Comida, humo y pisto hace 500 años
Nuestro mundo

Comida, humo y pisto hace 500 años

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Los perrillos ixcuintles sobrevivieron a la Conquista de México no por bonitos ni por inmunes; llegaron hasta nuestros días, aunque pocos, a pesar de que se volvieron un platillo normal para los europeos que vieron cómo los pobladores autóctonos los criaban para tenerlos en su dieta habitual.

La anterior es una “curiosidad” que se puede leer en la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo y en las Cartas de relación, de Hernán Cortés. Bernal escribió que los perritos eran harto buen alimento: “Y tuvimos muy bien de cenar de unos perrillos que ellos crían, puesto que estaban todas las casas despobladas y alzado el hato, y aunque los perrillos llevaban consigo, de noche se volvían a sus casas, y allí los apañábamos, que era harto buen mantenimiento”. Los conquistadores iban siendo conquistados por la cocina autóctona. Después hasta los hacían cecina.

Otra cosa a la que quizá hallaron gusto los conquistadores (aparte de las mujeres, que ya veremos después) es a fumar algo que adormecía y atontaba. Moctezuma, como dice el pueblo, “se las tronaba”. Cuando los conquistadores se instalaron en los aposentos palaciegos donde vieron comer al tlatoani, narra Bernal:

[…] también le ponían en la mesa tres cañutos muy pintados y dorados, y dentro tenían liquidámbar revuelto con una hierba que se dice tabaco, y cuando acababa de comer, después que le habían bailado y cantado y alzado la mesa, tomaba el humo de uno de aquellos cañutos, y muy poco, y con ello se adormía”. El malpensado puede pensar que el liquidámbar lo habrían extraído de la amapola y que el tabaco no sería tabaco sino un cáñamo nacional.

Lo cierto es que como malpensado dije que “se las tronaba”. Y ¿de dónde vendría esta expresión? Bernal narra que en cierta ocasión, en Cuba, llegó a ver a “un viejo que se decía Juan Millán, que le llamaban el astrólogo; otros decían que tenía ramo de locura, porque era atronado”. Sobre “atronado”, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua lo describe como dicho de una persona que hace las cosas precipitadamente, sin cordura ni reflexión. Atronar es, en una de sus acepciones, aturdir, causar aturdimiento. Así que a lo mejor de allí, de atronar, que es ausencia de reflexión, falta de cordura, aturdimiento, viene lo de tronárselas.

Otra curiosidad que se puede leer en la Historia verdadera… de Bernal y que pueden reivindicar las feministas por el avasallante patriarcado y el cruel machismo, es una situación similar a la que vivió Nancy Pelosi con Donal Trumph. Sucedió en el encuentro de Cortés y Moctezuma, hace 501 años, el 8 de noviembre de 1519. El capitán de los conquistadores llevaba a su lado a la traductora Marina (Malinche) quien, muy educada, le extendió la mano a Moctezuma, para saludarlo, “le daba la mano derecha, y Moctezuma no la quiso y se la dio a Cortés”. Moctezuma no fue cortés con Malinche.

Otra curiosidad. En mi juventud tuve un amigo indígena del Estado de México. El y todos los que cupimos en un carro fuimos a broncearnos a Barra de Navidad. Mi amigo indígena se enfermó del estómago. Nos obligó a conseguirle un par de botellas de vino tinto. Se empezó a curar desde la primera. ¿Dónde aprendió el remedio? Bernal relata que varios de los conquistadores se fueron enfermando del estómago incluido el capitán (les daba cámara). Y un día, cuando quisieron celebrar misa no hubo vino de consagrar. “Cortés y otros capitanes y el fraile estuvieron malos cuando las guerras de Tlaxcala [y] dieron prisa al vino que teníamos para misas”.

En fin, Cortés en su quinta carta narra que al tomar un pueblo abandonado por los asustados indígenas encontraron entre otros alimentos “perros de los que crían para comer, que son asaz buenos”. Ya les parecían harto, muy, asaz buenos.

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