La última carta de Joe Biden
Reportaje

La última carta de Joe Biden

El viejo lobo político que amenaza la reelección de Trump

Como una de las más viejas y fuertes democracias, tenemos una responsabilidad de vencer los desafíos que se presenten

Joe Biden

El próximo 3 de noviembre del presente año (siempre y cuando la pandemia de coronavirus no se interponga), se llevarán a cabo las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Un proceso que para muchos expertos será de particular importancia. Del lado republicano, el presidente Donald Trump buscará su reelección, algo que ya se veía venir con mucha anticipación. Su rival a vencer, ahora sabemos, es el demócrata Joe Biden. Aunque esto no siempre estuvo claro. De hecho, el Partido Demócrata ofreció una amplia variedad de potenciales candidatos. Se llegaron a contar al menos 28 figuras notables, aunque no todas viables, por supuesto.

Hubo de todo: Bernie Sanders, por ejemplo, fue un aspirante con una fidelidad inusual a sus principios políticos. También es considerado un extremista de izquierda por muchos votantes estadounidenses, razón por la cual se quedó en el camino. Elizabeth Warren, por otro lado, era una candidata que en cierto punto de la competencia fue vista como una opción factible. Warren es una política lúcida y sin pelos en la lengua a la hora de enfrentar cara a cara a sus contrincantes. Puede decirse, incluso, que es algo propensa a los exabruptos. A fin de cuentas la balanza no se inclinó a su favor. Según el sitio Vox, Warren, al momento de anunciar que dejaba su campaña, mencionó el sexismo como un elemento importante que le impidió contender por la presidencia.

Otra precandidata de peso fue Kamala Harris (de padre jamaicano y madre india), quien cuenta con un currículo impresionante. En un comienzo, gozó de popularidad e incluso se le recuerda por haber acorralado a Biden en el primer debate demócrata. ¿Qué la llevó a la derrota? La falta de dinero. Simplemente no contaba con los recursos para seguir adelante. Una figura que sí contaba con solvencia económica fue el millonario y exalcalde de Nueva York, Mike Bloomberg. Sin embargo, el problema de Bloomberg fue otro: no logró desplegar el carisma necesario para ganarse la simpatía de la gente. Pero vaya que lo intentó. Según reportó la BBC, llegó a pagarle a influencers para que le hicieran y propagaran memes que le resultaran favorables. Un esfuerzo que al final resultó en vano.

Un contendiente más de interés fue Pete Buttigieg, quien a sus 37 años hubiera sido el presidente más joven de la historia de los Estados Unidos. Además, es abiertamente gay y está casado. Es fácil concluir que hubiera sido un candidato con un fuerte apoyo por parte de la gente joven, pero de hecho fue lo contrario. Los votantes jóvenes y progresistas mostraron un desprecio acérrimo hacia Buttigieg, sobre todo en Internet. El motivo del rechazo era que lo consideraban un hipócrita. Creían que trataba de presentarse como el futuro de su partido cuando en realidad arrastraba posturas rancias. De acuerdo con The Atlantic, se le llegó a considerar un boomer envuelto en la apariencia de un millennial.

Kamala Harris. Foto: EFE Los Ángeles

También hubo alguien tan peculiar como Marianne Williamson, la llamada “candidata del amor”. Es una empresaria y activista que además vende libros de autoayuda. No es de extrañar, pues, que su estrategia se haya basado en un discurso facilón y empalagoso en el que destacó virtudes como el optimismo o, por supuesto, el amor. La falta de refinamiento de las propuestas de Williamson hizo que fallara en conseguir su objetivo y pasara a ser una simple anécdota curiosa.

Aún quedan otros candidatos que podrían ser mencionados. Políticos diversos con trayectorias vitales muy diferentes. Pero de entre este grupo variopinto, quien salió airoso fue Joe Biden, un hombre con puntos de vista más bien convencionales. Un típico sujeto blanco de esos que abundan en el escenario político estadounidense. Su punto más fuerte, para muchos, es haber sido el vicepresidente de Barack Obama y nada más.

