Dibujemos tiempo
Arte

Dibujemos tiempo

Comunicar lo que se vive

Es bien sabido que en estos tiempos todo es inmediato, todo está a la mano, dispuesto a nuestras necesidades. O eso se cree. Parece tarea titánica encontrar sentido a lo que hacemos porque todo pasa muy rápido, nada nos da tiempo a detenernos y contemplar. Contemplar, eso básico en el dibujo.

Veámoslo de esta manera, un individuo que intenta encontrar algo que no sabe qué es, se le ocurre entrar a un curso de dibujo, porque siempre le ha llamado la atención por alguna razón, y cree que es un poco hábil en el asunto. Pide la lista de materiales, va a la papelería más cercana y compra lo necesario. Llega a su primer día de clase, teniendo un ideal del dibujo concebido desde su novel perspectiva del arte.

Lo primero que le dice el maestro es que no le va a enseñar a dibujar, que va a aprender solo conforme vaya practicando. Se piensa entonces que es un fraude, porque si pagó un curso de dibujo es para que se le diga cómo hacer algo. Lo que se necesita es saber cómo hacer un ojo, una nariz, una oreja y, poco a poco, formar un rostro. Eso es lo que debe dar el maestro, la fórmula, el secreto. Es urgente en ese instante. Eso es aprender a dibujar, ¿o no?

Según Kimon Nicolaides (profesor de arte, autor y artista griego estadounidense):Sólo hay una forma correcta de aprender a dibujar y es de la forma natural. No tiene nada que ver con el artificio o técnica. No tiene nada que ver con la estética o concepción. Tiene que ver con el acto de la observación correcta, y con esto quiero decir un contacto físico con toda clase de objetos a través de todos los sentidos. Si un alumno falta a este paso y no lo practica, por lo menos durante sus primeros cinco años, ha perdido la mayor parte de su tiempo. Debe regresar y comenzar de nuevo”. Precisamente esta forma de ver el dibujo va en dirección contraria a lo entendido en esta época.



Foto: salaprender.blogspot.com

Con esto no se intenta definir lo que es dibujar, mucho menos explicar qué es hacer arte. Tal vez la clave está en entender el arte desde un trabajo indefinible. No tiene un objetivo en el tiempo, no hay fecha que cumplir, por lo tanto es una tarea que nunca termina. Pero que no tenga un límite, no quiere decir que no pueda tener sentido, y eso es lo más difícil de conseguir en una sociedad en la que todo debe tener definición, todo tiene que servir para algo o tener una finalidad, y pocas cosas tienen importancia.


DIBUJAR DESDE LA BASE PRIMORDIAL

Sigamos con el caso. El individuo decide seguir en clase, a pesar de no saber muy bien por qué, hace dibujos y quiere que queden perfectos a la primera. Llega una frustración, después otra, al punto de querer rendirse. Sigue en su mente el que todo debe ser útil, viendo al dibujo como algo que sirve para decorar, obtener dinero, ligar, y obviamente, todas esas cosas de artistas que salen en las películas.

Existen miles de videos, tutoriales, libros que explican cómo hacer las cosas. Imponiendo reglas de lo que se debe y no hacer. Hay que tener cuidado al seguir este tipo de consejos y entender que si alguien dice los pasos para hacer el dibujo perfecto, esa perfección es sumamente subjetiva y a lo que se puede llegar es a hacer las cosas exactamente como esa persona lo indicó.

Lo que propone Nicolaides es dejar toda pretensión atrás, dibujar desde su base más primordial. Como cuando en la infancia se aprende a hablar. No se espera adquirir un lenguaje de clase alta, ni en escribir un libro, ni tener todos los beneficios de un literato con éxito. El único propósito de aprender a hablar es comunicarse. Lo mismo con el dibujo. “El hombre puede hacer sólo las reglas, no puede hacer las leyes de la naturaleza. Es la comprensión de estas leyes lo que permite a un estudiante dibujar. La dificultad al dibujar no será nunca una falta de capacidad, pero sí una falta de entendimiento de la naturaleza.”



