Víctor Chaca, la resurrección a través del arte
Arte

Víctor Chaca, la resurrección a través del arte

Crear a partir de los escombros del desastre

Después de que un poderoso terremoto sacudiera a Juchitán, Oaxaca, el artista Víctor Chaca, a partir de los escombros, creó una serie de estatuas para honrar a las personas fallecidas. Revitalizó objetos que se creían inútiles para transformarlos en arte.

Crear siempre ha sido la principal motivación del arte. Darle vida a obras capaces de manifestar un mensaje trascendente. Esto se torna más significativo cuando el arte que se realiza tiene su génesis en la destrucción y se transforman materiales que ya se consideraban inservibles en objetos con un valor y un nuevo significado. Así lo hizo el artista de origen zapoteco, Víctor Chaca, después de uno de los terremotos más devastadores que han afectado al país en años recientes.

El jueves 7 de septiembre de 2017, a escasos minutos de la medianoche, un sismo sacudió el sureste y el centro de México. El epicentro tuvo lugar en el Golfo de Tehuantepec, que se ubica entre los estados de Chiapas y Oaxaca. Se trató del movimiento telúrico más fuerte desde el terremoto Jalisco-Colima de 1932. Su intensidad fue tal que incluso se percibió en los países de Guatemala, El Salvador, Honduras y Belice.

Después del terremoto, los medios de comunicación empezaron a mostrar imágenes de la destrucción. El poblado más afectado fue Juchitán de Zaragoza, que forma parte de Oaxaca. Muchas casas de este municipio terminaron reducidas a escombros, mientras que otras sufrieron graves daños. La mitad del palacio municipal, que se construyó en 1860, se derrumbó. La edificación era un emblema de Juchitán por su belleza y sus treinta arcos arquitectónicos.

La cifra de fallecidos, sólo en Juchitán, llegó a los ochenta y dos. Por su parte, el número de viviendas consideradas como pérdidas totales fue de 27 mil. Los pobladores de la ciudad oaxaqueña se enfrentaron a un desastre sin parangón en su historia. El artista Víctor Chaca estuvo ahí para presenciar la destrucción y el dolor de los habitantes. Fue durante estos días que gestó en su mente un proyecto con el cual pudiera honrar tanto a las víctimas como a la misma comunidad.

Escultura de la serie Tzompantli, en homenaje a las víctimas del sismo en Juchitán, Oaxaca. Foto: Cortesía Víctor Chaca

La idea era sencilla pero cargada de simbolismo y emotividad: usar los escombros como materia prima para crear esculturas.

ARTE DEL PÁJARO CARPINTERO

Su nombre es Víctor Orozco, pero cuando los medios hablan de él más bien se le conoce como Víctor Chaca. En realidad la palabra es Cha'ca, un vocablo zapoteco que posee varios significados: enamorado, seductor, mujeriego y pájaro carpintero. Éste último es muy apropiado para alguien que ha esculpido figuras usando la madera.

Oriundo de Juchitán, Víctor Chaca nació en 1948 y como artista se ha desarrollado en la pintura, el grabado y la escultura. Fue en los años setenta cuando comenzó a exponer y vender sus obras en la Ciudad de México, principalmente en el Auditorio Nacional y en galerías de la Zona Rosa. Es un artista laborioso: ya cuenta con 35 exposiciones colectivas y treinta individuales, las cuales se han llevado a cabo tanto en el país como en el extranjero.

Cabe destacar que el juchiteco ha optado por mantenerse alejado de los reflectores del mundillo del arte. Rehuye de la publicidad innecesaria. En cambio, ha preferido concentrarse en su trabajo, el cual está marcado por el onirismo, las tradiciones de su tierra natal y las leyendas y los mitos prehispánicos.

Pese a inclinarse por la discreción, Víctor Chaca y las obras que realizó después del sismo, lograron captar la atención del publico. No era para menos, las piezas que esculpió a partir de los escombros dejados por el desastre son la materialización del dolor por el que todavía atraviesan los afectados. Pero también son un homenaje a las víctimas y a los lugares devastados. Anclas en el tiempo que impiden la disolución de la tragedia en el olvido.