Luego está la cuestión de su edad, pues, en caso de ganar, tomaría posesión de su puesto a los 78 años de edad. Para muchos, incluso para compañeros de partido, (como lo expresa el artículo del New York Times ¿Por qué la edad de Joe Biden preocupa a algunos aliados y votantes demócratas?) es un hecho inquietante. Y es que consideran que empiezan a mostrarse los estragos de los años en su agilidad mental. En el debate mencionado más arriba, en el que Kamala Harris lo puso contra las cuerdas, lo notable fue que el exvicepresidente fue incapaz de dar respuestas rápidas y frescas.

Sin embargo, para muchos, Joe Biden tal vez representa una opción de cambio ante la tempestad desatada por Trump. Un cambio que, además, no alteraría demasiado el status quo. Se concluiría con las extravagancias de la actual administración y se regresaría a una forma más tradicional de hacer las cosas. Lo cierto es que todavía queda un buen trecho por recorrer. La contienda electoral, hay que añadir, se dará teniendo un trasfondo único, tanto por la pandemia de coronavirus como por el malestar social desatado por el racismo.

También es imposible dejar de resaltar que la contienda será un espectáculo, porque la política mucho tiene de ello. Sobre todo cuando hay dos personas con temperamentos tan dispares como los de Biden y Trump. El primero, como ya se dijo, es un sujeto que encaja a la perfección en lo convencional; el segundo, en cambio, es propenso a la estridencia y la chapucería. Un ejemplo de esto lo encontramos en lo ocurrido el 24 de octubre del año pasado. Resulta que Biden lanzó la página web TodosConBiden.com. Pero hubo un pequeño inconveniente: el dominio no fue comprado. Los integrantes de la campaña de Trump, ni tardos ni perezosos, lo adquirieron y, por supuesto, modificaron el sitio. Colocaron la imagen de un Biden dormido junto a la frase “Oops, Joe se olvidó de los latinos”.

Captura del sitio web TodosConBiden.com. Foto: todosconbiden.com

Así, Estados Unidos se enfila a una de sus elecciones más trascendentes. Una en la que el país decidirá si continúa en la locomotora sin frenos que es el gobierno de Trump o si optará por tratar de revertir las cosas con Biden. También está por verse, claro, si Biden será capaz de hacerle frente a un rival que, como ya hemos visto, es inescrupuloso.

PAPÁ, PROMÉTEME QUE…

Para un político, su vida personal es una pieza clave en su carrera. Tiene el potencial de facilitarle o dificultarle las cosas. De hecho, hasta puede arruinarle por completo sus objetivos. Debido a ello, es importante echarle un vistazo, aunque sea somero, a la biografía de quien busca un puesto en el gobierno. En el caso de Biden, nos encontramos con una historia marcada por la tragedia.

Joseph Robinette Biden Jr. nació el 20 de noviembre de 1942 en Scranton, Pennsylvania, una ciudad que en su mayoría cuenta con una población obrera. Sus padres fueron Catherine Eugenia "Jean" Biden y Joseph Robinette Biden Sr. Fue el primogénito en una familia irlandesa en la que además contaría con la compañía de dos hermanas y un hermano. Debido principalmente a su madre, fue criado como católico.

En los primeros años de su vida, Joe no se vio enfrentado a penurias económicas, aunque sus padres sí tuvieron que tomar decisiones mayores para mantener las finanzas familiares a flote. Así fue como optaron por mudarse a Delaware en 1953. Ahí, el padre de Biden tuvo éxito como vendedor de autos usados y logró proveer a su familia con el estilo de vida de la clase media. Más adelante, Biden ha usado este aspecto de su trayectoria vital para tratar de apelar al interés del votante clasemediero.

