La inmunidad a prueba
Salud

La inmunidad a prueba

Atacar los males con buenos hábitos

Reto mayúsculo para sociedades, gobiernos y sistemas sanitarios alrededor del mundo, la pandemia de la COVID-19 también representa un desafío en lo individual.

Tiempos así, de contagio fácil y padecer incierto, hacen obligada la contribución de cada ser humano a la defensa de la vida, empezando por la propia.

Las personas disponemos de barreras físicas y químicas contra los males. Elementos como la piel, las mucosas nasal e intestinal, o los componentes antibacterianos del sudor, nos ayudan a sentirnos bien y andar al cien.

Cuando un agente nocivo supera esos obstáculos, salta a escena nuestro principal protector. Avisado de que los patógenos lograron ingresar, el sistema inmune inicia la defensa.

El mecanismo desempeña un trabajo extraordinario que pasa desapercibido la mayor parte de las veces: organiza y dirige la defensa del organismo, se encarga de expulsar al invasor.

Si sus engranajes andan desgastados o estropeados, no tardamos en notarlo. Cuando un individuo trae las defensas desinfladas aumenta el riesgo de enfermar. Los enemigos encuentran paso franco hacia las zonas en que pueden causar más daño.

Buena parte de las células que participan de la respuesta inmunitaria se originan en la médula ósea. Usan como medios de transporte el torrente sanguíneo y la circulación linfática. Van allí donde son requeridas. La suya es una respuesta pertinente en función del tipo de patógeno y su vía de entrada.

Un sano estilo de vida ayuda potencializar la inmunidad innata del individuo. Foto: Archivo Siglo Nuevo

AUTOCUIDADO

Cuidar el sistema inmune es sinónimo de cuidar de uno mismo. Ver por él representa dotar a nuestra dinámica interna de murallas, ejércitos y armas de asedio listas a impedir que los padecimientos se instalen en nuestro territorio.

Aquí cabe destacar la íntima relación entre el estilo de vida y la función inmune.

El sedentarismo, una dieta chatarra, el consumo de bebidas alcohólicas, fumar y cargar sobrepeso, por citar varios lugares comunes del descuido, deterioran nuestra inmunidad frente a distintos males.

En el extremo opuesto, una dieta rica en ingredientes nutritivos, el ejercicio y preservar una sana condición psicológica son hábitos que ayudan a potenciar el alcance salutífero de las defensas internas.

Ceder espacio en la mesa a frutas, vegetales, granos enteros y viandas bajas en grasas saturadas, al tiempo que reducimos la participación en nuestros banquetes de los alimentos procesados o con mucha sal, hace maravillas por la salud. Un buen estado de conservación puede marcar la diferencia ante amenazas como el coronavirus.

ACCIÓN

Bacterias, virus, parásitos y hongos son algunos de los agentes nocivos que, de cuando en cuando, se miden con el sistema inmunológico.

Los elementos que integran el equipo defensor participan de varias funciones en sincronía con otros aparatos del organismo. Proteínas, células y órganos hacen las veces de materia prima y mano de obra de esa fábrica de sanidad que llevamos en nosotros.

Las vacunas son una forma de activar la inmunidad adaptativa. Foto: Behance / Ala Zakrzewska

Gozamos de dos tipos de inmunidad: la innata y la adquirida, a veces denominada adaptativa.

La primera puede ser descrita como la respuesta estándar del cuerpo ante el peligro. Este mecanismo que nos viene de origen no exige que haya habido una exposición previa al agente nocivo para entrar en acción, cosa que hace de forma rápida.

La segunda se aboca a casos muy específicos. Las células de este ejército sólo actúan tras reconocer al microorganismo que ha venido a causar estragos. Puede que la réplica adquirida no actúe con tanta celeridad como la innata, es decir, a veces la producción de anticuerpos le toma algunos días. Sin embargo, sí es muy efectiva. Además, en los siguientes duelos con el microorganiso en cuestión, reconocerá fácilmente al invasor y adoptará las medidas adecuadas.

En términos generales, las huestes del organismo rodean al invasor. Concluida la refriega con victoria para el local, el visitante es eliminado por las células llamadas fagocitos.

Hay maneras de preparar y socorrer al sistema inmunológico. Una vacuna, por ejemplo, vendría siendo un curso muy particular que prepara al individuo para encarar una determinada contingencia.

Los antibióticos son refuerzos que ayudan a lidiar con infecciones. No obstante, su uso tiene un serio inconveniente: el enemigo puede llegar a aprender de ellos y hacerse más fuerte o resistente.

DETERIORO

El sistema inmune se deteriora con el tiempo. La persona envejece y la respuesta del aparato defensivo se vuelve más lenta. Con una reacción menos rápida y menos efectiva del equipo local crecen las posibilidades de enfermar.

Con el envejecimiento disminuyen las defensas del organismo. Foto: science.sciencemag.org

La edad no sólo desgasta la inmunidad, también afecta la eficacia de las vacunas.

En el longevo escenario existe la posibilidad de que apareza un padecimiento autoinmunitario, es decir, un trastorno donde el sistema inmunológico ataca y destruye tejidos sanos del cuerpo.

Conforme pasan los años, disminuye la cantidad de células inmunitarias circulando. Las heridas tardan más en sanar.

El sistema incluso pierde destreza para corregir defectos celulares. Esto abre la puerta a males como el cáncer.

Algunas recomendaciones elementales enfocadas a reforzar el sistema inmune son: completar el cuadro de vacunas contra gripe, neumonía, influenza y cualquier otra que prescriba el médico familiar; llevar una dieta saludable; no fumar (el tabaco debilita la inmunidad); reducir el consumo de alcohol, o bien, conducirse en un nivel seguro de ingesta de bebidas embriagantes. Si bien los cuatro puntos son importantes, el segundo destaca porque una pobre nutrición suele saldarse con un sistema inmunitario débil.

En estos días de coronavirus, no debe olvidarse que estamos rodeados de potenciales amenazas para el bienestar de las personas.

Con eso en mente, conviene saber que alimentos frescos y ricos en vitamina C, A, D, E y zinc ayudan a prevenir enfermedades relacionadas con el sistema respiratorio y mejoran, en general, el desempeño del aparato defensivo.

Puestos frente a la pandemia, de nosotros depende poner cerrar la puerta al contagio y echar el cerrojo, es decir, reforzar y mantener en niveles óptimos el mecanismo interno del bienestar.

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