Franco Berardi y su postura global
Ciencia

Franco Berardi y su postura global

La posibilidad de un cambio estructural

En contra de posiciones tomadas por el futurismo, Franco Berardi señala que nos encontramos, como sociedad global, en un momento en que parece imposible detenerse.

El filósofo italiano analiza la actualidad y la posibilidad de cambio global, para conjeturar una realidad en la que la sobreexplotación de los recursos, la contaminación y otros males que incluyen los efectos negativos del mundo digital, puedan ser frenados.

POSTURA

Franco Berardi es profesor de historia social de los medios de comunicación en la Academia de Bellas Artes de Brera en Milán. Se graduó en Estética en la Facultad de Filosofía y Letras de Bolonia para posteriormente convertirse en teórico de los medios de comunicación.

Entre su obra podemos encontrar los libros Héroes: asesinato masivo y suicidio (2016), Sublevación (2013), Después del futuro (2011) y La fábrica de la infelicidad (2003), escritos sobre la influencia que tiene el capitalismo en el imaginario social y con un interés marcado en la relación compleja que existe entre los procesos sociales y los cambios tecnológicos.

El capitalismo, como símbolo de progreso tecnológico y económico, genera narrativas que el autor llama supersticiones. Entre ellas está la que gira en torno al trabajo asalariado como herramienta importante para el desarrollo de la sociedad y como forma de dar sentido a la vida. Berardi hace énfasis en que mucho del trabajo que es necesario realizar hoy, es automatizable.

El tiempo que empleamos en el empleo asalariado debería utilizarse para la autorrealización y la sanación de la mente, según el autor, así como en una mejora de la crianza de los niños. Así se curaría el ámbito social, lo que el capitalismo no deja que ocurra.

Una de las consecuencias de emplear menos tiempo en el trabajo asalariado, según Berardi, sería la posibilidad de dedicarse a una mejor crianza de los hijos, reconstruyendo el tejido social. Foto: Behance / Michele Marconi

Una narración que seguimos creyendo y que para Berardi es parte de las supersticiones, en este sentido, es que el trabajo es irreemplazable y que nuestro objetivo es mantenernos haciéndolo. Lo que se labora no suele ser para desarrollo personal, sino para enriquecer a otros que ven únicamente números y a quienes se suele agradecer la oportunidad que significa trabajar.

Si lo ponemos así, el trabajo ha sido una de los principales conceptos que se han tergiversado para favorecer la gran maquinaria del capitalismo; es decir, para enriquecer y mantener en la cima a las personas que ya de por sí están arriba en la escala social.

El mito o la superstición se centra en creer que no hay otra opción que continuar trabajando, que el único motivo por el que debemos reunir nuestros esfuerzos es el progreso de la sociedad y su tecnología.

El avance es vertiginoso y debe serlo, cada vez más, como lo indica el Manifiesto Futurista: “un automóvil de carrera, que parece correr sobre metralla, es más hermoso que la Victoria de Samotracia”. La velocidad es sinónimo de progreso, según este manifiesto que ha influenciado nuestra forma de ver la vida.

Ejemplo de esto es que se da importancia al progreso y la acumulación de riqueza por sobre la calidad de vida de quienes lo hacen posible: los trabajadores. Frente a la crisis actual de la pandemia de COVID-19, muchas empresas no dejan de producir, mientras que exponen a sus trabajadores a marchas forzadas y a contagios. En otros casos, envían a sus empleados a sus casas sin goce de sueldo o los despiden, para evitar pérdidas (el caso de Alsea o la firma Macy’s).

Para Franco Berardi, esta superstición es la que da origen a fenómenos como la explotación laboral, la sobreexplotación de recursos y el daño medioambiental. La misma velocidad imparable que mueve al capitalismo, está acabando con el mundo, con la salud mental y el tejido social.