A lo largo de sus primeros años escolares, fue un estudiante con un desempeño pobre. Pero era deportista (jugó futbol americano y béisbol) y era considerado un líder nato. De hecho, fue elegido como presidente de la clase. Al crecer, se graduó en Derecho en la Universidad de Siracusa. De acuerdo con el mismo Joe, estudiar ahí le resultó muy aburrido. Algo consistente con su poca tolerancia a la vida académica.

Durante buena parte de su vida ha tenido complicaciones por tartamudear, aunque con el tiempo es algo que aprendió a controlar. Pero aún en nuestros días, como según él mismo ha declarado, este defecto del habla lo ha contenido un poco en los debates presidenciales.

Joe Biden cortando el pastel de su cumpleaños número 30 junto con su esposa Neilia Hunter y sus hijos. Foto: usmagazine.com

Mientras todavía era un estudiante de leyes, se casó con Neilia Hunter el 26 de agosto de 1966. Tuvieron tres hijos: Joseph R. "Beau" Biden III, Robert Hunter y Naomi Christina. Ya en aquel entonces, Biden empezó a desarrollar ambiciones políticas. Tenía claro que para los 30 años quería ser senador y después presidente. Mientras tanto, durante 1968 trabajó en una firma legal dirigida por un republicano local pero prominente. En esos días, no tenía muy claras sus posturas políticas, y consideró aliarse con los republicanos. Sin embargo, su desagrado por el entonces presidente Richard Nixon lo alejó de esta opción.

Finalmente, hubo que tomar una decisión, y en 1969 optó por registrarse como demócrata. Durante un tiempo más, alternó su labor política con su trabajo en el área legal, aunque éste no pagaba muy bien. Su primer puesto como servidor público lo obtuvo al formar parte del consejo del condado de 1970 a 1972. Inmediatamente después de dejar este cargo se lanzó como candidato al Senado de Estados Unidos.

El panorama era adverso para Biden. Competía en contra del republicano J. Caleb Boggs, quien contaba con una carrera política más larga y era más reconocido. Además, Biden no disponía de muchos recursos para su campaña. Sin embargo, decidió seguir adelante. Promovió su imagen con lo que estuvo a su disposición. Pero, además, otros factores jugaron a su favor: rebosaba vitalidad, era joven, agradable y su familia daba la apariencia de ser ideal. Logró ganar la elección a pesar de todo.

Había iniciado una carrera política muy interesante, pero pronto hubo obstáculos mayores. El 18 de diciembre de 1972, la esposa de Biden y su hija de un año, Naomi, murieron en un accidente automovilístico. Los hijos, Beau y Hunter, sufrieron heridas pero nada que amenazara sus vidas o dejara secuelas permanentes. Pese ello, Biden no sabía cómo iban a resultar las cosas en aquel entonces. Debido a ello consideró no tomar su puesto como senador para cuidar de sus hijos, pero sus colegas lo convencieron de lo contrario.

Tomó protesta como senador el 5 de enero de 1973. Sus hijos, todavía lidiando con algunas heridas, estuvieron presentes en el evento. Vivir con la pérdida fue difícil para el entonces senador. Según sus propias declaraciones, pasó por un oscuro periodo en el que estaba constantemente enojado y dudaba de su fe religiosa.

Los candidatos presidenciales demócratas en 1987 fueron (de izquierda a derecha) Al Gore, Richard Gephardt, Michael Dukakis, Joe Biden, Jesse Jackson, Bruce Babbitt y Paul Simon. Foto: nytimes.com

Las cosas mejoraron hasta que conoció, en una cita a ciegas, a quien sería su segunda esposa: Jill Tracy Jacobs. A la postre tendría una hija con ella (Ashley Blazer). Biden afirma que este segundo matrimonio le devolvió el interés tanto por la vida como por la política. La pareja contrajo nupcias el 17 de junio de 1977. A partir de este punto, la vida de Biden comenzó a encarrilarse de nuevo, aunque cabe adelantar que volvería a enfrentarse con la tragedia.

