La crianza sin religión
Familia

La crianza sin religión

¿Una posibilidad factible?

Algunos conceptos religiosos, como el pecado, están siendo ignorados en razón de que la crianza ha cambiado con el pasar de las décadas. La menor utilización de estos términos no implica que la sociedad haya dejado de lado las religiones. Persiste la participación en celebraciones religiosas y el aprendizaje en torno a ellas, pero la manera en que se transmite este conocimiento es mucho menos invasiva.

ESTADÍSTICAS

La necesidad de heredar una religión descansa sobre la preocupación de generar una moral fortalecida, una manera en que los valores que sostienen una sociedad puedan tener una base adecuada. Pero, ¿la religión debe mantenerse como parte de esta ecuación?

La tendencia global podría responder lo anterior. Quienes se consideran religiosos pasaron de formar un porcentaje del 77 al 68 por ciento entre el 2005 y 2011, según la encuesta internacional de Gallup que se realiza con una muestra de 50 mil personas originarias de 57 países.

En Estados Unidos, una quinta parte de la población y un tercio de los adultos menores de 30 años no están afiliados a una religión, según la encuesta del Centro de Investigación Pew en 2012. En México, el número de no religiosos ascendió en 2010 hasta 5.3 millones de habitantes, un 4.7 por ciento del total de la población según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Es probable que estas familias inculquen valores parecidos o hereden creencias, lo que supone una preocupación para las organizaciones teocráticas.

La desafiliación religiosa es una falta de identificación e incluso un sentimiento de aversión, en mayor o menor medida, hacia las tradiciones de este campo. No significa, sin embargo, que este sentir se tenga que traducir en la falta completa de creencias de este tipo, según Identidades religiosas y sociales de México (1996).

Un tercio de los adultos menores de 30 años en Estados Unidos no están afiliados a una religión. Ilustración: Hessie Ortega

La separación del individuo de la religión, de las costumbres relacionadas con ésta, tiene más que ver con la forma en que pueden o no identificarse las personas con las instituciones encargadas de fomentar la práctica de fe.

En México, el catoliscismo es adoptado por la mayoría de la población y, como afirma el historiador Jacques Lafaye en Quetzalcoatl y Guadalupe (2015), esta fe se relaciona con cierto nacionalismo. Quiere decir que esta religión, principalmente la devoción a la virgen de Guadalupe, se hereda de manera familiar y está íntimamente vinculada a la sociedad mexicana.

Cerca de un sexto de la población mundial profesa el catolicismo. Pero según el sitio web Medium, un número desconocido, pero presumiblemente alto, de católicos están bautizados y se consideran parte de esta religión sin realmente asistir a los ritos propios de esta.

EFECTOS EN LA INFANCIA

¿Pero qué ocurre con los niños que son criados a partir de la llamada “desafiliación religiosa”? Antes de continuar, habrá que aclarar que se trata de un fenónemo que las familias viven de maneras diversas. Mientras algunas, como ya se mencionó, se autonombran religiosas sin participar de sus ritos, e incluso sin leer la Biblia, otras se identifican con distintas creencias que no necesariamente tienen que ver con el cristianismo.

En Creer sin iglesia y practicar sin religión (2017), el investigador del Conacyt, Carlos Nazario Mora, encuentra un problema en la definición de la desafiliación religiosa en México, debido a que las encuestas no ahondan en variantes de la misma.

Entonces, la pregunta persiste: ¿se puede criar sin religión? La tendencia mundial indica que no hay una mayor diferencia y que los cambios en la educación han tenido un papel notable en mejoras en la salud mental y emocional de los niños, por ejemplo, en países mayormente ateos como Suiza y Noruega. En Holanda, muchos de los templos son utilizados como bibliotecas u otros establecimientos al observar la falta de feligreses.

La espiritualidad puede vivirse sin pertenecer a una religión. Foto: Behance / Valentin Tkach

No hay que malinterpretar. La religión, aunque mayormente la espiritualidad (definida por Jerome Gellman como los valores y significados más profundos por los cuales viven las personas), ha probado ser un factor importante al recuperarse de las adversidades. Espiritualmente resilientes (2017) del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, da cuenta de esta posibilidad que tiene la espiritualidad en la vida.

La manera en que se implica la espiritualidad o, concretamente, la religión en la vida de las personas tiene múltiples variaciones. En el caso de la crianza, depende cómo se utilicen estas creencias para determinar el desarrollo de los niños.

Se les llama hogares seculares a aquellos en que no se practica una creencia religiosa. Van Bengston, catedrático de sociología de la Universidad de Southern California, supervisó un estudio longitudinal de generaciones por más de 40 años, para así observar la relación entre la vida familiar y la religión en los hogares seculares estadounidenses. La razón por la que decidó estudiarlos, es el crecimiento que han presentado: de cuatro a 11 por ciento de la década de los cincuenta al año 2012.

Lo que su estudio encontró fue una tendencia a la solidaridad familiar y a la cercanía emocional entre padres e hijos, así como una transmisión clara de valores éticos y morales. Los preceptos éticos que se presentaron en dichas familias fueron, por mencionar algunos, la resolución racional de problemas, la independencia de pensamiento, la eliminación del castigo corporal y la empatía.

En el estudio ¿Por qué no practicamos lo que profesamos? (2010) de la Universidad de Duke, se presenta un perfil de los adultos seculares: menor tendencia a la venganza y al autoritarismo, mayor tolerancia, así como una presencia reducida de ideologías extremas como el nacionalismo o el racismo.

Con religión o sin religión de Brigitte Labbé. Foto: Amazon

La escritora especializada en temas familiares Brigitte Labbé, habla en sus libros infantiles de temas tan aparentemente adultos como la muerte, la injusticia y la guerra. La causa de su éxito se debe a que encuentra la forma de explicar a los niños este tipo de conceptos que normalmente se guardan y se alejan de ellos hasta cumplir cierta edad para conocerlos.

Labbé cree que es importante poner estos temas sobre la mesa y familiarizar a los niños con ellos de forma acorde a su edad. Con religión o sin religión (2016) es un título de la autora donde escribió sobre el miedo y la religión. Para ella es importante que los niños puedan decidir si quieren tener una religión o no, así como conocer las razones por las que, como humanidad, tenemos sistemas que rigen nuestra espiritualidad.

Para el divulgador científico Richard Dawkins no hay niños con una religión, sino hijos de protestantes, católicos o musulmanes. La tolerancia de los infantes a diferentes creencias, es algo que desarrollarán si sus padres les dan las herramientas suficientes.

Todo radica en la salud mental del adulto que está al frente de la crianza de los niños. Hablar sobre temas complejos como la religión, así como abordar el tema de manera objetiva y centrada en la realidad que vivimos, no es algo sencillo, pero casi ningún aspecto de la paternidad lo es. Depende de los padres la visión de un dios que quieren que tengan sus hijos, así como su sana relación con él, alejada de temas como el miedo al infierno o la constante vigilancia del ser omnipresente.

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