Hobo nickels
Arte

Hobo nickels

Esculpir sobre monedas

La inquietud es una característica fundamental de la creatividad. Existen incontables formas de plasmar una idea. El street art, por ejemplo, utiliza las paredes de espacios públicos como lienzos. La artista de la escuela Bauhaus, Anni Albers, empleó tela para realizar impecables diseños geométricos. Por su parte, el canadiense Steven Spazuk ha desarrollado una técnica gracias a la cual es capaz de hacer dibujos con fuego, o mejor dicho, con las marcas negras dejadas por las quemaduras. En una muestra más, Nancy Chunn se dedica a pintar sobre periódicos con la intención de modificar y criticar el contenido de las noticias.

Cualquier objeto tiene el potencial de convertirse en una obra creativa. Aunque se trate de algo anodino en lo que ya reparamos muy poco. Tal es el caso de las monedas, más específicamente en lo referente a las llamadas hobo nickels (o los cinco centavos de vagabundo), que surgieron en Estados Unidos. La acuñación de monedas siempre ha sido un terreno fértil para la expresión estética. Sin embargo, se ha visto supeditada a los lineamientos de las instituciones que emiten dichas monedas. Es decir, los gobiernos determinan las imágenes que son grabadas. Esta restricción no aplica en el caso de las hobo nickels debido a su condición de arte popular.

El concepto de las hobo nickels es tan sencillo como rebosante de oportunidades. Consiste en la modificación de monedas ya existentes para lograr imprimir en ellas nuevas figuras. Se trata de una práctica con siglos de antigüedad y que todavía no muestra visos de desaparecer. La adaptación de las hobo nickels a tiempos modernos ha sido muy exitosa. En la actualidad, algunas de estas piezas no sólo llaman la atención de personas interesadas en la numismática, sino que han logrado apelar a un público mucho más amplio.

UN ARTE VAGABUNDO

Los primeros responsables de modificar monedas fueron los vagabundos y los trabajadores itinerantes. Individuos que viajaban de ciudad en ciudad. Nómadas que realizaron esculturas toscas que estaban en constante circulación. En movimiento, como ellos mismos. Gracias a la suavidad del metal de las monedas, eran capaces de tallar en ellas para modificarlas a su antojo. La variedad de cambios que realizaban era muy amplia, pero uno de los más populares era modificar las caras de figuras históricas para convertirlas en rostros de vagabundos. Retratos de las personas de su entorno.

Una potty coin. Foto: huewhite.com

La práctica de tallar monedas requería de instrumentos asequibles para personas que casi no tenían posesiones. Clavos, leznas, navajas de bolsillo y pequeños martillos eran las primitivas herramientas que se utilizaban. Además, por supuesto, de una inventiva efervescente y mucha paciencia. Esto último se debía a que las hobo nickels requerían de un tiempo considerable. Se estima que se necesitaban alrededor de cien horas para completar el trabajo.

La alteración más temprana de monedas es localizable a mediados del siglo XVIII. En aquel entonces, la moneda tallada más famosa era la llamada potty coin. Su verdadero nombre era la United States Seated Liberty. En ella se apreciaba a la llamada “Diosa de la libertad” (entidad que data desde la antigua Roma) usando un vestido amplio y repleto de ondulaciones, sentada sobre una roca. La grabación era alterada para que la diosa pareciera estar sentada en un retrete. La irreverencia ha sido un rasgo sobresaliente de muchas hobo nickels que, además, se sigue manteniendo hasta nuestros días.

El humorismo y el escarnio de figuras veneradas no eran los únicos objetivos de las hobo nickels. También eran modificadas con el propósito de ser usadas como regalos simbólicos de amor. En estos casos solían ponerse mensajes y adornos románticos. Con ellas, incluso, se hacían pulseras o collares que los amantes regalaban a sus parejas. Sin embargo, es pertinente señalar que esta costumbre fue siendo relegada hasta que terminó por desaparecer.

Algunas monedas eran mejores opciones para ser modificadas, gracias a ello se convirtieron en favoritas entre los talladores. Tal es el caso de la llamada buffalo nickel, la cual estuvo en circulación en Estados Unidos entre 1913 y 1938. También era denominada indian head y fue diseñada por el escultor James Earle Fraser, quien realizó algunos de los monumentos más icónicos de Washington D.C. El trabajo que hizo con la buffalo nickel fue considerado, desde el principio, elegante y sobresaliente.