Como miembro del Senado, Biden desarrolló una carrera fructífera, pero además empezó a tener aspiraciones más altas. Ya ha buscado ser presidente de su país en dos ocasiones. La primera de ellas fue en 1987. En aquel entonces buscaba ser el mandatario más joven desde John F. Kennedy y había posibilidades reales de que lo lograra. Era visto como el futuro del Partido Demócrata. Su carisma, especulaban algunos, podía llevarlo a la victoria. Sin embargo, todo se derrumbó estrepitosamente. El inconveniente que derivó en fracaso fue una acusación de plagio.

Según el artículo Por qué la primera campaña presidencial de Joe Biden colapsó sólo después de tres meses, de la revista Time, fue acusado de plagiar un discurso hecho por el político británico y líder del Partido Laborista, Neil Kinnock. Incluso apareció un video con la pantalla dividida en el que se contrastaban las palabras de ambas figuras. Este suceso desató otras acusaciones similares. Hasta se encontró que había tomado pasajes de un discurso de su admirado Kennedy. También se pusieron en evidencia declaraciones falsas lanzadas por Biden, como cuando aseguró haberse graduado como uno de los mejores de su clase, lo cual distaba de ser cierto. El escrutinio fue tan abrumador que terminó por opacar los aspectos positivos de Biden y zanjó su ambición presidencial.

Volvió a probar suerte hasta 2007. Esta vez no hubo acusaciones de plagio, pero el panorama era muy diferente. Su mejor momento había caducado y el panorama estaba poblado por otros actores políticos. Unos más interesantes a los ojos del público. En especial uno con personalidad magnética llamado Barack Obama. Para 2008, Biden se dio cuenta de que no tenía oportunidad y dejó la carrera. Sin embargo, en agosto de ese mismo año, Obama lo seleccionó para ser su vicepresidente.

En noviembre, la mancuerna Obama-Biden derrotó al equipo McCain-Palin. Si bien Obama siempre estuvo en los reflectores, lo cierto es que la pareja que formó con Biden se convirtió en una de las más reconocibles de la política estadounidense. Todavía hasta nuestros días se conserva la idea de que entre ambos hubo una dinámica destacable. Sin embargo, sólo basta con escarbar un poco para darse cuenta de que esto no es del todo cierto. La relación entre ambos no siempre fue la mejor. Ahí está, por ejemplo, la ocasión en que Biden dijo algo muy desafortunado sobre su compañero.

Foto: Behance / Pat Victory

Cuando todavía buscaban la candidatura demócrata, Biden dijo sobre Obama lo siguiente: “Es decir, tienes al primer afroamericano que es objeto de la atención del gran público. Y es articulado, brillante, limpio y un tipo bien parecido”. A pesar de estas palabras, Obama lo eligió para ser su segundo al mando, ¿por qué? Según el artículo del New York Times titulado La relación entre Obama y Biden se ve color de rosa. No siempre fue así de simple, la decisión obedeció, en cierta medida, a una cuestión estratégica. Obama, consciente de que representaba un cambio incómodo por su color de piel, creyó que ser respaldado por una figura más convencional, más anclada en las expectativas de los ciudadanos estadounidenses, le ayudaría a sortear mejor las circunstancias. También el factor edad jugó un rol. En este aspecto, Obama juzgó que Biden podía dar la impresión de ser un consejero valioso por sus años ya acumulados.

Obama y Biden fueron reelegidos para un segundo periodo (2013-2017). El 30 de mayo de 2015, el hijo de Biden, Beau, murió a los 46 años de edad. La causa: cáncer cerebral. Como era de esperarse, el golpe fue durísimo. En su libro, Papá, prométeme que..., Biden escribió sobre su hijo que "tenía lo mejor de mí, pero se había quitado los defectos y errores de fábrica". Lo sucedido suspendió la carrera de Biden. Buscaba ser gobernador de Delaware en aquel entonces. De acuerdo con especialistas, tenía buenas posibilidades de ganar. Se le sugirió lanzarse como candidato presidencial, pero declinó la posibilidad. Mientras tanto, Trump se alzaba como un personaje cada vez más prominente.

