de cosmonauta. El voluminoso atuendo espacial la hacía ver aún más pequeña y delgada de lo que era, pero no se detenía; subió las escaleras de la plataforma de lanzamiento manteniendo todo el tiempo su amplia sonrisa hasta llegar a la esfera de acero con la que daría 48 vueltas a la Tierra y con ello se convertiría en la primera mujer en lograr esta proeza en junio de 1963.

Valentina Vladimirovna Tereshkova fue la primera mujer en el espacio y la más joven en lograrlo, a los 26 años de edad. Su vida hasta antes de ganar la carrera por alcanzar el cosmos fue un camino de obstáculos y logros diversos, comparada sólo con las historias del cine.

VIAJE EN TREN

Cuando era niña, Valentina miraba los trenes pasar muy cerca de su casa. Al observar al conductor pensaba: “¡Qué persona tan feliz!, cuántas cosas puede ver en el viaje. Soñaba con ser conductora, pero mi madre se puso muy enferma. Ingresé al instituto textil, pero ya saltaba en paracaídas en el club aéreo inspirada por Yuri Gagarin”, es una de las revelaciones que se conocen de esta mujer que en la actualidad participa en la política rusa.

Nacida en Bolshoye Maslennikovo, un pequeño pueblo rodeado de campos de cultivo y a su vez envuelto por un tupido bosque, enfrentó desde los dos años de edad la adversidad de la pobreza. Quedó huérfana de padre al morir en uno de los tantos enfrentamientos de la Segunda Guerra Mundial, era campesino y su madre obrera. La pobreza la obligó a trabajar desde muy joven, primero en una fábrica de llantas y después en una maquiladora textil. La adversidad no le impidió estudiar por correspondencia y mucho menos participar en el club de paracaidismo, práctica que le llevó a ser una de las candidatas para tripular la nave Vostok.

Cápsula Vostok. Foto: danielmarin.naukas.com

La preparación era dura y complicada físicamente. Mis colegas eran pilotos, nosotras paracaidistas. Había que comenzar por lo básico, por la técnica cosmonáutica, a aprender a manejar los dispositivos de las naves. Superábamos todo eso porque éramos jóvenes, había un deseo de aprender el oficio y de volar”, declaró la cosmonauta en 2013 a la televisora estatal de su país.

Las prácticas para viajar al espacio las mantuvo al margen de su vida familiar. “Todo estaba envuelto en un gran misterio, se mantenía en gran secreto, ni siquiera mi madre que quedó viuda a los 26 años sabía dónde trabajaba y a qué me dedicaba. Le conté una historia de que me seleccionaron para el equipo suplente de paracaidismo, y me creyó porque estaba acostumbrada a creerle a sus hijos. Cuando volé al cosmos todos fueron a felicitarla: Elena, felicitaciones, tu hija está en el espacio. Ella dijo ‘¿qué están diciendo? Pero si ella salta con paracaídas’”.

El programa de preparación para las mujeres y los hombres era igual, confirmó Valentina, “por desgracia el cosmos no es indulgente con las mujeres”. En la centrífuga nos hacían girar, era difícil. Nos manteníamos sentadas en la cámara térmica a una temperatura de ochenta grados con todo el equipo de vuelo hasta que la temperatura corporal aumentaba un grado y medio; podía pasar una hora, era una prueba, no era sencillo”, reveló.

El deseo personal de Tereshkova de volar como una gaviota, se materializó en el contexto de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La nación comunista no se quedaría atrás en el lanzamiento de una mujer al espacio.

En esta práctica de viajar al cosmos nada queda al azar, los astronautas conocen todos los detalles de sus naves y practican constantemente cualquier escenario posible e imposible de que ocurra. En el proceso de entrenamiento de Valentina incluso visitó la fábrica donde se armó el Vostok, se hizo amiga de los obreros y eso le dio mayor confianza, la cual le permitió resolver el único inconveniente que se presentó en el vuelo.

Foto: sputniknews.com

Durante su peregrinar alrededor del orbe, hubo un momento en que la nave se alejó más de lo previsto. Valentina lo registró y envió la información a Tierra, donde se planteó un nuevo algoritmo que le permitió regresar a la ruta establecida. ¿Tuvo miedo?, le preguntaron a la cosmonauta, a lo que respondió que no.

Durante los preparativos ensayamos todos los elementos del vuelo cósmico, por más insignificantes; todos los pasos se daban de manera mecánica. Durante los preparativos nos acostumbramos tanto a la nave que no había nada nuevo en el ambiente y en la posición. Siempre manteníamos el cinturón abrochado. Nunca pensamos en los riesgos, nunca, si empiezas a pensar en los riesgos mejor es no volar”.

PINTORA DEL COSMOS

La cápsula espacial Vostok, que en ruso significa oriente, es una cabina esférica con solo un asiento que se ajustó para las dimensiones de Valentina. Su peso es de poco más de dos toneladas y su diámetro de dos metros con 30 centímetros. La cosmonauta pasó tres días sentada sobre el módulo donde se colocó el motor antes de salir expulsada a los siete kilómetros de altitud durante el aterrizaje. En la cabina había una pequeña ventana por la que Tereshkova admiró su viaje. “Es difícil expresar lo que vi, tenía mucha lástima de no ser pintora; es que esta belleza que se despliega cuando estás en la órbita es difícil imaginársela. Esos eran sólo los primeros vuelos, todavía no podíamos ver este amplio panorama que se transmite ahora desde la Estación Espacial Internacional”.

Valentina estuvo en México como parte de una gira que realizó por más de 40 países. Encabezó movimientos políticos y feministas en su país y su mensaje fue escuchado entonces. Entrevistada por Radio UNAM respecto al cambio social que significaba su travesía, declaró: “El vuelo de la mujer en el espacio sideral es de gran importancia social, aunque en nuestro país las mujeres desde 1917 rompieron las cadenas de la esclavitud. La mujer, al igual que el hombre, trabaja en las fábricas, participa en la administración pública y en las empresas, en el trabajo social; hay muchas aviadoras, ingenieras, constructoras, diseñadoras, científicas. Sería erróneo decir que antes de mi vuelo estaban alejadas de los proyectos cósmicos, porque muchas de ellas ya estaban involucradas. El vuelo de la nave cósmica ha probado que la mujer puede compartir la dirección del trabajo con el hombre, es decir, posee facultades iguales”, expresó a quien sólo en apariencia le pesaba el casco porque, al tiempo, se comprobó que lo traía bien puesto.

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