Frente a la crisis actual de COVID-19, muchas empresas de ramos no esenciales, siguieron produciendo, exponiendo así la salud de sus trabajadores. Foto: contest.yicca.org

En Después del futuro (2011), se habla del momento actual como uno que ha superado al mañana. La necesidad de frenar y poner atención en aspectos cruciales para el desarrollo adecuado y la salud de las personas, es necesaria si no se quiere romper más aún con la estabilidad social. Problemas como los tiroteos en Estados Unidos, son algunos de los mencionados por Berardi como consecuencia de esta gran equivocación que estamos perpetuando.

PENSAMIENTO INFORMÁTICO

Algo que es crucial para comprender la actualidad, es la interacción que tenemos con el mundo digital. Para Franco Berardi, esta es una parte importante del momento en que nos encontramos y por ello no está fuera del proceso de perpetuar la velocidad ni las supersticiones.

En sus escritos, indaga la forma en que las tecnologías han cambiado el comportamiento humano y aceleran el flujo de información, de manera que el tiempo de pausa es imposible. La aceleración propia del avance tecnológico ha alcanzado hoy un punto tan crítico, que nuestra capacidad para mantener la atención se ha reducido ante tantos estímulos.

El pensamiento crítico, el pensamiento complejo y la capacidad de escucha, son elementos necesarios para nuestro desarrollo y de los que adolecemos en este momento. No hay tiempo para reflexionar; se alimentan los resentimientos que flotan en las redes sociales, en vez de resignificar la información que se comparte.

Las computadoras se han convertido en una especie de prótesis, como lo indica el autor, para relacionarnos con el mundo a través de ellas. Por lo tanto experimentamos las emociones, la percepción y nuestra relación con las otras personas de manera diferente.

En La fábrica de la infelicidad, Berardi habla de una promesa de felicidad que ofrece el mundo digital. La conclusión no es que se cumpla esa promesa, sino que de hecho genera una mayor desdicha.

La instalación Absorbed by light, en Amsterdam, Países Bajos, expone la adicción a los smartphones, que para Berardi es una causa de la pérdida de pensamiento crítico y capacidad de concentración. Foto: Behance / Michele Marconi

La promesa de felicidad está en la inversión de esfuerzo para lograr estatus económico y social, como una alternativa a la realización personal. El tiempo que se dedica a adquirir recursos para consumir, se paga con tiempo de goce.

La infelicidad, según el autor, es necesaria para mantener la jerarquía. La promesa de avanzar en la escala social nos mantiene aumentando la producción y acumulación de riqueza que, de hecho, será gozada por quienes están arriba en esta escala.

Berardi hace eco de autores como Félix Guattari, para quien el deseo es un motor importante para cualquier actividad humana. El trabajo, como nuestra presencia en las redes sociales, se basa en el deseo: en sentirnos deseados por otros, sea como fuerza laboral o como presencias del espacio virtual en el que nos retroalimentamos con estímulos emocionales.

El ciberespacio está, como el capitalismo, en constante ampliación y aceleración. Nuestras relaciones afectivas se ven lanzadas por este ritmo acelerado. Nos convertimos en receptores y remitentes de estímulos veloces que no son acordes a nuestra capacidad natural de entender el mundo de manera más completa.

Los comportamientos cambian y las habilidades son adaptadas de modo que nos podamos adecuar a este mundo, aunque de alguna manera fuerce nuestras capacidades naturales y nos presione a aumentar la productividad. La realización de varias tareas a la vez, es uno ejemplo de estos cambios.

Lo que ocurre como resultado es un desequilibrio y el colapso de nuestra psique. Aparecen entonces enfermedades mentales que hoy son cada vez más comunes, como estrés, depresión, ansiedad, ataques de pánico, entre otros daños. Las adicciones a la tecnología, así como al trabajo, también son males que aquejan a la sociedad de manera cada vez más marcada. Despegarnos de esta aceleración constante supone una desconección de un mundo del que no queremos ser expulsados.

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