RECUPERAR EL ALMA DE LA NACIÓN

Biden regresó a ser un actor político relevante hasta el 25 de abril de 2019 cuando anunció que buscaría la presidencia. En su cuenta de Twitter publicó: “Los valores fundamentales de esta nación... nuestra posición en el mundo... nuestra democracia... todo lo que ha hecho a Estados Unidos, está en juego. Por eso hoy estoy anunciando mi candidatura a la presidencia de Estados Unidos. # Joe2020”. Como ya hemos repasado, Biden primero tuvo que derrotar a otros aspirantes de su partido. Pero una vez terminado ese juego de ajedrez, ahora sólo quedan Trump y él en el tablero (a menos que algo inesperado ocurra).

Aunque un candidato presidencial, de cualquier parte del mundo, goce de una buena imagen, es una realidad que distará de ser perfecto, y por ello conjuntará tanto fortalezas como debilidades. Biden no es la excepción.

Joe Biden dando un discurso en un video trasmitido en el funeral de George Floyd, afroamericano asesinado por un policía blanco, en la iglesia Fountain of Praise en Houston, Texas. Foto: EFE Houston

Una de sus fortalezas es el respaldo que tiene de los votantes negros, algo con lo que Trump tendrá más dificultades en esta ocasión. Esto, además, se sostiene pese al desafortunado comentario que realizó sobre Obama y que se ha mencionado con anterioridad. De hecho, se ha involucrado recientemente en otras polémicas sobre la comunidad afroamericana debido a su incontinencia verbal. No obstante, debido al contexto actual, para algunos expertos, sigue siendo la mejor opción para la minoría negra.

Durante una entrevista radiofónica en el programa The Breakfast Club, Biden soltó una frase que incendió las redes sociales: “Si tienes problemas para decidir si estás conmigo o si estás con Trump, entonces no eres negro”. Lo que se desató a continuación fue un alud de críticas y un debate acalorado. Sin embargo, para algunos, esto tal vez no haya hecho ninguna mella a su campaña. En una entrevista para el medio NPR, el investigador Theodore Johnson explica que la decisión de los afroamericanos de dar su voto a Biden pese a todo, puede obedecer a lo que llama una “elección pragmática”. En términos llanos: tal vez los comentarios de Biden sean condenables, pero aun así es una opción viable para sacar a Trump de la Casa Blanca, quien es percibido como alguien mucho peor. También tienen, claro, la opción de la abstinencia. Sin embargo, esta sólo beneficiaría a Trump.

Otro aspecto que le da fuerza a Biden es su amplia experiencia. No es para menos: ya cuenta con ocho años de vicepresidente y 36 de senador. Esta trayectoria es más relevante si tomamos en cuenta que el actual presidente no tenía, ni de cerca, una carrera política semejante y su gestión ha sido deficiente, por decir lo menos. Los votantes bien podrían optar por ir en la dirección opuesta a la que fueron la última vez.

Luego está el vínculo con Obama, el cual todavía puede ser explotado. Para muchos, esta relación es una de las mayores ventajas de Biden. Obama permanece, sobre todo entre los demócratas, como una figura popular y con buena reputación. Es lógico que Biden se aproveche de la buena imagen de su exjefe para tratar de dar una sensación de continuidad. De ahí su lema de campaña: “Recuperar el alma de la nación”. Otros, sin embargo, han señalado que Biden sólo está tratando de ofrecer las migajas que quedaron de la presidencia de Obama. Sea como sea, el 14 de abril hubo revuelo cuando el expresidente dio su aprobación a la candidatura de Biden a través de un video.