Hecha de cobre, exhibía la cabeza de un nativo americano. Del otro lado, en cambio, se apreciaba la figura de un búfalo. Ambos grabados fueron hechos con líneas simples pero expresivas. Pese a ello, esta fineza en el trabajo de Erale Fraser no inspiró el respeto de los modificadores de monedas, quienes no dudaron en cambiar los grabados por imágenes más viscerales.

Foto: asmimgato.pw

Hasta ese momento, las monedas de baja denominación sólo ostentaban figuras femeninas. La buffalo nickel fue la primera que mostró un rostro masculino, lo cual significaba que abarcaba una superficie mayor. Gracias a esto había más posibilidades de manipular el metal.

Así fue que comenzaron a tallarse, sobre todo, una amplia variedad de cráneos, algunos considerablemente detallados pese a su primitivismo. Del otro lado, el búfalo, por supuesto, también era modificado. El cambio más popular consistía en proporcionarle al animal una cabeza de hombre barbado y agregarle una mochila de viajero sobre el lomo. Los crudos resultados de estas transfiguraciones distaban mucho del elegante indio ejecutado al principio. Las personas comunes optaban por una creatividad más desbordada e íconos que les resultaban más cercanos. La galería de personajes despelagada por el gobierno no parecía despertar mucho entusiasmo.

PERIODO CLÁSICO

Fue entre 1913 y 1940 que se dio el llamado periodo clásico de las hobo nickels. La década de los años treinta, sobre todo, presentó el mayor auge de este arte popular. Aunado a ello, adquirieron un significado especial. Fue durante esta década que ocurrió la Gran Depresión en los Estados Unidos.

Se trató de un periodo marcado por la pobreza y el desempleo. La cantidad de vagabundos se incrementó y las hobo nickels pasaron a simbolizar irrespetuosidad hacia el dinero, hacia un sistema económico que había fallado. A esto hay que agregarle que estas monedas ya eran coleccionables y podían cambiarse por un plato de comida o una noche de alojamiento.

A lo largo de este tiempo también sucedió algo muy relevante para las hobo nickels: comenzaron a surgir artistas cuyo trabajo era reconocible. Este fue el caso, por ejemplo, de Bertram Wiegard, quien creó monedas con un estilo más personal. Además, él solía firmar su trabajo. Cambiaba la palabra liberty de las monedas por el apócope de su nombre, Bert. En la actualidad, algunas de sus monedas son altamente cotizadas.

Otro artista prominente de la época fue George Washington “Bo” Hughes, quien era discípulo de Bert. Por ello sus trabajos son similares. Esta conexión es importante porque nos indica que ya había un estilo particular que era transmitido. Algo similar a lo que ha ocurrido en otras disciplinas creativas, como la relación que hubo entre el pintor Gustav Klimt y su discípulo Egon Schiele. Las hobo nickels ya empezaban a tener especificaciones de autor.

Entre las décadas de los cuarenta y los setenta hubo muchos cambios sustanciales en el contenido de las hobo nickels. La transición a la modernidad fue muy notoria. Ahora, era posible encontrar monedas con efigies, por ejemplo, de hippies. También es destacable el surgimiento de una mayor diversidad racial en lo que se tallaba. Como muestra un botón: una hobo nickel que adquirió popularidad tenía a una mujer de origen chino.

La técnica para la creación de hobo nickels también evolucionó. Ya comenzaban a utilizarse herramientas más sofisticadas que permitían una mayor atención al detalle. Otra innovación consistió en pintar las monedas. Pese a lo ya mencionado, algunos artistas seguín optando por trabajar de la forma tradicional. Este fue el caso de Washington “Bo” Hughes, quien incluso compró buffalo nickels a coleccionistas para modificarlas, pues estas ya no estaban en circulación.

Cabe señalar que las cosas mencionadas hasta ahora que se tallaban en las hobo nickels son sólo una muestra reducida. La variedad de imágenes que se configuraban en estas monedas era amplísima. Se esculpieron toda clase de animales, personajes, seres fantásticos, entre muchos otros. También estaban aquellas que eran especiales por su carga sentimental. En estas se veían rostros de amigos o familiares.