La máquina de mi madre. Foto: Dibujo de Estela Ramos Martínez

Comprendamos entonces que, si estamos aprendiendo, nuestro producto final no tiene que ser bello según los estándares comunes. Incluso debemos de hacer caso omiso a todos aquellos comentarios de personas ajenas al arte, por mucho cariño que les tengamos y reconocimiento que queramos de ellas. Con el tiempo se les va a olvidar.

Entonces, si empezamos a dibujar objetos con propósitos básicos, intentando un acercamiento con cada cosa que dibujemos, cada trazo va a tener un valor único e irrepetible. Poco a poco, el trabajo empieza a tomar sentido y preguntas como “¿Puedo utilizar cuadrícula? ¿Cómo le hago para mejorar mis proporciones?” con el tiempo y la práctica dejan de existir.

¿Tiene caso dibujar los zapatos de Van Gogh, o de Magritte? Además de estar copiando una imagen, es hacer lo que ya está hecho y a una menor calidad. ¿Por qué no empezar por los propios zapatos? Ver las manchas por el uso, tocarlos, sentir como cambia su textura del plástico a la tela, si están ligeros o pesados, soltarlos, ver como caen, y sobre todo, olerlos. De esta forma el dibujo que podamos realizar, será mucho más significativo que hacer una reproducción.

Si lo que se intenta ejecutar es una réplica, se está compitiendo contra una fotografía. Y con la actual tecnología, resulta prácticamente imposible hacerle frente. Nuestro papel como un dispositivo reproductor de la realidad quedó atrás hace tiempo. En lugar de deprimirse y sentirse obsoleto, el artista puede tomar esto como una gran ventaja y empezar a contar historias personales sin presión de que un dibujo quede realista.

Se puede empezar con cosas sencillas que cuenten algo: el cubo Rubik que te regaló tu tía, el llavero que compraste en tu primer viaje, el reloj que te regaló alguien especial, el baúl donde guardas las cosas raras que te encuentras, el tablero de ajedrez que tanto usas, el libro que te obsequió el ser amado. De ese modo se le encontrará significado a los objetos y cada uno dice algo que no puede ser contado a la ligera.



Teatro Daumier. Foto: Cortesía de Miguel Sifuentes

LA COMPOSICIÓN

Con el tiempo y entendiendo la razón de ser de cada objeto que dibujamos, se explora el campo de la composición. Los dibujos cada vez su complejidad y cada vez dicen cosas más precisas. Podría existir el miedo a decir más de lo que estamos dispuestos a que conozcan los demás, pero si el dibujo es un intento de comunicarse, de nada sirve tenerlo guardado y tenerle temor. Con la práctica se pueden llegar a entender mejor nuestras paradojas internas y estar a gusto con ellas. Por eso se llaman exposiciones de arte, uno se expone ante otros.

Cabe aclarar que, como es comunicación, el dibujo puede llegar a servir para mucho: mandar mensajes, terapia, relajarse, ganar dinero. Lo que no podemos hacer es pretender controlarlo a nuestro antojo, porque a veces el mensaje no se interpreta como planeamos, nos enferma en lugar de sanarnos, nos estresa en lugar de relajarnos y posiblemente no lo podamos vender. Se hace y se deja libre. Que sea lo que tenga que ser.

Intentemos ver el dibujo como una experiencia de vida. Todos tenemos cosas que contar, los trazos hablan por nosotros. Si intentamos retomar su esencia misma, tal vez nos podamos entender mejor a nosotros mismos. Si aprendemos que el dibujo es un medio de comunicar lo que vivimos, y sólo se vive mientras no se nos acabe el tiempo: dibujemos siempre, todos los días, continuamente. Dibujemos pensamientos, valores, sueños, conocimientos, filosofías. Hagamos las cosas sin perder el tiempo, antes que este nos pierda a nosotros.

Una vez le preguntaron a Mark Rothko (pintor estadounidense de origen letón) cuánto tiempo le llevaba hacer una de sus obras. Respondió: Toda la vida.

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