Foto: EFE Concord

Por otra parte, Biden cuenta con la posibilidad de convertir las tragedias que lo han golpeado en un elemento favorecedor. Pocos políticos estadounidenses con su perfil han pasado por las pérdidas que él. Gracias a ello puede vincularse con otras personas. Se encuentra en una posición en la que su empatía no se pondría en tela de juicio. Posee credibilidad de sobra. En el artículo Cómo el dolor se convirtió en el ‘superpoder’ de Biden, de Político, se recoge el siguiente comentario del senador Chris Coons: “Posee casi un superpoder en su habilidad para reconfortar, escuchar y conectar con otras personas. Personas que recién acaban de sufrir la peor pérdida de sus vidas”. Mientras tanto, Jeff Nussbaum, quien escribía algunos de sus discursos, ha dicho al respecto: “Por supuesto que utiliza su conocimiento de este proceso de pasar por lo que nadie debe de pasar para ayudar a otros”.

Ante el imparable conteo de muertes por la COVID-19 y las injusticias perpetradas contra la comunidad negra, un político capaz de conectar con las personas puede resultar algo atractivo para los votantes. Sobre todo considerando la alternativa: un Trump que se ha mostrado frío y distante.

Hay que señalar que Biden, más allá de su historial de pérdidas, es visto como un sujeto con el que es fácil identificarse. Su estilo siempre ha sido el de un político práctico y cercano a la gente. Incluso sus dislates podrían ser vistos como algo positivo: sí, Biden es propenso a decir lo que no debe, pero ello podría ser signo de un político humano. En lugar de ser uno, como la gran mayoría, que busca controlar su imagen hasta lo inverosímil.

Para Biden, lidiar eficazmente con otras personas es algo que se le da más allá del terreno de las emociones. Su excelente reputación como negociador es bien conocida, incluso entre sus rivales. Aunque cabe mencionar que algunos lo han criticado por esto, pues consideran que se ha acercado demasiado a ciertas figuras republicanas, por lo que es acusado de haber comprometido sus principios.

Por último, tenemos las condiciones actuales en las que se encuentra sumido Estados Unidos. Pese a ser visto como un tipo cercano a la gente, Biden es, a fin de cuentas, un político. Y como tal sabe muy bien que en el juego en que participa es legítimo aprovecharse hasta del desastre. La pandemia sigue configurando un panorama desolador en el país norteamericano. Trump, por su parte, se niega a asumir la plena responsabilidad de la situación.

La incapacidad de Trump para lidiar con la pandemia podría jugar a favor de Biden. Foto: EFE Washington

Mientras tanto, Biden parece haber optado por el silencio como estrategia. En el artículo de Jacobin, ¿Por qué Joe Biden desapareció justo cuando explotaba la pandemia de coronavirus?, se especula que limitó su presencia pública para inspirar cautela y de paso dejar que Trump se siguiera dañando a sí mismo con sus desaciertos. Se trata de una estrategia arriesgada y criticable, pero hasta ahora parece haber dado resultados. Biden sólo ha roto el silencio de manera significativa para lanzarse contra el manejo de Trump de la situación sanitaria.

NO ERES NADA PARA MÍ

Del otro lado de la balanza están las debilidades de Biden. Para empezar, hay que mencionar su baja popularidad entre la gente joven. Cuando hablamos aquí de jóvenes nos referimos a personas por debajo de los 45 años. Se trata de una gran porción de votantes a la que Biden tendrá que convencer de que es la mejor opción. Algo que no se perfila como una tarea fácil. Alguien como su antiguo rival y compañero, Bernie Sanders, era más popular entre la juventud, pues veían en él a alguien que concordaba con sus objetivos y que demostró, una y otra vez, una coherencia inquebrantable a la hora de defender sus puntos de vista. No ocurre lo mismo cuando hablamos de Biden.