HEREDEROS DE UNA LARGA TRADICIÓN

Ya en los años ochenta, las hobo nickels gozaron de una renovada popularidad. Dicho fenómeno fue impulsado, en parte, por la publicación del libro Hobo Nickels, escrito por el experto en numismática Del Romines. Sin embargo, el impacto no fue del todo positivo. Muchos de los nuevos interesados en esculpir sobre monedas sólo se dedicaron a mal copiar los diseños que se mostraban en el libro de Romines; es decir, principalmente, el trabajo realizado por Wiegard y Washington Hughes. Es por ello que este periodo se considera mediocre dentro de la historia de las hobo nickels.

Hobo nickel de Futurama, por Roman Booten. Foto: imgur.com

Fue hasta la aparición en escena de Ron Landis que de nuevo empezaron a crearse hobo nickels de una calidad superior y con características propias. Landis fue una influencia clave, pues gracias a él surgieron otros artistas que se empeñaron en ejecutar obras con más exigencia. Entre los nuevos creativos destacaron Arturo DelFavero (alias “Cinco de Arturo”), Bill Jameson (o Billzach) y Sonny Carpenter. Después de ellos se extendió un tiempo sin muchas novedades, hasta nuestros días en que se ha recobrado el interés.

Tal vez el talento actual más destacable (y quizás de toda la historia de las hobo nickels) sea el ruso Roman Booteen. Lo primero que atrae de su obra es la filigrana con la que está hecha. Booteen ha logrado crear pequeñas esculturas altamente estilizadas y complejas. Otra característica notable de sus monedas es el amplio rango de temas que se puede encontrar en ellas. Es capaz de plasmar imágenes de fuentes clásicas y de la cultura pop moderna por igual.

En sus obras de aire clasicista se aprecian cosas como seres mitológicos, escenas de tipo místico o referencias literarias. Del otro lado encontramos personajes de películas y series animadas como Alien, Futurama, The Simpsons, Game of Thrones, entre otras. También podríamos mencionar un tercer grupo de piezas misceláneas. Aquí se englobarían aquellas que muestran animales, diseños propios o, inclusive, referencias a las buffalo nickels.

También cabe mencionar que algunos de sus trabajos están hechos de piezas móviles, como finos mecanismos de relojería. La pieza titulada The Gold Bug es el ejemplo más notable. Se trata de una escultura en la que, de hecho, se utilizaron dos monedas. Con ellas, Booteen creó una sola escultura de un escarabajo cuyas alas son deslizables. El diseño fue inspirado en el relato El escarabajo de oro, de Edgar Allan Poe. Esta moneda fue la número cincuenta para Bouteen, razón por la que decidió hacer algo especial.

La información que existe sobre Booteen es escasa, lo cual le ha granjeado una reputación de artista misterioso. Pese a ello, tiene una cuenta de Instagram (@romanbooteen) en la que es posible apreciar sus esculturas en miniatura que, dicho sea de paso, no sólo se limitan a las monedas, pues también ha esculpido en encendedores.

Popeye por Aleksey Saburov. Foto: HoboCoins/Facebook

Otro talento sobresaliente de nuestros días es el también originario de Rusia, Aleksey Saburov. Igual que Booteen, ha puesto una atención superlativa en el detalle. Además, ha buscado nuevas formas de utilizar sus monedas. Así le surgió la idea de crear un reloj con una de ellas. Semejante ocurrencia es comprensible si tomamos en cuenta que Saburov también se dedica a la joyería. De hecho, reside en Kostroma, ciudad que es tenida por el centro joyero de su país.

Entre otros de los artistas contemporáneos que vale la pena mencionar se encuentran Paolo Curcio, James Boudreau y Shane Hunter. En este, el periodo más reciente de las hobo nickels, encontramos un mayor interés por la cultura pop. Si antes se optaba por reflejar la cotidianidad, ahora se prefiere plasmar lo que se consume a través de los medios de comunicación masivos.

Las hobo nickel evidencian que la creatividad brota de forma espontánea. La creación artística no está vedada a un puñado de personas. Por otro lado, estas piezas nos confrontan con nuestras ideas más arraigadas sobre la escultura. Las hobo nickels son obras portátiles y de reducidas dimensiones. Cuando pensamos en estatuas, lo primero que se nos viene a la mente es una obra pesada, grande e inamovible en una locación específica. Este no es el caso de las hobo nickels, miniaturas en las que la gente plasmó una imaginería desparpajada y exuberante.

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