Pintura sin título de Víctor Chaca. Foto: Cuatrosiete Galería

TZOMPANTLI: OFRENDA A LOS DIOSES

El terremoto afectó directamente a Víctor Chaca. Su propio hogar sufrió daños severos. Además, al recorrer las calles, se vio confrontado a la destrucción que había asolado a su pequeña ciudad. Más adelante, en la Galería de los Cien, de Oaxaca, durante la exposición de las esculturas que terminaría por crear, relató el impacto que le causó ver las casas y edificios derruidos. Dijo que las vigas que sobresalían de entre los escombros le causaron una honda impresión. Se le figuraron puñales o alfileres que se levantaban al cielo. Fue entonces que se determinó a hacer algo con aquello. A no dejar que se perdieran por completo los restos de edificaciones tradicionales y antiguas. Para lograr su cometido, los transformaría en algo nuevo: en obras de arte.

El primer paso fue la recolección de escombros. La tarea se extendió a lo largo de siete meses. En ocasiones, de su propio bolsillo, le pagaba a los afectados por llevarse los materiales hechos pedazos de los que no querían desprenderse. Comprensible, pues para muchos, aquellas ruinas eran lo único que quedaba de su patrimonio.

Una vez acumulado lo necesario, Chaca empezó a trabajar en su taller que se encuentra entre la espesa vegetación oaxaqueña. Con pedazos de vigas y otros fragmentos de las casas que terminaron en añicos, creó figuras como mujeres, animales, lunas y, sobre todo, cráneos humanos. Las calaveras poseen un significado particular. Son representaciones directas de los fallecidos. Éstas se encuentran en la parte superior de pedestales que se levantan en espiral. Como si fueran una ofrenda. Esta representación de la muerte nos ayuda a entender el por qué las esculturas fueron englobadas con el título de Tzompantli. En tiempos de los aztecas, el tzompantli era el altar en el que se exhibían los cráneos de las personas sacrificadas con el objetivo de honrar a los dioses.

Escultura de la serie Tzompantli. Foto: Página 3

La colección de esculturas, que Chaca concluyó este 2019, consta de cincuenta piezas medianas y doce monumentales (que alcanzan los tres metros). Y aunque ahora se trata de obras de arte, la transformación de los escombros no fue total. Según el artista plástico, dejó vestigios que permiten entrever la procedencia de los materiales. Todavía es apreciable, por ejemplo, que la base de una de las esculturas es un horcón cuya función era sostener la viga de una casa que ya tenía un siglo de edad.

CICLOS ETERNOS

Juchitán es un lugar que tiene muy presente su raigambre prehispánica. Su celebración del Día de Muertos se distingue de otras que tienen lugar en México. Su duración se extiende por días. Los vivos permanecen en sus casas en lugar de acudir a los panteones: son los fallecidos los que acuden a visitar a sus seres queridos. La reverencia que se le tiene a los muertos en el pueblo oaxaqueño es, pues, un asunto vital. Tales costumbres han permeado en el trabajo de Víctor Chaca.

Sobre sus esculturas y su conexión con la tradición indígena, el escritor e historiador Víctor Cata comentó, para la revista Proceso, lo siguiente: “El Tzompantli de Víctor Cha'ca es una piedra de sol que nos habla de los ciclos eternos del existir. En el mito de la creación del quinto sol, el ser humano existe gracias a los huesos traídos de la región oscura. Asimismo, entre los escombros de las casas centenarias brotó la vida; del corazón caído del chicozapote, el Tepehuaje y el granadillo surgió no un nuevo ser, sino cincuenta nuevas obras. El Tzompantli de Víctor Chaca es un libro labrado que documenta el fin y el nacimiento de un ciclo: calavera que nos mira desde una estaca torneada”.

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