Los jóvenes estadounidenses que podrían emitir su voto para apoyar a Biden tienen en claro las cuestiones sobre las cuales los políticos deberían ponerse a trabajar. El problema de los votantes jóvenes de Biden: ellos no creen que esté escuchando es un artículo publicado en The New York Times. En éste, entre otras cosas, se hace referencia a las exigencias de los jóvenes. Una de ellas, por ejemplo, es que haya acciones más agresivas para combatir el cambio climático. Sin embargo, como dice el título del texto, Biden no parece escuchar sobre este tema. Trata de mostrarse como un demócrata genuinamente comprometido en estas cuestiones, pero en verdad sólo se refiere a ellas porque sabe que es lo que su público espera.

Es por ello que se ha ganado el título de “demócrata conservador”. Asegura apoyar causas progresistas, pero al mismo tiempo evita comprometerse con ellas en un cien por ciento. Quizá por eso no tenga asegurado el voto negro. Cuando se trata de raza, Biden no se ha mostrado discriminatorio, pero tampoco ha sido un tema en el que haya invertido esfuerzo en particular. Más bien se ha concentrado en la clase media blanca de la que él mismo proviene. De nuevo podemos encontrar ese “conservadurismo” subyacente.

Tara Reade. Foto: cnn.com

Luego está el caso de Tara Reade, quien solía ser asistente en la oficina del Senado de Biden en los noventa. El año pasado aseguró que Biden tuvo una conducta inapropiada con ella. En concreto que la tocaba lascivamente del cuello y hombros. Pero este año lanzó una acusación más grave: afirma ahora que Biden la atacó sexualmente. Según su declaración, en 1993, el candidato la empujó contra una pared y la penetró con un dedo en contra de su voluntad. Luego de hacer esto, Reade asegura que él le dijo: “No eres nada para mí. No eres nada”. Cabe agregar que otras mujeres lo han acusado de tocamientos inapropiados a lo largo de los años, pero ningún otro caso ha tenido el mismo impacto.

La acusación de Tara podría ser muy dañina para Biden. De momento no ha ganado la tracción suficiente, en parte porque los medios estadounidenses han estado ocupados en otros asuntos. Sin embargo, es un tema con el potencial de resurgir. Sin duda, los republicanos pueden sacarle un considerable provecho. Sobre todo porque es su oportunidad de etiquetar de hipócrita a Biden, quien ha criticado a Trump por su trato a las mujeres.

Algunas posturas conservadoras que Biden ha tomado podrían regresar para lastimar su candidatura. Por ejemplo, en su momento, él apoyó la guerra en Irak, la cual ha terminado por ser vista como algo desastroso. Sin embargo, también es cierto que esto, en términos políticos, se encuentra a muchísimo tiempo de distancia. Lo mismo ocurre con otras cuestiones, como su trato a las mujeres. Biden, en 1991, dirigió una audiencia sobre el acoso sexual sufrido por Anita Hill por parte de un juez. La experiencia fue humillante para la mujer, tanto así que algunos medios han descrito el suceso como un “linchamiento”. Años después, Biden se disculpó con Hill, más que nada porque sabía que le convenía políticamente. Hill ha dicho al respecto que disculparse no es suficiente.

Otro posible problema para Biden podría ser su propio hijo Hunter. A lo largo de su vida, Hunter ha tenido que lidiar con su adicción al alcohol y las drogas. Es probable que las tragedias por las que ha atravesado su familia hayan contribuido a sus excesos. En el artículo ¿Pondrá en peligro Hunter Biden la campaña de su padre?, del The New Yorker, se menciona incluso que, si bien no se desprecian, la relación entre Joe y Hunter no es buena. Toda esta información es terreno fértil para los opositores del candidato, que no durarán en atacarlo de cualquier forma posible.

Anita Hill. Foto: cdn.britannica.com

BIDEN VS MAGA

De acuerdo con una encuesta hecha por The New York Times y Sina College, Biden aventaja a Trump por 14 puntos. Siendo que todavía falta un buen trecho para que lleguen las elecciones, es un número que podría cambiar radicalmente. Aunque también es cierto que se trata de una cifra difícil de modificar para el actual presidente.

