El escándalo del escándalo
Nuestro mundo

El escándalo del escándalo

Nuestro Mundo

Los escándalos son los que venden, ¿has escuchado o leído esta aseveración? Seguro y sí. Un escándalo es aquello que causa sorpresa, curiosidad, indignación, irritación. La dimensión del escándalo está dada por la relevancia de los personajes que lo protagonizan, las figuras públicas son más susceptibles al escarnio cuando trascienden sus debilidades humanas, porque ¿qué otra cosa es el pecado o los actos que se alejan de las normas sociales estipuladas para la buena convivencia?

Y con la debilidad y el desacato a las normas se hace el caldo de cultivo para que el escándalo se desate, los temas preferidos son las traiciones, los robos, las muertes violentas, las preferencias sexuales, el poder económico. Décadas atrás, los políticos, los artistas, las figuras del deporte profesional, los jerarcas religiosos, los empresarios pudientes, eran el blanco ideal de las historias dignas de lo que se llamaba “la página roja” de los diarios, las revistas del corazón y las platicas de los juegos de canasta y dominó.

Escándalo y chisme van de la mano, el escándalo es algo que sucedió y que trasciende, el chisme es la historia que se completa con información imprecisa que magnifica el hecho. Hoy en día cualquiera de nosotros puede ser víctima de la notoriedad ya que mucho de lo que antes era privado, hoy es público. Las diferencias no se dirimen de la puerta de la casa hacia adentro, la ventana llamada redes sociales está cubierta de un vidrio empañado de percepciones, filias, fobias, rencores, deudas pendientes, envidias y mucho más.

Ahora la fórmula se ha invertido, lo virtual supera a lo real y para que sea real debe aparecer en lo virtual. Así nos vamos enterando de tanto que ni nos va ni nos viene, algunas publicaciones podrán estar apegadas a la verdad total, muchas otras no, pero por desgracia nuestra mente analítica se duerme ante el efecto hipnótico de todo lo que se habla, se escribe y se ve.

De ahí el éxito de los famosos influencers, anglicismo empleado para definir a quienes “influyen” en otros gracias a que sus muros en redes, blogs, canales de YouTube tienen miles o millones de seguidores que con avidez consumen cada una de sus publicaciones, sin importar que tan intrascendentes sean. Estos personajes definen moda, lugares turísticos a visitar, gustos musicales, sitios trendy, los must (son chocantes estos conceptos, pero mínimo tenemos que familiarizarnos con ellos), algunos van más allá, orientan posturas políticas, sociales, de inclusión, etcétera. De alguna manera sirven de directores de orquesta, a veces sin batuta, a veces sin ritmo, a veces sin conocer la partitura de la vida.

Desde estos muros de tantos seguidores, con tantos likes, con tantos compartidos, se desencadenan los escándalos, los gates, los leaks, los lords, las ladys y por supuesto los memes. Como son los nuevos dioses de una juventud masificada, descreída y desprotegida, su palabra es consigna, los nuevos manuales de urbanidad y lo que Baldor era al álgebra.

Propongo que enseñemos a los jóvenes y hagamos verbo lo siguiente:

1.- Vivir con congruencia.

2.- Vivir asumiendo las consecuencias.

3.- Vivir privilegiando la discreción.

4.- Vivir observando más que hablando.

5.- Vivir creyendo la mitad de lo que dicen.

6.- Vivir sin hacer daño.

7.- Vivir sin ostentación.

8.- Vivir sin ambiciones desmedidas.

9.- Vivir agradecidos.

10.- Vivir mirando con ojos de compasión a quien no nos quiere.

Vayamos al fondo de cada hecho, detrás de cada acción humana, por más terrible que sea ésta, ocurre la idea de bienestar, de recuperar la tranquilidad, aceptar ello, cuesta.

En tiempos de escándalos, fake news y sin sentido, recordemos que una mentira lo será, aunque se repita lo contrario mil veces, que cada uno de nosotros sabemos lo que hicimos o dejamos de hacer y el peor escándalo es el que ocurre al interior de nosotros mismos.

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