Provocación de la noche triste
Nuestro mundo

Provocación de la noche triste

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Porque Moctezuma así lo quiso, Cortés entró pacíficamente a Tenochtitlan el 8 de noviembre de 1519. El emperador dispuso alojamientos para el conquistador y sus huestes en estancias reales. La capital azteca pasó un lapso de sosegada convivencia después de largas hostilidades. La relación fue pacífica y hasta amable pero después de unos días Hernán Cortés hizo prisionero a su anfitrión.

Esa era la situación cuando, “entrante el mes de mayo”, pero de 1520, es decir, hace 500 años, le avisaron a Cortés que frente a la costa de Veracruz se encontraba una armada. Pronto le llegan más informes inquietantes y decide ir a enfrentarse con el capitán de aquella flota, Pánfilo de Narváez, quien iba para apresarlo o ejecutarlo. Cortés deja a la sosegada Tenochtitlan y al amigable emperador prisionero al cuidado de Pedro de Alvarado. ¿Quién era Pedro de Alvarado?

En la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Bernal Díaz del Castillo proporciona los datos suficientes para hacerse una idea de Alvarado y lo que hizo en la fiesta tenochca de Tóxcatl, en mayo de hace 500 años. Alvarado fue uno de los capitanes de la armada que antes de la de Cortés, en 1519, exploró los litorales orientales de lo que ahora es México. El capitán general de la expedición era Juan de Grijalva, a quien Alvarado desobedeció para adentrarse con su nave en el río Papaloapan y, escribe Bernal: “a causa de haber entrado en el río sin licencia del general, se enojó mucho con él, y le mandó que otra vez no se adelantase de la armada”.

La flota de Grijalva regresó a Cuba. Después, el gobernador de la isla, Diego Velázquez, organiza otra que pone al mando de Hernán Cortés. Pedro de Alvarado es capitán de una de las naves. El capitán general le ordena adelantarse. Al llegar a Cozumel, Alvarado y sus hombres, desobedeciéndolo, se adentran en la isla. Un segundo pueblo que encuentran está solo, y dice Bernal: “dejaron gallinas y otras cosas. Y de las gallinas mandó Pedro de Alvarado que tomasen hasta cuarenta de ellas”. Saquean más: “y también se les tomó dos indios y una india”. Al enterarse, Cortés “reprendióle gravemente a Pedro de Alvarado”.

La armada avanza. Desembarcan en Veracruz. Al internarse en busca del reino mexica, van conquistando, avasallando. Finalmente están ante la gran Tenochtitlan, donde son bien recibidos y alojados por Moctezuma. En una prefiguración del síndrome de Estocolmo se establece la cohabitación y, sigamos a Bernal: “algunas veces jugaba Montezuma con Cortés al totoloque”. También participaba Alvarado, quien hacía trampa, “y Montezuma, como lo vio, decía con gracia y risa, que no quería que le tantease a Cortés el Tonatio, que así llamaba a Pedro de Alvarado, porque hacía mucho ixoxol en lo que tanteaba, que quiere decir en su lengua que mentía”.

Retrocedamos: Cortés había marchado hacia Veracruz para enfrentarse a Narváez. Lo derrota y a punto de regresar, le avisan que Tenochtitlan se ha alzado. Además de sus mensajeros, le llegan “cuatro grandes principales” enviados por Moctezuma a llevarle la queja de que “Pedro de Alvarado salió de su aposento con todos los soldados que le dejó Cortés, y sin causa ninguna dio en sus principales y caciques que estaban bailando y haciendo fiesta a sus ídolos Uichilobos y Tezcatipuca”. León-Portilla en Visión de los vencidos ayuda a completar el retrato de Alvarado.

Cortés y sus huestes regresan. “Y llegamos a México día de señor San Juan de junio de mil quinientos veinte”. Los alzados tenochcas, con su táctica, los dejan entrar, pero luego los cercan y comienza para Cortés una batalla de reconquista que culminará con la noche triste (de los conquistadores). En estos días de V centenario de aquellos hechos vale la pena leer los libros de Cortés, de Bernal y de Miguel León-Portilla.

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