También es notable cómo Biden está ganando terreno entre los votantes independientes. Estos son aquellos que no están afiliados a ningún partido, y por ello es más probable que no tengan una decisión definida. Más bien suelen votar según los sucesos del momento en lugar de hacerlo por ideología. Eso podría explicar su actual inclinación por Biden. No les gusta el estado actual de país y ven en el demócrata una opción de cambio.

Biden, de llegar a la presidencia, se enfrentaría a un panorama muy difícil. Tendría que lidiar tanto con la crisis sanitaria como con el desastre económico derivado de ésta. Al menos ya cuenta con cierta experiencia en cuanto a tratar con escenarios difíciles. Él estuvo a cargo, en 2008, de hacerle frente a la crisis económica que ha terminado por ser llamada la Gran Recesión. En ese caso, su forma de actuar fue concienzuda y meticulosa, a pesar de que se trató de un trabajo árido y burocrático. Sin embargo, hizo lo que tuvo que hacerse, a diferencia de la actual administración que se ha sumido en el caos.

De igual forma, en su sitio oficial de Internet, Biden propone un plan detallado para enfrentar la crisis causada por la pandemia, tanto en lo sanitario como en lo económico. Su propuesta es tan completa que empieza con la intención de restaurar la confianza en las autoridades, pasa por apoyar a los trabajadores esenciales y termina por sugerir la cooperación internacional para buscar prevenir crisis similares en el futuro.

En términos generales y antes de la pandemia, Biden ya proponía mejoras al sistema de salud, aunque nada demasiado radical. En ese tenor son el resto de sus propuestas, las cuales están hechas para encajar con los lineamientos del Partido Demócrata. Por ejemplo, ha dicho de la inmigración ilegal que pretende eliminar el programa “Quédate en México”, que hace que los solicitantes de asilo se queden en nuestro país mientras llegan las resoluciones de sus casos. Sin embargo, no considera siquiera ideas más drásticas como limitar el poder de ICE (la agencia dedicada a detener indocumentados).

Foto: EFE Wilmington

Lo que Biden ofrece son cosas correctísimas. Ahí no hay novedades. Y eso podría jugar a su favor por representar ideas y prácticas familiares. Así, pues, tenemos a un Biden más bien sólido. Quizá no sea la mejor opción para muchos, pero podría ser visto como el menor de los males que se presentan. Hasta ahora, ni sus tropiezos de campaña han logrado ponerlo en aprietos. Algunos de ellos ya han sido mencionados, pero hay más atribuibles a las declaraciones erróneas del propio Biden. Como la vez que dijo que había negociado el acuerdo del Clima de París en 2015 con el líder chino Deng Xiaoping. El problema fue que Xiaoping falleció en 1997.

Sin embargo, y pese a los reveses que ha sufrido Trump, la contienda puede sufrir cambios bruscos. El imaginario creado por Trump todavía es muy sólido. Todavía hay quienes creen fervientemente en MAGA (acrónimo de Make America great again o Haz a América grande de nuevo). Es probable que Trump use todos los recursos de los que dispone para complacer a su volátil multitud. Ya ha lanzado declaraciones descabelladas y sin fundamento. Por ejemplo, aseguró que el hijo de Biden, Hunter, sostenía negocios turbios con China y Ucrania. Hunter, en efecto, ha lidiado con empresarios chinos y ucranianos, pero todo (al menos hasta donde se sabe) ha sido legal.

La próxima elección presidencial estadounidense será una de las más importantes de la historia y su resultado, sin duda, impactará en el mundo entero. Está por verse si la imagen de profesionalismo y sensatez que ha tratado de dar Biden rinde frutos, si los votantes se dejan seducir por ella. Tal vez no está de más traer a colación lo que dijo Obama en cierta ocasión sobre su entonces vicepresidente: “Nadie se mete con Joe”.

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